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Capítulo XII.

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011

возрождение

XII

06 de Julio del 2008. 03:27 hs. Nueva York.


Despertó, pero le fue imposible abrir sus ojos. Sentía fuertes pinchazos en su cabeza como si alguien le estuviera martillando su cerebro desde adentro. Escuchaba voces, pero eran demasiado lejanas. No podía distinguir que decían exactamente.

Vagamente recordó lo que le sucedió hacía unos minutos. Recordaba la droga entrando en su nariz, y el ataque de furia que sintió luego. Recordó haber estado tirado en el piso, desangrándose.

Poco a poco comenzó a recobrar sus sentidos y distinguió la voz de Frank. “Está despertando”. ¿Quién está despertando? ¿Él? A su cabeza volvió la imagen de su amigo mirándolo fijamente al lado de la puerta de su baño. 

Finalmente, después de mucho esfuerzo abrió los ojos y vio una luz tenue que provenía desde la puerta de la habitación. Se encontraba recostado en una cama amplia. No pudo ver mucho más, los ojos le ardían y sentía los músculos de su cuerpo entumecidos. 

- Es normal que se encuentre así, tú también estabas desorientado cuando te convertiste. - Una voz masculina que no era la de Frank, parecía hablarle a alguien más. La conocía, pero aún estaba bastante cansado mentalmente como para pensar. - Gerard, hijo. ¿Me escuchas?
- Si. - Murmuró Gerard.

Llegó a la conclusión de que no estaba muerto. La muerte no era tan dolorosa, alguien debe haberlo salvarlo antes de que se desangrara completamente.

- Escúchame, ¿puedes caminar? - Volvió a hablarle esa voz y enfocó sus ojos en el rostro del hombre.
- ¿Cheech? 
- Si Gerard, somos Cheech y Frank. Escúchame, ¿puedes pararte? - Cheech parecía nervioso, como si estuviera apurado. 
- ¿Dónde estoy? - Preguntó el joven, recuperando de a poco la lucidez. Se incorporó lentamente en la cama e hizo sonar los huesos de su espalda retorciendo su cuello. La presión de su cabeza poco a poco iba desapareciendo. Él enfocó su mirada en su amigo. - Frank, ¿qué rayos sucedió? 
- No podemos decirte nada. Debemos encontrarnos con alguien, - Cheech tomó la voz de mando, justo cuando Frank estaba por contestar. - pero dime primero. ¿Puedes caminar? 
- Eso creo. - Murmuró Gerard confundido. 

Sorpresivamente, un hombre de cabellos rubios abrió la puerta alegando que “Anastasia y los demás están esperando” pero se quedó mirando a Gerard como si estuviera viendo a la reencarnación de Lennon. Frank se dirigió a él con un “Gracias Nathaniel”. 

¿Nathaniel? El hombre de ojos rojos de su sueño nombró a un “Nathaniel”. Esto le parecía cada vez más raro. 

Frank y Cheech tomaron a Gerard por los brazos para ayudarlo a incorporarse, pero tenía fuerzas, así que salió de la habitación caminando. Quiso atreverse a preguntar que rayos estaba sucediendo, pero no se arriesgó. Cheech le dijo que no podían decirle nada. 

En su mente, imaginó que todo este rollo de haber resucitado milagrosamente era producto de una muy bien organizada broma de MTV y que en cualquier momento Ashton Kutcher saldría diciendo que salude a la cámara de Punk’D. Pero cuando entró a la habitación al final de largo pasillo, todas esas ilusiones se fueron a la mierda.

Era un amplio salón, con una decoración gótica. Las gárgolas que se posaban encima de los pilares y los pisos de mármol con extraños dibujos en el suelo, podrían haber hecho que ese lugar sea la copia exacta de Basílica de San Pedro. Pero hubo un detalle que le llamó la atención. Los vitrales que estaban en las paredes, no eran la imagen de los típicos santos o vírgenes que se encuentran en una iglesia común. Eran un estilo de logo, una flor de Liz de color azul, con una estrella de seis puntas en el fondo. A ese símbolo lo había visto una vez en un anillo de su padre que, según lo que le había dicho, era una “reliquia de la familia”. 

Sintió un escalofrío. Aquello no debía ser nada bueno. El echo que debía estar muerto en estos momentos y que ahora estaba caminando por un pasillo que daba miedo con su mejor amigo, su padre y un tipo que había sido nombrado por un psicópata de ojos rojos que lo había querido matar en su sueño... no le daba muy buena espina. 

Ashton, ¿Cuándo vas a aparecer? Esto no es gracioso” Susurró en su mente, mientras un escalofrío le recorría la espalda al dirigir su mirada al centro de la habitación. No estaban solos. 

Sentada en un trono, al parecer de madera con algunos detalles en oro y piedras preciosas, se encontraba una mujer que no sobrepasaba los veinte años. Estaba enteramente vestida de negro, haciendo resaltar el pálido de su piel y su pelo rubio que era tan claro que casi alcanzaba el color blanco. Tenía una belleza exótica, y algo tenebrosa. A su lado se encontraban dos señores mayores, ambos con el pelo blanco por las canas y sus caras llenas de arrugas. 

- Anastasia, Edmond, Erminie – Saludaron Cheech y Frank, haciendo una reverencia a los mencionados.

Gerard sintió la mirada de los tres, encima de él, como si fuera la principal atracción de un circo. Quiso hablar, pero la situación le daba un poco de miedo. Le dolía demasiado el cuerpo, pero la curiosidad por saber que estaba sucediendo lo estaba carcomiendo. Necesitaba una cama. 

Los ancianos se levantaron de sus asientos y se acercaron a Gerard a una velocidad sobrehumana, que lo hizo saltar en el lugar. 

- Aún conserva sus reflejos y reacciones humanas Anastasia, debemos corregir eso… - murmuraron ellos tomándolo de la barbilla, para observar mejor su rostro desde todos los ángulos posibles. – Pero… es él, no hay ninguna duda. ¿Ya probó sangre? 

Gerard abrió exageradamente los ojos. El júbilo en la habitación era palpable, pero Gerard estaba confundido. ¿Sangre? ¿Aún conservaba los reflejos y las reacciones humanas? ¡Pero si él era uno!

- No, no completó su transformación aún. 

Gerard observó con el seño fruncido a su amigo. 

- Veo que Frank y Cheech no te han dicho nada aún. – Le habló Anastasia, aún en su lugar.
- Creímos que lo correcto serías que tú le explicaras. – Se excusó rápidamente Cheech.
- Está bien. Primero que todo, bienvenido a la sede de los Voiny sveta de la Costa Este. Soy Anastasia Nikoláyevna Románova. Gran Duquesa de Rusia, hija de Nicolás II, último zar de Rusia. Mi familia fue asesinada en 1918 por fuerzas de la policía secreta bolchevique, durante la revolución rusa. La historia de mi huida es una leyenda urbana, y hubo muchas versiones. Varias personas me vieron cerca de los Montes Urales, otras tomando un tren en Perm. No voy a extenderme en el tema, lo único importante aquí es el hecho de que todavía sigo viva. Una de mis sirvientas y un soldado ruso en cubierto me rescataron a mí y a mi hermano Alexei de la muerte. Lamentablemente el resto de mi familia no corrió la misma suerte. 

Anastasia sonrió, notando el cambio en las facciones de Gerard. Minutos antes había estado observando a su amigo con el seño fruncido, ahora simplemente la observaba con los ojos muy abiertos. Se preguntó que estará pasando por su mente en esos momentos. 

- Como sabrás, mi familia tenía ‘sangre azul’, pero no por el hecho de ser de la realeza, sino porque somos la familia real de vampiros. – Anastasia notó como Gerard elevó sus cejas y escuchó como débilmente tragaba saliva. - Al tener en nuestro ADN genes vampíricos, este fue transmitiéndose de generación en generación. Sólo los Romanov tenemos ese gen en nuestros ADN, y si toda nuestra familia era asesinada, no habría más vampiros puros. Por eso se aseguraron de salvarnos a mí y a Alexei. Principalmente a él, que al ser varón, podía seguir procreando. En cambio yo no, las mujeres de la familia Romanov somos infértiles. Mi hermano fue llevado a USA, en plena época de emigración, así pasaba desapercibido. Acordamos acortar todo contacto existente entre nosotros dos, aminorando las probabilidades de que entrara en peligro. Hasta donde yo supe, él tuvo dos hijos varones.

Gerard aguardó silencio, esperando que Anastasia prosiguiera. 

- Los hijos de mi hermano debían ser hombres, ya que ellos podían procrear y así, poder transmitir los genes. Por décadas y décadas buscamos a los descendientes de mi hermano, hasta que por fin lo encontramos… uno de ellos eres tú.

Se produjo un silencio sepulcral, y todos observaron a Gerard esperando su reacción. Frank se sorprendió de que Gerard, en vez de refutar y negar que eso no podía ser posible, se mantuvo calmo, tratando de hacer encajar todo en su cabeza.

- ¿Qué? Pero si mi apellido es Way. Y mi bisabuelo vino de Escocia, no de Rusia. – Se excusó. Anastasia sonrió maternalmente. 
- Alexei quiso conservar su identidad y por eso se cambió el apellido.
- ¿Y mi hermano? ¿Él también es sangre azul?
- Sí, pero tú ‘poder’ es… mayor por ser hijo primogénito. – Gerard quedó inmóvil en su lugar, por lo que Anastasia volvió a tomar la palabra. – Tú ahora eres uno de nosotros, aunque tu transformación no se haya completado aún. Frank te convirtió. 
- No es posible. – Murmuró, peinando su cabello para atrás. 

Lo más triste es que… no le costaba para nada creer todo lo que estaba sucediendo. Las últimas palabras de Lindsey, ¡los sueños! Esos malditos sueños. ¿Eran acaso premoniciones? De repente las palabras de Anastasia lo golpearon muy fuerte. “Tu ahora eres uno de nosotros” Oh dios, su bilis se le atascó en la garganta. 

- Creo… Creo que iré a tomar un poco de aire. – Fue lo único que pudo decir, y salió corriendo por la puerta. Frank se 
- Déjalo. – Le ordenó Anastasia. – Un poco de tiempo para él le va a hacer bien. 



***


Corrió, corrió, corrió. ¿Por qué no se cansaba? Se estremeció cuando recordó el “sueño” que tuvo cuando estuvo inconciente. Se sentía igual, liviano como el polvo en el viento.

Tal como en su sueño.

Se detuvo, había llegado hasta la quinta avenida. Tomó aire fuertemente y se recostó contra una pared. No necesitaba tomar aire porque, ciertamente, su corazón ya no latía. Dirigió su mano a su pecho para ver si había una mínima posibilidad de que todo fuera un sueño. No, no pudo encontrar pulso. Intentó tomarse el pulso en sus muñecas o en su cuello, y nada. 

Era impresionante como su vida había cambiado en menos de un año. Antes de esa trágica noche de Septiembre, estaba seguro de que iba a pasar su vida al lado de Lindsey, con una prominente carrera como músico y dibujante de cómics por delante. Comprarían una casa en Los Ángeles e irían de vacaciones a Hawai todos los años. 

Ahora su vida había cambiado. Parecía sacada de un cuento de terror. ¿Cuál era su futuro ahora? Lo único que sabía era que no debía escapar más. Por dios, ¡es un hombre de treinta años! Los problemas no se solucionan por sí solos, hay que enfrentarlos. Volvería al lugar donde estaba… cuando encuentre el camino de regreso. 

Prendió un cigarrillo mientras observaba a la gente pasar. Una sonrisa se formó en su rostro cuando tomó la primera pitada, la nicotina todavía tenía esa sensación relajante sobre su cuerpo. 

La gente pasaba por su lado sin ni siquiera dedicarle una mirada. La ignorancia es bendición, pensó, pero no en este caso cuando un asesino en potencia estaba junto a su lado. Centró su atención y pudo escuchar, por encima del bullicio de la Quinta Avenida, los latidos de sus corazones. Se escuchaban en sintonía. 

Un ardor comenzó a extenderse por su garganta y el latido de las personas que pasaban a su lado comenzó a hacerse más y más audible. 

Oh no. 

No hacía mucho que se había convertido en uno de ellos, pero había leído suficiente literatura vampírica como para saber que esa era una señal para alejarte lo más lejos que puedas de toda vida humana existente. 

- ¡Gerard! ¿Por qué demonios te fuiste así? ¿Qué acaso no sabes lo mucho que me costó encontrarte? ¡Es un peligro que un recién convertido esté cerca de los humanos! – Frank se calló observándolo fijamente. – Oh dios. Gerard… tus ojos. Debemos irnos de aquí, rápido. 


***




La noche aún cubría los cielos New Yorkinos, algo muy extraño ya que estaban en verano y a esa hora los primeros rayos de sol comenzaban a asomarse entre los rascacielos. El camino de regreso fue silencioso, ninguno de los dos se dirigió la palabra. Ambos estaban sumidos en sus pensamientos.
- Estoy nervioso. – Gerard rompió el silencio mientras recorrían el pasillo principal de la sede, para encontrarse con los demás.
- No tienes por qué estarlo. No es tan malo después de todo. – El ojiverde hizo una mueca.

Ambos cruzaron la puerta y Gerard se preparó mentalmente para lo que le fueran a decir. Gerard aún sentía su cuerpo adolorido, pero pudo disimularlo bastante bien. Casi había olvidado el accidente del día anterior, pero por las miradas que Frank le dirigía podía ver que su amigo no lo iba a olvidar muy fácilmente. 

- Gerard, Frank. Que gusto verlos otra vez. – Pronunció Anastasia desde su trono.
- Gerard ya está preparado para escuchar el resto de la historia. – Gerard fulminó con la mirada a Frank, lo hizo sonar como un niño asustado. 
- Bien hijo, ¿qué quieres saber? 

Le resultaba gracioso como Anastasia lo trataba de ‘hijo’, ‘querido’, ‘cariño’. Físicamente él parecía mayor que ella, pero en realidad ella lo sobrepasaba de edad. 

- Todo. Primero cuéntame sobre la profecía de la que habló Frank.
- Creo que lo mejor va a ser comenzar por el principio.

Lilith fue la primera esposa de Adán, mucho antes que Eva. Ella fue creada al mismo tiempo que él, a imagen y semejanza de El Creador. Nunca hallaron la paz juntos ya que su feminismo la obligó a no obedecer las órdenes de sumisión de Adán. Según ella no era débil ni inferior a él, así que no tenía por qué obedecer. Cansada de que El Creador nunca atendiera sus plegaria decidió abandonar el paraíso, no sin antes invocarlo, algo que es imperdonable en la tradición judía. Pronunciar su nombre significaba un acto de soberbia y arrogancia, perdiendo el respeto y el cariño de El Creador. 

Ya lejos del paraíso se refugió a costados del Mar Rojo donde desató todo tipo de perversión acostándose con demonios, humanos. Finalmente contrajo matrimonio con Samael, - actualmente llamado Satanás – con el que contrajo un hijo. El primer vampiro de sangre pura, Raveh, que significa sediento en hebreo. Luego del nacimiento de su hijo, Lilith volvió al infierno junto a Satanás. Él no había deseado tener a Raveh, por lo que lo mantuvo en la Tierra, lejos del reino de las tinieblas.

Raveh vagó por la tierra por miles de años, viviendo los más grandes placeres al igual que su madre, hasta el año 1529 cuando conoce a la princesa Elena Vasílievna Glínskaya, de quien se enamora perdidamente. Vivieron su relación en secreto y a espaldas de su esposo, el Gran Príncipe Basilio III Ivanovich. Luego de unos meses, Basilio se enteró de la infidelidad de Elena, y junto con el ejército ruso asesinaron a Raveh, tomándolo de sorpresa.

Lo que nadie sabía era que Elena ya llevaba un hijo de Raveh en su vientre, Iván IV, más conocido como Iván el Terrible, que nació meses después.

Así la sangre de Raveh, el vampiro original corre por nuestras venas. Somos dvoryanstvo. Nunca envejecemos. 

- ¿Entonces yo soy un dvoryanstvo? – Preguntó Gerard, tomándolo con más calma de lo que había pensado.
- Exacto. – Luego Anastasia volvió a con su historia.

Lilith, luego de la muerte de Raveh volvió a la Tierra, enojada por el destino que había tenido su hijo. Satanás no la detuvo, pues estaba cansado de su comportamiento rebelde. Lilith comenzó a asesinar a cada uno de los que habían matado a su hijo, incluyendo al Gran Príncipe Basilio. No contenta con eso, comenzó un genocidio masivo en la Rusia Imperial, extendiéndose hasta Europa del este. Era invencible. 

Lo que nadie sabía era que… años antes, varios vampiros que fueron convertidos por Raveh, crearon una “orden” en la que le juraron lealtad: los Voiny sveta. Raveh antes de morir les pidió que, pase lo que pase, protejan a Elena y a su hijo, a los humanos y mantengan la existencia de los vampiros en secreto. Ellos entendían el porqué de Lilith para vengarse, pero no podían dejar que atacara a la especie humana de esa manera, entonces decidieron tomar cartas en el asunto. 

Una mañana, emboscaron a Lilith en Bucarest, donde seguía con su exterminio. Después de una gran batalla donde la mayoría de los caballeros originales fallecieron, la encerraron en una tumba bajo un conjuro. Esta tumba sólo podía ser abierta por la sangre de alguien de su misma especie: un solnechnyĭ svet. 

Pero los caballeros no contaban con que esto llegaría a oídos de un joven vampiro, Caleb, quien había sido cómplice y amante de Lilith durante la matanza. Lo único que él quería era recuperar a Lilith, y seguir con la matanza que ella había comenzado. Entonces Caleb decidió crear una orden: los Blut Mitternatch. En ese momento, el destino del universo cambió, y fue escrita una profecía que anuncia una guerra final entre vampiros. 


Dos milenios y una década luego de la venida del elegido.
Las hojas de otoño caerán manchadas de sangre.
Gritos ensordecedores asustarán a los niños y el infierno en la tierra se hará ver.
Lo imposible, es posible. Lo irreal, real.
Raveh fue el primero, pero será traicionado, por sus propios hijos.
El vampiro luchará contra el vampiro, hermanos contra hermanos.
El humano será tomado como carne, y carne será.
Su fin ha llegado.
Y el deseo de lo prohibido decidirá su destino.
Pero un rayo de luz cubrirá la medianoche, y solo ella podrá acabar con las tinieblas.

- ¿Qué significa esa profecía? – Preguntó Gerard empezando a entender todo.
- Esa profecía la encontramos en las Antiguas Escrituras, un papiro escrito en arameo. En las Antiguas Escrituras también sale un pequeño relato sobre una ‘gran batalla mítica que incluirá a todos los vampiros por la liberación de Lilith, algunos a favor, otros en contra’.

Pero para liberar a Lilith, la tumba debe ser abierta por otro solnechnyĭ svet. Verás, él es un vampiro-humano creado al mismo tiempo que Lilith. Estuvo esperando mucho tiempo en el limbo, hasta que llegó a la Tierra en forma de un bebé común y corriente. Actualmente es un humano, que come, respira y cuyo corazón late. Pero debe ser convertido por uno de nosotros para que llegue a su máxima evolución.

En las Antiguas Escrituras salían unos pequeños fragmentos donde se decían algunas características de solnechnyĭ svet, y entre una de ellas era que sólo un dvoryanstvo o integrante de la familia real, de sexo masculino podría reconocerlo. Por años y años los Blut Mitternatch y nosotros, los Voiny sveta luchamos para encontrar los descendientes de Alexei. Uno de ellos es Max Wellinger, y está de parte de los Blut Mitternatch. El otro eres tú. - Anastasia suspiró. - Sé que es duro de entender y mucha información para un solo día, pero prometo que con el correr del tiempo entenderás mucho más.
- Está bien. - contestó Gerard. - ¿Pero como la identifico?
- Ese es el problema. Nadie sabe como. Es algo que tu sentirás y deberás saber. Debemos encontrarla antes de que se acabe el tiempo. Están entrenándolo desde hace varios meses, por lo que debemos apurarnos. Si ellos encuentran primero al solnechnyi svet, caería en malas manos y quien sabe cual sería el nivel de destrucción.
- Por eso necesitamos tu ayuda Gerard. - interrumpió Frank. - Tú eres nuestra única esperanza.
- Veo un gran espíritu en ti Gerard. Eres un hombre leal, después de todo, llevas sangre Romanov en tus venas. ¿Contamos contigo?
Recordó las palabras de Lindsey, cuando ella se despidió en su sueño. “Lo único que tengo para decirte es que aceptes tu destino y quién eres Gerard.” “Tu lugar está en la Tierra cariño. Aún te falta mucho por hacer. Sigue tu corazón y no me defraudes.” ¿A eso se refería? Él seguiría su destino, después de todo no iba a dejar que la raza humana se extinguiera. De repente la adrenalina cruzó su cuerpo. Claro que iba a hacerlo, era como estar dentro de un videojuego.
- Cuenten conmigo. - Respondió él con una sonrisa.



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