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Capítulo XIV: Segunda Parte

Samantha Waldorf miércoles, 30 de noviembre de 2011
возрождение

XIV

Primera Parte


7 de Julio del 2008. 03:45 hs. New York, USA.


Comenzó a caminar por un pasillo oscuro. Era largo y a medida que avanzaba parecía que estaba atascada en el mismo lugar. Detrás de ella escuchó un grito y asustada, comenzó a correr. Había una luz al final del pasillo y ya cuando estaba llegando, este mostró dos puertas. Cassie se paró allí, indecisa por no saber que camino tomar y escuchando como los gritos se acercaban más y más a ella.

-Cassie. - Vio que en una de las puertas se encontraba Gerard vestido absolutamente de blanco y en todo su esplendor.

Sonrió y estuvo a punto de cruzar por esa puerta cuando escuchó su nombre siendo llamado por otra voz. Dio media vuelta y vio a su ex novio parado en la puerta opuesta; pero al contrario de Gerard, él estaba vestido de negro.

- Elígeme a mí. - Dijo con una sonrisa. - Y todo volverá a ser como antes.



Y se despertó, como si el destino no la hubiera dejado tomar la decisión de cual puerta tomar. Había pasado sólo una hora de que sus lágrimas se habían secado y cayó dormida. La luna ahora era la dueña del firmamento. Suspiró preguntándose cómo había vuelto él a sus pensamientos. Pensó que con Gerard había superado a aquel hombre de ojos azules, pero nuevamente volvió a atormentar su vida.

¿Es qué estaba destinada a salir y entrar en relaciones autodestructivas por el resto de su vida?

Es así, al principio todos se muestran encantadores, cómo aquél príncipe montado al caballo blanco que rescata a la princesa de las garras del dragón. Pero la realidad es que aquellos príncipes son los dragones disfrazados. Suspiró recordando como conoció a aquel hombre que le quitó el sueño y le hizo creer que por primera vez en su vida, podía ser realmente feliz.



Sus diecisiete años recién cumplidos dejaban a ver a una mujer hermosa en pleno crecimiento. Era una de las porristas de su colegio lo que significaba que podía tener al hombre que quisiera, pero sólo le interesaba uno.

Lo vio por primera vez en el supermercado. Su abuela le pidió que comprara más tomates para hacer una ensalada y un poco de sal. De mala gana, dejó el cómodo sillón en el que estaba sentada viendo su serie favorita e insultando por lo bajo a su abuela, salió por la puerta. El verano se estaba haciendo sentir y el pavimento de las aceras de Brooklyn parecían ser hornallas bajo sus pies.

Entró al supermercado y saludó a Chung Yun, el dueño del supermercado coreano de la vuelta de su casa. Por inercia se dirigió al pasillo de aperitivos y condimentos, había ido tantas veces a ese lugar que ya conocía hasta que marca estaba en cada estante. Cuando fue a tomar el paquete de sal, casi como si fuera una escena de una película romántica, un hombre tomó la misma. Sus miradas se conectaron y Cassie sonrió al ver quien la había tomado. Sus ojos azules refulgían con fulgor, y llevaba su cabello castaño oscuro despeinado, como si recién se levantara. Parecía alguien de alrededor de 25 años, pero no superaba eso.

- Lo siento. - Dijo él tomando otro paquete de sa
- Descuida. - Contestó Cassie con una sonrisa. - Hay mucha sal en el supermercado. Soy Cassie Cornell. - Dijo extendiéndole la mano.

Presentarse frente a un guapo desconocido no era algo que le fuera extraño. Cassie estaba en esa etapa donde sólo le interesaban los chicos, salir con sus amigas y emborracharse los sábados a la noche. No se avergonzaba como las demás chicas de su edad que encontrarían inapropiado esa conducta. Él sólo sonrió adivinando las intenciones de la adolescente.

- Max Wellinger.



Así comenzó todo. La compra de tomates y sal se extendió a más de dos horas, en las que ella se la pasó hablando con ese viejo desconocido que entró a su vida. Le contó que trabajaba en un taller mecánico cerca de allí, que vivía solo ya que no tenía familia y que tenía 27 años. Cassie se asombró cuando Max le dijo la cifra, pero no dijo nada. Sólo eran 10 años, ¿no? ¿Qué problema había que alguien como ella flirtee con un hombre de 27 años? Así que ella sólo asintió y le dijo su verdadera edad.

La sonrisa de Max se extendió y le dijo que no quería que ella pensara que él era un pervertido, pero que le parecía muy hermosa y madura para tener 17 años. De esa forma Cassie cayó a sus pies.

Intercambiaron números, y durante varias semanas se enviaron mensajes de texto. Primero, conociéndose el uno al otro pero luego algunas preguntas inocentes comenzaron a tornarse un poco atrevidas.

- Cass, ten cuidado. – Le dijo su mejor amiga Deb cuando le contó que ese día se juntaría con Max en su apartamento. – Es mucho más grande que tú y no sabes sus verdaderas intenciones.
- Sé exactamente lo que hago Debora.

Pero en esa época Cassie no sabía lo que hacía. Esa tarde, al contrario de lo que pensó, no sucedió ni siquiera un beso. Se sentaron ambos, en el sillón de su departamento con un balde de pochochos y vieron la maratón de los Simpsons que pasaron esa noche en la televisión donde las risas abundaron. Nada más, y eso era justo lo que Cassie necesitaba.

Poco a poco Max se fue convirtiendo en esa idealización de príncipe azúl que toda chica quiere. Con él podía pasar horas y horas hablando sobre temas que le parecerían irrelevante a los demás y un mensaje deseándole buenas noches siempre llegaba a su celular. La edad parecía no importarles. Eran sólo dos personas que compartían un sentimiento.

Pero lo que sí jugó un papel muy importante fue la fuerte atracción que sentían el uno por el otro. Por lo que, bajo la luna de una noche de otoño sellaron su relación de la forma más hermosa en la que lo pueden hacer dos personas que se aman

Todos tenemos nuestro lado oscuro, algunos lo muestran más que otros, pero en algún momento de nuestra vida sale a la luz. Su relación era perfecta, pero el lado oscuro de Max comenzó a eclipsar la brillantez de los momentos que pasaban juntos. De repente, todas las risas y sonrisas fueron reemplazadas por lágrimas y gritos. La actitud extremadamente celosa y obsesiva de Max terminó por enterrar y terminar para siempre su relación.

- Te amo Max, pero no puedo seguir así. No es bueno para ninguno de los dos. - Gritó Cassie con lágrimas en los ojos.

Max no la miraba, por fin se había dado cuenta de lo enferma que se estaba volviendo la relación, y todo por su culpa. Cassie no se merecía alguien que la tratara de esa manera. Jamás había amado así y no soportaba lastimarla. La dejaría ir aunque le fuera muy difícil.

- Espero que seas feliz y que puedas tener con alguien todo lo que yo no pude darte.

Cassie no dijo nada y sólo se retiró de su departamento. Así terminó todo y jamás volvió a saber de él, por esa razón se sorprendió tanto de que Max volviera a sus pensamientos luego de tanto tiempo. También fue la última relación que tuvo, hasta que Gerard llegó a su vida.

Gerard y Max eran demasiado parecidos. Ambos eran perseguidos por los demonios de su pasado que no los dejaban en paz porque él es quien nos convierte en quien somos hoy. La oscuridad de su mente no dejaba que sus brillantes almas muestren toda su luz.

Ambos serán los dos únicos hombres que amará de verdad, pero no podía seguir en el pasado. Debía levantar la cabeza y seguir adelante, porque estaba segura de que el futuro le traería algo mejor a su vida.

Pero el destino tenía pensado devolverle el pasado. 

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