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V
Segunda Parte.
22 de Febrero del 2008. Buenos Aires, Argentina. 01:45 hs.
El tour había comenzado hacía algunos días, ahora le tocaba a Sudamérica. Era la primera vez que ellos tocaban en este continente, famoso por la pasión de su público en los conciertos de Rock.
Hacía unas horas habían terminado de tocar en Buenos Aires. Su cuerpo le dolía por el ejercicio que suponía cada concierto, era como hacer tres series de quinientos abdominales sin parar un segundo. O tal vez porque su estado físico no era el mismo de antes, las drogas lo habían arruinado. Si, desde esa navidad que había probado el placer de volver a drogarse lo había echo cada noche en la que sentía el vacío en el lado derecho de su cama. O cuando los recuerdos volvían a abordarlo.
Se encontraba sentado en el asiento de la van que los iba a trasladar desde el estadio hasta el hotel, con los auriculares puestos. Su pierna se movía frenéticamente marcando un ritmo algo acelerado, y sus dientes mordisqueaban sus uñas. Hacía días que no consumía porque en esta parte del tour, le tocó compartir habitación con su hermano, que vale recalcar, tiene el sueño muy liviano. No podía encontrar ni siquiera unos minutos porque Mikey lo notaría, por eso aprovecharía esta noche mientras él duerme. Iría al baño como lo haría cualquier persona y allí se drogaría después de varios días. Estaba nervioso, lo notaba él y sus compañeros que ahora lo observaban atentamente sin que él se diera cuenta.
- Gerard está raro. – susurró Ray en voz baja, cuidando de que su amigo no lo escuchara. Todos se dieron vuelta sistemáticamente y volvieron a su posición.
- Lo entiendo, es decir, no sé como reaccionaría yo si le pasara algo a Alicia. He intentado hablar con él pero es algo imposible, se cierra en su mundo. Nuestra relación ya no es como era antes, ahora parecemos completos extraños. – Murmuró Mikey con el seño fruncido, en sus facciones se notaba la preocupación por su hermano.
- Con ninguno la relación es la misma. Desde que recibió esa foto, estuvo como perdido, no lo sé. – Dijo Frank. La van se quedó en completo silencio por unos segundos cuando James Dewees volvió a abordar el tema.
- ¿Cómo reaccionó cuando recibió esa foto? Debe haber sido terrible para él.
- Fue horrible. No estaba con él cuando la vio, pero la voz que tenía cuando me llamó fue lo peor que había escuchado en mi vida. Aún se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo, estaba desesperado.
- Lo peor es que nadie sabe quien asesinó a Lindsey, no hay pruebas suficientes para comprobarlo. – Frank enderezó su postura imperceptiblemente cuando Bob se sumó a la conversación.
Claro que alguien sabía, él lo sabía, toda la orden lo sabía. Pero era algo demasiado complicado para que los humanos comunes y corrientes lo entendieran. Los Blut Mitternatch no volvieron a aparecer pero… siempre existe la calma que antecede al huracán. Tampoco había noticias nuevas sobre el dvoryanstvo. Anastasia estaba que reventaba del stress y no había forma de poder ayudarla. Estaban intentando con un vampiro rastreador, que se encarga de encontrar a una persona según su olor característico o el de su sangre, pero con la sangre de Anastasia no podrían hacer mucho. El tiempo se acababa y aún no tenían una respuesta.
- ¿No estará drogándose, verdad? – Preguntó Ray observando a Gerard que ahora buscaba una canción en su iPod. Frank tragó saliva y todos se dedicaron a examinarlo. Un silencio sepulcral cubrió el automóvil y todos compartieron una mirada casi de sorpresa, ninguno había sopesado esa posibilidad.
- No lo sé, está tan extraño. – Agregó James. – No es el Gerard que yo conocí, pareciera que fuera otra persona en su cuerpo. Además está muy desmejorado, mira las ojeras que tiene.
- No quiero ni pensarlo. – Murmuró Mikey abatido. – Pensé que había dejado atrás ese problema, Lindsey lo sacó de allí y espero que sea lo suficientemente inteligente como para no volver a hacerlo.
- Pero Lindsey ya no está. – Frank tenía un tono algo sombrío cuando pronunciaba estas palabras. – Y él haría cualquier cosa para poder olvidar lo que conlleva eso, aunque sea por unos minutos.
- Debería estar atento esta noche. – Prosiguió Mikey. – Oh Dios, sólo espero que estemos equivocados.
***
Gerard aún tenía sus auriculares puestos, pero esta vez se encontraba en su cama del hotel. Podía escuchar los ronquidos de su hermano aún con la música tan alta. Era el momento perfecto.
Se dirigió sigilosamente al baño de su habitación, y cuando ya estuvo seguro, rebuscó entre los bolsillos de sus pijamas para dar con su bolsita de cocaína. La dividió en dos pequeñas hileras cortas, pero debería descansar antes de consumir la segunda.
Una línea.
Dos líneas.
Y se sentía como nuevo. Se volvió una necesidad, más que una adicción. Necesitaba ese aire puro que entraba a sus pulmones cada vez que aspiraba, y esa sensación de tener la cara inmovilizada. Necesitaba sentirse libres del dolor y el sufrimiento. Había ansiado por tantos días este momento que no le molestó que la puerta se abriera de un momento a otro.
Abrió sus ojos y divisó con la vista algo nublada a Mikey que gritaba algo que no entendía, a Ray observándolo con los ojos desorbitados y a Frank asomarse por detrás del hombro de Ray, mirándolo con decepción. Mikey dirigió la mirada a su mano, donde tenía la bolsita con restos de cocaína.
- ¡Lo sabía! – Gritó Ray tomándose la cabeza. – Maldita sea Gerard, ¡yo lo sabía!
- ¡Suelta eso! – Gritó Frank arrancándole la bolsita de la mano. Su hermano estaba como paralizado en la puerta del baño, con la mirada fija en el suelo.
- Lo siento. – Murmuró Gerard tomándose la cabeza y apoyándose en la pared. Ahora el suelo daba vueltas y sentía como las paredes se iban achicando cada vez más.
- ¿Lo sientes? ¿En serio? No me hagas reír Gerard. – Gritó Mikey indignado. – Estuviste luchando contra esto durante dos años Gerard. DOS AÑOS. ¿Tienes idea de eso? Lindsey te ayudó a dejarlo, ¿así es como le pagas? ¿Así es como nos pagas a nosotros?
Gerard levantó la vista, tenía los ojos desorbitados. Lo tomó a su hermano menor de las solapas de la camisa y lo aventó contra una pared. Sus ojos verdes estaban fríos, no demostraban ningún sentimiento. Podían sentirse sus dientes rechinando de la rabia, y las venas de su cuello se tornaron visibles por la fuerza que estaba ejerciendo para levantar a su hermano por el aire.
- ¿Y donde estuvieron cuando los necesité? ¿Dónde estuvieron cuando no podía mas del dolor? Lindsey me ayudó hace unos años pero ella ya no está ahora. No voy a dejar que nadie me ayude esta vez. Si tengo que morir, lo voy a hacer.
Gerard lo soltó y dejó la habitación no sin antes pegar un portazo. Mikey se había quedado mirando a un punto fijo mientras las lágrimas amenazaban con salir. Todos quedaron sorprendidos ante su reacción pero Frank se acercó a su amigo que había comenzado a llorar y lo abrazó para tranquilizarlo.
- Tranquilo Mikey, no sabe lo que dice. Está drogado. – Murmuró observando la puerta donde segundos antes Gerard había desaparecido.

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