Archives

0

Capítulo XIV: Segunda Parte

Samantha Waldorf miércoles, 30 de noviembre de 2011
возрождение

XIV

Primera Parte


7 de Julio del 2008. 03:45 hs. New York, USA.


Comenzó a caminar por un pasillo oscuro. Era largo y a medida que avanzaba parecía que estaba atascada en el mismo lugar. Detrás de ella escuchó un grito y asustada, comenzó a correr. Había una luz al final del pasillo y ya cuando estaba llegando, este mostró dos puertas. Cassie se paró allí, indecisa por no saber que camino tomar y escuchando como los gritos se acercaban más y más a ella.

-Cassie. - Vio que en una de las puertas se encontraba Gerard vestido absolutamente de blanco y en todo su esplendor.

Sonrió y estuvo a punto de cruzar por esa puerta cuando escuchó su nombre siendo llamado por otra voz. Dio media vuelta y vio a su ex novio parado en la puerta opuesta; pero al contrario de Gerard, él estaba vestido de negro.

- Elígeme a mí. - Dijo con una sonrisa. - Y todo volverá a ser como antes.



Y se despertó, como si el destino no la hubiera dejado tomar la decisión de cual puerta tomar. Había pasado sólo una hora de que sus lágrimas se habían secado y cayó dormida. La luna ahora era la dueña del firmamento. Suspiró preguntándose cómo había vuelto él a sus pensamientos. Pensó que con Gerard había superado a aquel hombre de ojos azules, pero nuevamente volvió a atormentar su vida.

¿Es qué estaba destinada a salir y entrar en relaciones autodestructivas por el resto de su vida?

Es así, al principio todos se muestran encantadores, cómo aquél príncipe montado al caballo blanco que rescata a la princesa de las garras del dragón. Pero la realidad es que aquellos príncipes son los dragones disfrazados. Suspiró recordando como conoció a aquel hombre que le quitó el sueño y le hizo creer que por primera vez en su vida, podía ser realmente feliz.



Sus diecisiete años recién cumplidos dejaban a ver a una mujer hermosa en pleno crecimiento. Era una de las porristas de su colegio lo que significaba que podía tener al hombre que quisiera, pero sólo le interesaba uno.

Lo vio por primera vez en el supermercado. Su abuela le pidió que comprara más tomates para hacer una ensalada y un poco de sal. De mala gana, dejó el cómodo sillón en el que estaba sentada viendo su serie favorita e insultando por lo bajo a su abuela, salió por la puerta. El verano se estaba haciendo sentir y el pavimento de las aceras de Brooklyn parecían ser hornallas bajo sus pies.

Entró al supermercado y saludó a Chung Yun, el dueño del supermercado coreano de la vuelta de su casa. Por inercia se dirigió al pasillo de aperitivos y condimentos, había ido tantas veces a ese lugar que ya conocía hasta que marca estaba en cada estante. Cuando fue a tomar el paquete de sal, casi como si fuera una escena de una película romántica, un hombre tomó la misma. Sus miradas se conectaron y Cassie sonrió al ver quien la había tomado. Sus ojos azules refulgían con fulgor, y llevaba su cabello castaño oscuro despeinado, como si recién se levantara. Parecía alguien de alrededor de 25 años, pero no superaba eso.

- Lo siento. - Dijo él tomando otro paquete de sa
- Descuida. - Contestó Cassie con una sonrisa. - Hay mucha sal en el supermercado. Soy Cassie Cornell. - Dijo extendiéndole la mano.

Presentarse frente a un guapo desconocido no era algo que le fuera extraño. Cassie estaba en esa etapa donde sólo le interesaban los chicos, salir con sus amigas y emborracharse los sábados a la noche. No se avergonzaba como las demás chicas de su edad que encontrarían inapropiado esa conducta. Él sólo sonrió adivinando las intenciones de la adolescente.

- Max Wellinger.



Así comenzó todo. La compra de tomates y sal se extendió a más de dos horas, en las que ella se la pasó hablando con ese viejo desconocido que entró a su vida. Le contó que trabajaba en un taller mecánico cerca de allí, que vivía solo ya que no tenía familia y que tenía 27 años. Cassie se asombró cuando Max le dijo la cifra, pero no dijo nada. Sólo eran 10 años, ¿no? ¿Qué problema había que alguien como ella flirtee con un hombre de 27 años? Así que ella sólo asintió y le dijo su verdadera edad.

La sonrisa de Max se extendió y le dijo que no quería que ella pensara que él era un pervertido, pero que le parecía muy hermosa y madura para tener 17 años. De esa forma Cassie cayó a sus pies.

Intercambiaron números, y durante varias semanas se enviaron mensajes de texto. Primero, conociéndose el uno al otro pero luego algunas preguntas inocentes comenzaron a tornarse un poco atrevidas.

- Cass, ten cuidado. – Le dijo su mejor amiga Deb cuando le contó que ese día se juntaría con Max en su apartamento. – Es mucho más grande que tú y no sabes sus verdaderas intenciones.
- Sé exactamente lo que hago Debora.

Pero en esa época Cassie no sabía lo que hacía. Esa tarde, al contrario de lo que pensó, no sucedió ni siquiera un beso. Se sentaron ambos, en el sillón de su departamento con un balde de pochochos y vieron la maratón de los Simpsons que pasaron esa noche en la televisión donde las risas abundaron. Nada más, y eso era justo lo que Cassie necesitaba.

Poco a poco Max se fue convirtiendo en esa idealización de príncipe azúl que toda chica quiere. Con él podía pasar horas y horas hablando sobre temas que le parecerían irrelevante a los demás y un mensaje deseándole buenas noches siempre llegaba a su celular. La edad parecía no importarles. Eran sólo dos personas que compartían un sentimiento.

Pero lo que sí jugó un papel muy importante fue la fuerte atracción que sentían el uno por el otro. Por lo que, bajo la luna de una noche de otoño sellaron su relación de la forma más hermosa en la que lo pueden hacer dos personas que se aman

Todos tenemos nuestro lado oscuro, algunos lo muestran más que otros, pero en algún momento de nuestra vida sale a la luz. Su relación era perfecta, pero el lado oscuro de Max comenzó a eclipsar la brillantez de los momentos que pasaban juntos. De repente, todas las risas y sonrisas fueron reemplazadas por lágrimas y gritos. La actitud extremadamente celosa y obsesiva de Max terminó por enterrar y terminar para siempre su relación.

- Te amo Max, pero no puedo seguir así. No es bueno para ninguno de los dos. - Gritó Cassie con lágrimas en los ojos.

Max no la miraba, por fin se había dado cuenta de lo enferma que se estaba volviendo la relación, y todo por su culpa. Cassie no se merecía alguien que la tratara de esa manera. Jamás había amado así y no soportaba lastimarla. La dejaría ir aunque le fuera muy difícil.

- Espero que seas feliz y que puedas tener con alguien todo lo que yo no pude darte.

Cassie no dijo nada y sólo se retiró de su departamento. Así terminó todo y jamás volvió a saber de él, por esa razón se sorprendió tanto de que Max volviera a sus pensamientos luego de tanto tiempo. También fue la última relación que tuvo, hasta que Gerard llegó a su vida.

Gerard y Max eran demasiado parecidos. Ambos eran perseguidos por los demonios de su pasado que no los dejaban en paz porque él es quien nos convierte en quien somos hoy. La oscuridad de su mente no dejaba que sus brillantes almas muestren toda su luz.

Ambos serán los dos únicos hombres que amará de verdad, pero no podía seguir en el pasado. Debía levantar la cabeza y seguir adelante, porque estaba segura de que el futuro le traería algo mejor a su vida.

Pero el destino tenía pensado devolverle el pasado. 
0

VIII. Don't believe everything hapiness says

Samantha Waldorf lunes, 28 de noviembre de 2011
VIII





Jueves por la mañana y las nubes encima del cielo de Los Hamptons anunciaba que iba a ser un día lluvioso. El clima en el estado de Nueva York la última semana había estado muy raro: el sol podía quemar pero luego de una hora se nublaba y llovía como jamás lo había hecho. Tal vez las nubes que cubrían el cielo eran una forma de mostrar como estaba el humor de Gerard ese día. 

Despertó bastante temprano para poder arreglar algunos asuntos de la oficina y así poder obtener el día libre. El trabajo lo estaba estresando demasiado, pero no debía bajar los brazos, debía mantener la compañía en lo más alto justo como lo había hecho su padre durante tanto tiempo. 

“Dios Donald, como te extraño” pensó mientras arrancaba su auto y se dirigía rumbo a la mansión de los Waldorf. Su padre había sido el único pilar fundamental en su familia, ya que su madre lo único que hacía era salir de compras y ser la organizadora de todos las fiestas del Country Club. Más de varias veces se preguntó si su madre realmente amaba a alguien. 

Donald era el hombre perfecto. Podía ser padre a tiempo completo y un empresario exitoso sin tener que dejar de dormir; es por eso que la gente envidiaba a su corazón puro. Había cometido un solo error en su vida, y ese error tenía nombre y apellido: Kristen Ferguson, o Kristen Waldorf, su apellido de casada. 

Gerard suspiró cuando vio el portón de los Waldorf asomándose entre los árboles que rodeaban la propiedad. Si su padre supiera lo que estaba haciendo, no lo aprobaría porque Donald había sido alguien de buen corazón, y fue por esa razón que al enamorarse de Kristen cavó su propia tumba. Confucio una vez dijo: “Antes de empezar un viaje de venganza cava dos tumbas.” Su padre cavó la suya y la de Kristen cuando ambos se enamoraron. Si el amor les había quitado la vida a ambos, ¿la venganza también lo haría? Gerard estaba dispuesto a dejar su vida en el camino pero no sin antes llevarse a John con él. Lo que no supo en ese momento, fue que amor y venganza eran una combinación mortal que destruiría no sólo a Sam y a John, sino también a él. 

Los portones se abrieron apenas llegó y recorrió aproximadamente 400 metros entre el portón externo y el edificio. Al aparcar frente a la enorme mansión, John lo estaba esperando allí con los brazos abiertos. Menuda falsedad. 

- Hijo. – Dijo John abrazándolo. – Es un gusto que hayas aceptado enseñarle jugar al Polo a Samantha, estaba muy emocionada. 

Gerard sólo sonrió, a veces le costaba formar esa sonrisa tan convincente en su cara y fingir que todo estaba bien con John, cuando sólo estar cerca de él le causaba repulsión. 

- No hay problema, el polo es un buen deporte y supongo que le gustará. – Contestó encogiendo los hombros. - ¿Dónde está Sam? 
- Creo que está durmiendo. – Contestó John con una ceja arqueada. - ¿Ansioso por ver a mi hija? 

Gerard sólo esbozó una sonrisa falsa para dar a entender que sí, lo estaba. Todas sus acciones eran parte de un acto. Con tan sólo esa frase, una mirada que conocía bien en John refulgió en sus ojos marrones. Definitivamente estaba tramando algo en su contra y eso incluía a Sam. 

- ¿Puedo subir a verla? – Preguntó cortésmente. 
- La casa es tuya Gerard, si necesitan algo me llaman. – Dijo John dirigiéndose a su despacho.  

Gerard entró a la casa y comenzó a recorrerla. Ese tipo de confianza que le daba John últimamente lo tomaba desprevenido. Tenía la casa para él sólo, por lo que si él quisiera, podría husmear en los archivos que tenía en su despacho. O buscar algo sospechoso en su caja fuerte. Pero no lo haría, eso era exactamente lo que John quería que él  hiciera. Todo estaba malditamente calculado en su vil mente. 

Abrió la puerta de la habitación de Sam y se maravilló con la decoración del lugar. Era tan… Sam. Perfectamente minimalista. Las paredes estaban pintadas en marrón y rojo con los muebles de madera muy oscura, casi negra. En el centro de la habitación se encontraba una cama con cobertores en color rojo. 

Se acercó lentamente a ella, donde una silueta respiraba lentamente. Recordó que cerca de ella debía ser el hombre perfecto y que toda mujer deseara, todo un caballero. ¿Y cómo reaccionaría si lo encuentra acariciándole el rostro mientras duerme? Seguramente pensaría que él estaba loco por ella. 

- Despierta bella durmiente. – Dijo él acariciando las sonrosadas mejillas de una dormida Sam. 

Sam frunció el ceño entre dormida y abrió sus ojos, para encontrar la visión más hermosa que había visto. Gerard lucía una camisa polo en celeste – supuso que Ralph Laurent – con unos pantalones blancos. Estaba tan sólo a unos centímetros de ella y con su mano en su mejilla, como si se la estuviera acariciando. ¿Había que repetir que cada vez que Sam lo veía lo encontraba más hermoso? No parecía necesario. Gerard al notar la incomodidad de Sam quitó su mano de su mejilla y se paró rápidamente, colocándolas en sus bolsillos. 

- ¿Qué haces aquí Gerard? – Preguntó Sam somnolienta. 
- Siento haber interrumpido en tu habitación a estas horas de la mañana, pero hoy es jueves y tenemos clases de polo. 
- ¿Tan temprano? - Dijo ella sobándose los ojos. Estaba destinada a que Gerard la encuentre en los peores estados. 
- Lo siento pero arreglé todo en la oficina para tener el día libre y lo mínimo que puedes hacer es levantarte de la cama. -Gerard abrió las cortinas de los amplios ventanales de su habitación.
- Tú y tu hermano se toman muchas libertades conmigo. - Murmuró Sam hundiendo su cara en la almohada. - Ok, bajo en 20 minutos

Sam se levantó y se dio una ducha rápida. Gerard había bajado a esperarla a la cocina, así que tenía un poco de tiempo adicional para arreglarse un poco. Se maquilló naturalmente y se colocó la ropa que generalmente utilizaba para montar: un pantalón blanco, camiseta blanca y chaleco negro; con sus botas de montura. 

Mientras se las colocaba pensó en como llevar a cabo el plan. Sam no era alguien que se quedaba de brazos cruzados cuando quería algo; hacía hasta lo imposible para conseguirlo y finalmente, lo conseguía. Así había sucedido con Frank, por ejemplo, quien después de mucho luchar, finalmente era suyo. Pero... ¿con Gerard podría utilizar las mismas armas que con Frank? No tenía la respuesta en ese momento, pero lo intentaría. Bajó a la cocina donde encontró a Gerard comiendo una manzana y hablando con William. 

- Es complicado, pero una vez que lo practicas y lo practicas, te sale. Es sólo cuestión de tener equilibrio encima del caballo y tener la fuerza suficiente para pegarle a la bocha.
- Me parece un buen deporte. - Opinó William cruzándose de brazos. - Mucho más que el rugby o el fútbol, eso deportes que están de moda ahora. 
- Si, lo sé. Aunque el rugby no es tan malo. Cuando era adolescente solía jugar con los Archibald al rugby, no al fútbol americano. Son dos cosas totalmente diferentes. - Contestó Gerard y sonrió cuando finalmente divisó a Sam. - Te tardaste 22 minutos, lo voy a tener en cuenta. 
- Lo siento papá. - Rodó los ojos y esperó a que Gerard riera, pero no fue así. La sonrisa que portó segundos antes se borró completamente. Escuchó un “con permiso” de William que anunciaba su retiro, para evitar el incómodo momento. Sam frunció el ceño. - Gerard, ¿te encuentras bien?
- Si, lo siento. – Gerard salió de sus cavilaciones y volvió a colocar esa perfecta sonrisa en sus labios. - ¿Vamos? Comenzó a llover y no hay nada mejor que andar en caballo bajo la lluvia. 
- ¿A ti también te gusta? – Contestó Sam exaltada- - Pensé que era la única loca que le gustaba montar en caballo bajo la lluvia. Sentir como las gotas te pegan en la cara…
- … y la libertad que siente es sublime. – Gerard completó la frase con una sonrisa. – Sí, sé como se siente. 

Sam le devolvió la sonrisa al notar que Gerard no sólo era una cara bonita. La entendía y conocía más que ella misma, y eso que lo había visto sólo unas cuantas veces. ¿Podía ser alguien más perfecto? La sonrisa de Gerard se agrandó al saber que poco a poco Samantha Waldorf caía en sus redes. Ambos salieron al patio sintiendo como la lluvia torrencial los empapaba. 

- ¡Él último al llegar al establo pierde! – Gritó Sam y salió corriendo dejando a un confundido Gerard detrás. 
- ¡Pero yo no sé donde queda el establo! – Contestó en el mismo tono, pero ella ya estaba lo suficientemente lejos para no escucharlo. Así que comenzó a seguir su rastro. 

Cuando llegó al lugar pudo escuchar su risa cantarina llenar todo el establo. Se encontraba en el último box junto a una hermosa yegua de pelaje color chocolate. 

- Tardaste tres minutos, los tendré en cuenta. – Repitió lo que él le había dicho anteriormente en la cocina y luego acarició a su yegua. – Te presento a Penny. 
- Hola hermosa. – La saludó y Penny acercó su cabeza a Gerard para que la acariciara. - ¿Mezcla de Pura Sangre inglesa y un caballo de Polo Argentino?
- ¿Cómo lo sabes? – Contestó sorprendida y él sólo encogió los hombros. 
- Pasé toda mi vida rodeado de caballos, es la mejor mezcla que puede haber para equitación y polo. Además, recuerda que estás hablando con un jugador con 10 puntos de handicap. 

Sam lo miró como si estuviera hablando en chino. Jamás había entendido ese deporte, para ella, sólo eran cuatro idiotas encima de caballos persiguiendo a una  pelota. Gerard rodó los ojos. 

- Handicap es el valor que indica la categoría del jugador. Se puede medir del 0 al 10. – Comenzó a buscar a su alrededor y encontró una escoba. Sam enarcó una ceja cuando Gerard se subió encima de Penny y tomó el palo. – El palo con el que jugamos se llama taco, y lo debemos tomar en la mano derecha. Jamás lo puedes utilizar con la mano izquierda, porque será falta grave. Eso es lo básico. 

Sam se sentó encima de un forraje de paja que estaba a un costado del establo mientras que Gerard en menos de media hora le explicaba todas las reglas del polo. Era un deporte bastante complicado, como le había dicho antes él a William. Se requiere de mucha precisión y práctica; si al empezar a jugar no se pega correctamente, los jugadores pueden llegar a acostumbrarse a esa forma de golpear y después, no podrán corregirlo lo que les traería muchos problemas en las muñecas. 

- Este – Dijo mientras daba un golpe hacia atrás con la mano derecha y en el lado izquierdo de Penny.- Es el golpe Backhander, que generalmente se utiliza en defensa, pero también en ataque. ¿Entendiste todo lo que te dije? 

Sam, quien había estado muy distraída observando como los músculos de Gerard se tensaban al tomar el taco y pegarle a una bocha imaginaria, salió de su ensoñación.

- Claro, es fácil. – Contestó con superación, pero la verdad era que no había entendido nada. 

Gerard se bajó de Penny y Sam ocupó su lugar. Observó a Gerard en busca de ayuda pero él sólo arqueó una ceja para que comenzara a andar. Luego dirigió su vista hacia la escoba que hacía de taco. Estas no eran las expectativas que tenía para su clase de polo. Sin más suspiró, tomó la escoba y salió a la intemperie. 

Todo era más dificultoso de lo que parecía, necesitaba mucha fuerza en el brazo para pegarle a la bocha y coordinación para dirigir a Penny al mismo tiempo. Gerard sólo se paró ahí, riendo de su mala condición para los deportes. 

- Eres un desastre. – Dijo cubriéndose la cara mientras que Sam rodaba los ojos. – Bueno, haz un Backhander por el lado de montar. 

Sam intentó hacer el complicado golpe pero le escoba se le escapó de la mano y casi le pega en la cabeza a Gerard. Esperó su risa burlona pero en lugar de eso, él le indicó que siguiera montando. Ella se dirigió de un lado al otro tal cómo él le había dicho. Le sorprendió la elegancia con la que se movía por todo el lugar. Aunque antes hubiera estado un poco encorvada al llevar el taco, tenía una postura única que demostraba el perfil perfecto de una jockey de equitación. 

- Ok, eso fue suficiente por hoy. – Dijo acercándose a Sam. 
-¿Qué? – Preguntó sorprendida. – Pero si no hace ni una hora que empezamos a practicar.
- Sammy – río – sé que no te gusta el polo, y por la seguridad de ambos, vamos a dejarlo un rato.

Ella no dijo nada y sólo sonrió a su nuevo sobrenombre, “Sammy”. Le gustaba como sonaba, parecía el sobrenombre de una niña. Gerard también sonrió al notar que su sobrenombre había cumplido su objetivo. Inconscientemente hizo sentir a Sam como alguien frágil que necesitaba protección – alguien quien realmente lo era. - ¿y quien mejor que Gerard para brindarle esa protección? Él era el maestro de la manipulación y podía ver como poco a poco Sam comenzaba a caer

- Ok, entonces ¿ahora que haremos? 
- Practicaremos equitación. – Encogió los hombros. 
- ¿Qué? Gerard, tú viniste a enseñarme polo, no terminaremos haciendo algo que puedo hacer yo sola todos los días. 

Gerard la ignoró y se acercó a Penny para poder acariciarla. 

- ¿Hacía cuanto que no montabas a caballo? 
- Dos días. – Contestó recordando el martes anterior, cuando se encontró con Gerard en el despacho de su padre. 
- Pero antes de eso ¿hacía cuanto que no montabas? 
- Casi… dos años. No entiendo, ¿a dónde quieres ir? – Preguntó ella frunciendo el ceño y bajándose de encima de Penny para estar a la altura de Gerard. 
- Cuando una persona deja de montar por casi dos años pierde muchas cosas… como la postura correcta y su conexión con el caballo. Tú no perdiste ninguna y me arriesgo a decir que tienes algo único y característico que los jueces aman. 
- Tengo sangre Waldorf, viene programado en mi ADN ser perfecta en equitación. – Gerard quiso acotar “junto con otras cosas” pero se quedó callado y siguió escuchándola. – Desde que mi tatarabuelo llegó desde Inglaterra los Waldorf practican polo y equitación, ¿qué más puedo hacer? Comenzaron a entrenarme desde que tengo uso de razón. 
- Entiendo. – Contestó asintiendo. – Ahora dime, ¿en qué mes estamos?
- Mayo. – Dijo Sam confundida. 
- ¿Y qué día? 
- ¿5? Ve al punto Gerard.
- La Dark Horse Cup es este mes, el 29, y tal vez tú podrías…
- ¿Concursar? ¿Estás loco? Gerard, para prepararme para la Dark Horse Cup necesito por lo menos, 6 meses, ¡no 20 días!  Además, hace dos años que no entreno. 
- Ya lo sé, pero con el entrenador adecuado podrías llegar todavía más lejos. – Y sonrió, mostrando sus pequeños y perfectos dientes. 
- ¿Me estás diciendo que debo participar en la competencia y que tú serías mi entrenador? 
- Exacto. Sólo piénsalo de este modo: tú, yo, Penny, horas y horas de entrenamiento exhaustivo hasta que te duela el trasero y pidas clemencia. ¿Qué te parece? 

Pero Sam no contestó inmediatamente, sólo se quedó hundida en sus pensamientos. Si volvía a la equitación, su padre lo tomaría como una señal de madures, como si hubiera cambiado, pero ¡no! Sam seguiría siendo la misma perra ambiciosa y caprichosa que siempre fue. Aún tenía muchas cosas que reclamarle a su padre. 

- No lo sé. – Contestó luego de unos segundos, Gerard por su parte hizo una mueca que no supo descifrar. 
- Yo sé por donde va esto. – Suspiró y la tomó de los hombros. – Sammy, debes hacer esto por ti misma, no por que es lo que alguien más quiere y es un gusto que no estás dispuesta a darle. Deja de estar tan pendiente de lo que hará enojar a tu padre o no Samantha, es tu vida. Todo lo que estás haciendo para fastidiarlo está destruyendo y alejando a tu verdadera yo y no voy a dejar que eso pase. 

“Ese trabajo me toca a mí” dijo en su mente. Sam por su parte, sólo miraba el suelo, cómo una niña que acababa de ser reprendida por sus padres. Gerard la atrajo hacia su pecho y encerró sus brazos alrededor de su cintura. Aspiró el aroma de su cabello, debía aceptar que olía delicioso, a una mezcla de naranja y rosas. 

- Lo siento, sé que he sido muy duro, pero es que me niego a que una niña tan hermosa arruine su vida así. Me encariñé contigo Sam, y si creo que estás haciendo las cosas mal, te las diré por tu bien. 

Sam escuchó como su corazón comenzó a acelerarse. Jamás alguien se había preocupado por ella de esa manera, ni siquiera su padre. Y ahora Gerard estaba parado allí, abrazándola luego de que sus duras pero ciertas palabras la golpearan. Su rostro estaba a pocos centímetros y la frase “me encariñé contigo Sam” resonó en su cabeza. Tal vez su padre tenía razón, sólo debía mostrarse tal como era. Ella colocó sus brazos alrededor de su cuello y sintió como los brazos de Gerard la apretaban más contra él. Lo tomó como una invitación. Era una perra ambiciosa, eso era lo único que podía ser, porque en ese momento lo único que pensó fue en el dinero y en la emancipación. Sus labios casi se rozaban cuando escuchó su nombre ser llamado a lo lejos. 

Se separaron rápidamente y Sam pudo ver como un enfurecido Frank estaba parado a metros de ellos. Tenía los puños y la mandíbula apretada, y lucía un color rojo en su rostro. ¿Qué hacía él allí? ¿No volvía de su tour la semana próxima? Un terror le invadió y buscó con la mirada a Gerard reclamando por ayuda. 

Pero Gerard sonreía triunfalmente. Todo salió tal como lo esperaba e incluso, mucho mejor. Frank llegó en el momento justo para ver el casi beso. 

- Creo que lo mejor va a ser que me vaya. – Dijo Gerard besando la mejilla de Sam para encolerizar más a su novio. – Seguimos hablando por mensajes de texto. 

Y sin decir más, dejó a una desamparada Sam bajo la mirada furiosa de Frank. Gerard exhibió una sonrisita cuando pasó junto a Frank, pero sólo fue percibida por John, quien estaba parado bajo el marco de la puerta trasera. Había visto todo y cuando unieron sus miradas, John le lanzó una que tenía un mensaje claro:

“Sé lo que estás haciendo”

- Que tengas buen día John. 
- Nos vemos Gerard. 

Por más de que sus labios tuvieran impresa una sonrisa irrefutable, esa alegría no estaba en sus ojos. Había comenzando una guerra sanguinaria y aunque Gerard pensaba que llevaba ventaja, no siempre gana la guerra el que gana la batalla. Dicen que el diablo sabe por diablo, pero más por viejo, y John no estaba dispuesto a perder.


0

Música: Hands of Time.

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011 ,
Zero


"Welcome to the jungle, it gets worse here everyday." Welcome to the Jungle by Guns 'n Roses




I


"He stuck his middle finger to the world"  Let it Rock by Kevin Rudolf & Lil Wayne




II


"There is no peace here; war is never cheap, dear" Beat the Black Devil's Tattoo by Black Rebel Motorcycle Club




IV


"We're best friends, we hold hands, we're in love, you're my man. Darling no, that's not me, i'm a ghost in the sheets"
"There ain't no woman in this world i won't let go" One Week of Danger by The Virgins. 








V




"You put it to me and now we’ll play my game" - Blackmail by The Runaways


VI



"Innocent, the time we spent, forgot to mention we're good friends. You thought it was the start of something beautiful?
Well, think again" - Start of Something Beautiful by Porcupine Tree
0

Personajes: Hands of Time.

Samantha Waldorf ,
Hannah Iero



Gerard Way



Alex Edwards



Chloe White



Brittany Jones



Frank Iero



Mikey Way



Ashley Canson





Spencer Hunnington






Ray Toro 






Bob Bryar 



0

IV. Primera Parte: "We're best friends, we hold hands, we're in love, you're my man." Darling no, that's not me, i'm a ghost in the sheets

Samantha Waldorf
IV
Primera parte


Gerard despertó. No quiso abrir los ojos pues tenía mucho sueño, pero recordó que era viernes. Sagrado y glorioso viernes. Pudo escuchar como los pájaros cantaban fuera de su ventana. El frío invierno ya no era tan frío y dejaba dar paso a los primeros días templados de Marzo. Tenía un optimismo que rara vez le sucedía recorriéndole cada poro de su cuerpo. Se tapó sonriendo, sólo unos segundos más en la cama y estaría preparado para disfrutar… ¿Qué podía arruinar tan perfecto día?

- ¡Gerard! ¡Me estás destapando! – Dijo una voz femenina a su lado.

Oh cierto, lo había olvidado. Pequeño detalle. Sólo bastaron cuatro palabras salidas de la boca de Ashley Canson para que su sonrisa antes portada se convierta en una línea recta. Y se dio cuenta que esa actitud positiva que había llevado hacía unos segundos, no era más que los efectos secundarios de haber satisfecho sus necesidades sexuales.

Gerard sólo gruñó y rodó sus ojos. Ashley había llegado a su casa la noche anterior rogando por una oportunidad. Él le repitió hasta el cansancio que no; porque confundía las cosas, pero Ashley comenzó a llorar y gritar en el pórtico de su casa que si “sexo era lo que quería, sexo tendría”. Para evitar que los vecinos llamaran a la policía, Gerard la invitó a entrar. Apenas cruzaron la puerta Ashley se colgó de su cuello desesperadamente tratando de besarlo. Desde la cocina escuchó a Mikey gritar “O subes a tu habitación o le digo a mamá que tuviste sexo en sus sillones franceses”, para evitar ver el espectáculo que estaba llevando a cabo su hermano en la sala. Gerard gruñó y subió casi a rastras con Ashley pegada a su cuerpo como una sanguijuela.

- ¿Tienes frío? – Preguntó sugestivamente en su oído y a Gerard le dieron ganas de vomitar la forma en la que lo dijo.
- No. – Contestó de mala manera. – Deberías irte, ya casi es hora y llegarás tarde.

Gerard se levantó rápidamente, no la soportaba. Pero es hombre y tiene necesidades que satisfacer. Comenzó a elegir la ropa que usaría hoy de su armario, dándole la espalda a su amante que gritaba histéricamente.

- ¿Me puedes explicar que rayos te sucede? ¿Por qué me tratas así? ¡Pensé que me amabas! – Gritó tomando las sábanas y envolviendo su desnudo cuerpo en ellas. – Gerard, ¡te estoy hablando!
- Si, si, te escuché. – Contestó con cansancio. - ¿Qué quieres?
- ¿Cómo que qué quiero? ¡Eres un idiota Gerard Way! Te amo, ¿acaso no lo notas?

Quiso golpear su cabeza contra su armario cuando escuchó que estaba llorando ¿por qué no podía mantener sus pantalones puestos por sólo un día? Justo en una época de sequía apareció por arte de magia Ashley rogando por su “amor”.

“Qué pesada” pensó y se irguió para tomarla de los hombros mientras ella se secaba unas lágrimas que caían por sus mejillas.

- Ashley, cariño – dijo en tono calmado. – No podemos estar juntos. Me gustas, pero estás obsesionada por tener algo que yo no te puedo dar. No puedes condenar a esta bestia salvaje – señalándose con una sonrisa – al encierro. ¿Lo entiendes? Necesitas a un tipo que te soporte y que te valore como por ejemplo… Spencer Hunington
- Tú. – Contestó ella al mismo tiempo con una mirada risueña.

La sonrisa que llevaba Ashley en su rostro le dio ganas de vomitar. Todo le había salido mal. Había deseado deshacerse de ella sutilmente pero sólo logró enamorarla más con ese tono consternado – y debemos aclarar, sobreactuado. - Quiso acotar algo más pero un claxon sonó fuera de su casa y no necesitó asomarse a su ventana para saber que se trataba de Hannah. Maldijo mil y una veces en su interior.

- ¿Qué hace Hannah Iero en la puerta de tu casa? – Gritó Ashley y Gerard tembló. Toda la ternura de su mirada había sido reemplazada por furia. - ¡¿Te estás acostando con ella también?!

Justo cuando pensó que su día no podía empeorar. Sólo rogaba porque Ashley no se lanzara contra Hannah porque sería carne picada.

- Que hermoso, ser perseguido por dos psicópatas. – Pensó en voz alta y se arrepintió de inmediato al notar su mirada colérica encima de él.
- ¿Qué dijiste? ¡Vamos, contéstame!

Y los gritos de Ashley parecieron lejanos cuando un pensamiento lo paralizó. ¿Qué sucedería si Hannah baja a buscarlo? Ashley se le lanzaría encima y Hannah se la agarraría con él – porque no hacen falta razones para que se enoje – Se produciría una masacre de magnitudes catastróficas. Tragó saliva y se colocó rápidamente sus zapatillas.

- Lo de Hannah es una larga historia pero ahora no te la contaré porque debo irme. Si te vas, sal por la puerta trasera. No quiero que mis padres te vean.

Y sin decir más salió corriendo de su habitación escuchando los gritos ensordecedores de Ashley. Subió al auto pegando un portazo y agradeciendo internamente que Hannah no se había movido de su lugar. Trató de recuperar la respiración y cerró los ojos por un segundo, inhalando y exhalando profundamente. Cuando los abrió notó que tres pares de ojos lo observaban extrañados.

- ¿Qué? ¡Conduce! – Ordenó a Hannah en un tono alterado.

Ninguno se atrevió a hablar luego de la forma dramática en la que llegó Gerard y fue el pequeño Mikey quien rompió el silencio.

- ¿Estabas escapando de la chica de anoche?

Los Iero no pudieron evitar largar una carcajada y por mucho que lo quiera negar, si. Estaba huyendo de una chica y no de cualquiera, de Ashley Canson, el diablo personificado en lo que respecta a relaciones amorosas. Triste, pero cierto y eso reducía su orgullo masculino.

- Sólo cállate Michael.



***



Definitivamente era viernes. Al contrario de Gerard, a Hannah le había durado durante todo el día el optimismo. Había dormido más de 6 horas y verlo a Gerard correr tan desesperado hasta su auto fue una sensación muy gratificante. Ver su cara de espanto mientras trataba de recuperar su respiración fue…

“Basta Hannah, es un día demasiado bello para llenarlos de esos pensamientos”

Con una sonrisa impregnada en su cara se acercó a Alex quien estaba con los demás deportistas. Su novio sonrió al verla llegar y le dio un beso en la frente. A veces le costaba creer lo perfecto que era, pero sólo una de sus sonrisas de modelo bastaba para cegarla completamente. Sólo se paró a su lado, observando su rostro.

Estaba enamorada.

“O eres sólo una idiota cegada por una cara bonita” le había dicho una vez Gerard mientras estaban en unas de sus cenas familiares y Hannah no sacaba la vista de su teléfono celular, leyendo los mensajes cursis que Alex le enviaba.

Jamás entenderá el odio profundo que ambos compartían. No había momento en que Gerard le recordara que Alex era un idiota; o que Alex, al pasar Gerard, lanzara algún insulto hacia él. Pero luego se dio cuenta que Way es un narcisista insoportable y envidioso, y Alex es demasiado perfecto como para que Gerard le llegase, ni siquiera, a los talones.

Los chicos estaban hablando sobre la fiesta de esa noche, que sería en la casa de Alex y el ambiente festivo ya se notaba en el pasillo. Las fiestas de Alex estaban destinadas a ser inolvidables. El año anterior había invitado a uno de los DJs más importantes de USA, y lanzó la casa por la ventana. Las mujeres esperan sus fiestas para mostrarse con ropa cara y de marca, y que apenas cubre lo necesario. Los hombres para deleitarse con la vista y sacar sus garras para ver cual será su próxima presa; además de embriagarse hasta no poder más.

Las fiestas, para Hannah, son el único momento de la semana donde puede ser un total y completo desastre. Generalmente, los domingos se la pasa pidiendo disculpas por lo que hizo la noche anterior. El alcohol la transforma en otra persona y al otro día, se quiere pegar un tiro – literalmente.

No quería ni recordar lo que sucedió hace unas semanas, cuando terminó nadando en ropa interior, en pleno Enero y con 3º de temperatura. Lo que le costó obviamente, una gripe de muerte.

Se estremeció al recordar sus accidentes y se concentró en la conversación de los demás.

- ¡Y habrá espuma! ¡Será una total locura! – Dijo Alex mientras chocaba las manos con Spencer y reían exageradamente.

A Hannah le pareció una charla poco interesante y en el gentío divisó a Brittany. Se alejó de Alex sin decir una palabra y esquivando a un par de alumnos comenzó a dirigirse hacia su amiga, pero una diminuta presencia se interpuso entre su camino.

- Tenemos que hablar Iero. – La interceptó Ashley con el ceño fruncido.

Hannah la imitó, pero su gesto fue más de confusión. Ashley se había parado cruzando sus brazos sobre su pecho y tenía una mueca dura sobre el rostro. Sus ojos verdes refulgían en furia y por primera vez en su vida, Hannah se preguntó que podría haber hecho mal para que se enfadara así. Ashley era alguien insoportable, y jamás le había caído bien pero no se enojaba fácilmente así que supuso que debió haber sido algo muy malo.

Detrás de ella vio a Gerard, quien le hacía señales desesperadas con sus brazos para que se alejara rápido de allí. Ok, eso hacía la situación mucho más extraña. No es que quisiera ayudar a Gerard de alguna forma, pero quería evitar a toda costa interactuar con Ashley.

- Ashley, querida. Debo irme, Brittany me está esperando. Pero si quieres podemos hablar en otro momento.

Y dejó una estela de polvo como en las películas, por la rapidez que se alejó de Ashley. Con la boca moduló un: “Me debes una grande” a Gerard, quien suspiraba aliviado y entraron al aula de matemáticas.

Le debía una explicación.
0

III. The Searchers.

Samantha Waldorf
III


Martes por la mañana. Hannah creía que no había peor forma de comenzar el día que teniendo dos horas seguidas de matemáticas y encima en la primera hora. Suspiró y se recostó contra su volante, tenía mucho sueño. Hacía ya varias semanas que no descansaba bien, con suerte dormía dos o tres horas antes de levantarse para ir al colegio. A pesar de estudiar, entrenar y salir con sus amigas, ni con su agenda llena podría conciliar el sueño a la noche. Así que cuando no podía dormir se ponía a observar películas Western que pasaban en la madrugada; era eso o dar vueltas y vueltas en la cama.

Observó de reojo a Frank quien roncaba placidamente en el asiento de copiloto. Su boca estaba ligeramente abierta y cuando exhalaba el aire, este hacía un sonido extraño al pasar por el piercing de su boca. Maldito enano, ¿por qué él podía ser un adolescente normal que dormía casi todo el día y ella no?

Claro, porque ella era Hannah Iero, la persona más complicada y única del mundo. A veces no sabía si era positivo o negativo.

Sacó la marcha del auto y esperó frente a la casa de los Way. Sabía que Gerard se tardaría igual que el día anterior así que cerró los ojos tratando de conciliar el sueño; ni se molestaría en despertarlo en alguna forma sádica. Si se quería tardar, ella se lo permitiría sólo por ese día.

Como si estuviera programado para hacerle la contra siempre, sintió un golpe junto a su vidrio apenas recostó su cabeza, haciéndola sobresaltar. Ahí estaban parados los hermanos Way. Hannah los observó con confusión y Gerard le señaló la traba; no podían entrar si todas las puertas estaban cerradas.

- Way, no molestes a Frank, hoy siéntate atrás. - Dijo mientras bostezaba. - Está muy dormido.
- No tengo problema, el asiento trasero es mucho más cómodo. - Contestó Gerard bostezando. - ¿Sabes? Si pretendes tener una noche de películas, bájale el volumen a tu televisor. Anoche no pude dormir porque estuve escuchando todos los diálogos de “Centauros del Desierto”. (N/A: "The Searchers", película Western de 1956)
- Lo siento. - Dijo ella, no tenía ánimos ni de pelear con él.

Ninguna otra voz se escuchó por el resto del camino y observó a los tres jóvenes durmiendo plácidamente; así que aprovechó para poner la radio. Hot Chip comenzó a sonar por los parlantes, y disfrutó cada momento de “I Feel Bonnie”. Momentos como este eran algo que raramente sucedía, al ir en un auto con tres metaleros era difícil escuchar la música que a ella le gustaba. Si ponía algo de electrónica los tres la abuchearían y la harían cambiar por una radio de rock. Generalmente el camino a la escuela estaba acompañado por Morrisey e Iron Maiden.

A veces si tenía suerte, podían llegar a un mutuo acuerdo, e iban al colegio escuchando Hinder y Two Door Cinema Club. Pero obvio, si los tres hombres estaban demasiado cansados como para discutir.

- Cambia esa música. - Exclamó Mikey desde el asiento trasero cuando ya estaban entrando al campus, y Hannah suspiró cambiando la estación.

Como si fuera por arte de magia, Frank y Gerard se despertaron también. Dejó el auto en el mismo lugar en donde lo dejaba desde hacía varios días y los menores bajaron.

- ¿No bajas? - Le preguntó Mikey cuando vio que su hermano no hacía ni un movimiento para bajarse.
- No, tengo que arreglar algo con Hannah primero.

Mikey y Frank se lanzaron una mirada de confusión y ambos se dirigieron al edificio principal. Hannah suspiró y sacó 20 dólares de su billetera.

- Así me gusta dulzura.
- Ni una palabra a mis padres, ni a los tuyos, ni a nadie del instituto, ¿me entendiste Way?
- Ese hombre soy yo señorita. Gerard Arthur Way Lee, para servirle por un precio, siempre por un precio. - Gerard le besó la mejilla recitando uno de los diálogos de “Centauros del Desierto” y bajó del auto rápidamente. Estuvo a punto de insultarlo por haberla besado pero ya estaba lo bastante alejado para que la escuchara.

Maldito bastardo. 



***



Las clases de matemáticas eran el infierno personificado para todos, en especial para Hannah. Por un lado, no esperaba a que Gerard le explicara porque lo que veía en la pizarra eran puros jeroglíficos. Él placer de entender un tema de matemáticas era lo único productivo que sacaría de sus tutorías. Aunque pensándolo bien, tal vez podría propinarle algunos golpes a Gerard.

Pero claro, el maldito la inmovilizaría antes de que tuviera la oportunidad de mover un dedo. Era realmente una mala idea pelear contra Way, pero la rabia que le hacía sentir la cegaba y lo único que quería era borrarle esa perfecta sonrisa de una cachetada.

Idiota. 

El profesor comenzó a anotar unos cuantos ejercicios en la pizarra y preguntó si alguien quería pasar a hacerlos. Chloe White levantó su mano emocionada. Pasó al frente y puso números aleatoriamente – o por lo menos eso creía Hannah. - Lucía tan segura de sí misma cuando comenzó a sumar esos números y letras, no había forma en el mundo de que White fuera buena en matemáticas.

La maldita si lo era.

Luego de que terminó el ejercicio le entregó el fibrón al profesor y él tildó como correcta la operación. Mientras caminaba a su pupitre largó una sonrisa desafiante a su dirección. Maldita idiota.

Idiota. 

Luego pasó Way, aunque al contrario de Chloe, fue porque el profesor lo llamó al ver que nadie más se ofrecía. En menos de 30 segundos el desgraciado terminó la operación dejando a toda la clase con la boca abierta. Su mano ni se veía de la rapidez con la que escribió el ejercicio.

Idiota. 

Si Hannah tuviera que exterminar a dos personas en el mundo, Chloe y Gerard serían las primeras opciones de su lista.

Idiotas.

- Necesito terapia urgente. - Murmuró recostando su cabeza en su cuaderno. Tenía mucho odio en su interior.

La clase terminó más rápido de lo que pensó – tal vez se debía a que pasó la mayor parte de la hora durmiendo sobre su cuaderno. Cuando se dio cuenta sólo estaba ella y el profesor, Brittany había desaparecido, al igual que Way – lo cual agradeció internamente. - Se acercó al profesor Foster y sin más dijo:

- Acepté la ayuda de Way, espero que tenga eso en cuenta.

El profesor Foster levantó su vista ya que estaba ordenando unos papeles y no había notado que quedaba uno de sus alumnos en el aula.

- Me parece muy bien. – Contestó simplemente volviendo su vista al papelerío.
- ¿No va a decir nada más? Estoy haciendo un esfuerzo muy grande profesor, espero que lo tenga en cuenta.
- Veré si ese esfuerzo realmente valió la pena en el próximo examen.

El Sr. Foster se levantó, tomó su maletín y dejó a Hannah echando humo por los oídos.

¿Por qué siempre la dejaban plantada con palabras en la boca en el aula de matemáticas?



***



La idea de que deberían pasar toda la tarde juntos les molestaba de sobremanera. Mikey y Frank salían más tarde del colegio, así que sólo eran Gerard y Hannah en el auto. Ninguno decía nada pero ambos se lanzaban miradas cuando el otro no lo veía.

Hannah porque odiaba que el universo se hubiera puesto en su contra y hubiera hecho todo lo posible para que ambos pasaran tiempo juntos.

Gerard por lo mismo, pero se maldecía a sí mismo por haber sido tan impulsivo de aceptar. Tal vez era divertido molestarla pero a veces ella podía ser realmente insoportable y lo único que quería era ahogarla en una piscina llena de pirañas.

- Por lo menos eres tú mi tutor y no Chloe. - Rompió el silencio mientras aparcaba frente a la casa de los Way. - Eso si que hubiera sido una tortura. A ti aprendí a soportarte
- Gracias por el cumplido Iero. Vamos, acabemos con esto de una vez por todas. - Contestó Gerard bajando del auto.

La casa de los Way era prácticamente igual a la de los Iero. Blanca por fuera, con un jardín lleno de flores que Donna cultivaba y la bandera estadounidense en un costado. El típico hogar norteamericano.

La decoración por dentro oscilaba entre los colores terracota, rojo y mostaza, dándole un aspecto cálido y español. Había que aceptar que la madre de los Way tenía un gusto excelente.

Se sentaron en los sillones de cuero del living. Hannah observó el reloj incómoda, las dos de la tarde. Quería irse a su casa antes de que Donna llegara de trabajar.

- ¿Quieres tomar algo? - Preguntó Gerard por cortesía.
- No gracias. - Comenzó a sacar sus libros de su mochila y los demás elementos.
- ¿Te puedo hacer una pregunta? - Preguntó luego de unos segundos de silencio. Hannah lo observó sorprendida.
- Wow, Gerard Way preguntando si puede hacer algo antes de hacerlo. Me sorprendes.
- Supongo que hoy estoy caballeroso. - Respondió encogiendo los hombros. - ¿Puedo hacerlo?
- Está bien, dispara.
- ¿Por qué no quieres que tus padres sepan de tu F?
- ¿No te suena Hanna-perfecta-Iero? Mis padres se decepcionarían tanto de mí....
- Pero no creo que tus padres te digan algo. Vamos, es sólo una nota. Tienes A+ desde que tengo uso de conciencia. - La cortó Gerard.
- Lo sé, pero a veces tengo la presión de ser la adolescente modelo. - Hannah suspiró y tomó sus libros. - ¿Sabes? Esta es una charla bastante profunda como para tenerla en nuestra primera clase. No creas que porque te pedí que seas mi tutor me abriré completamente a tí y seremos los mejores amigos Way.
- Tranquila, camarada. - Rió Gerard. - Ok, comencemos. Estamos viendo sumas y restas de números complejos, ¿verdad? Bueno, el número complejo es Z= a + b, el número conjugado es Z= a – bi porque cambia el signo de la parte imaginaria... - Mientras Gerard le explicaba tomó el cuaderno de Hannah y comenzó a trazar algunas operaciones allí.

Hannah observaba con el ceño fruncido la hoja. ¿Cómo es posible que alguien inventara eso en la antigüedad? Un rasgo característico de ella era que debía saber el porqué a todo. Odiaba matemáticas por el simple hecho de que los números no tenían un “porqué”. La mayoría de las operaciones no eran lógicas, sino que eran números y símbolos creados por la mente abstracta de un anciano que no sabía que hacer con su vida. Las matemáticas no la llevaban a nada.

- ¿Por qué? - Preguntó Hannah, tal vez era su mente la que no encontraba la razón y Gerard si la sabía.
- ¿Por qué que cosa? - Preguntó él con el ceño fruncido.
- ¿Por qué el signo de “bi” cambia?
- ¿Porque es un número conjugado? - Preguntó Gerard, marcando lo obvio.
- Eso ya lo sé idiota. - Contestó frustrada, Gerard la miraba como si fuera una retrasada mental y no sabía como explicar su idea. - Lo que no entiendo es por qué razón cambiamos “bi”... ¿A qué nos lleva eso? ¿Para qué lo inventaron? ¿De qué nos sirve?
- Ahora comprendo por qué no entiendes matemáticas. - Gerard sonrió de lado y Hannah quiso pegarle. Algo que odiaba más que el “Gerard insoportable”era el “Gerard superador”.
- Lo siento, en algo debía fallar, Einstein. - Hannah rodó los ojos y Gerard rió.
- Cariño, ¿te puedo dar un consejo? Nunca le busques un porqué a las reglas de las matemáticas, así entenderás mejor.

Hannah decidió seguir su consejo porque tal vez tenía razón, no debía buscarles un porqué a las matemáticas. Mientras Gerard explicaba se concentraba lo más que podía en él; tratando de aprender las fórmulas. Luego de que terminaba de explicar el tema, le dejaba algunos ejercicios mientras salía a fumar un cigarro al patio. Las horas pasaron y cuando él volvió de fumar su tercer cigarrillo encontró a Hannah esparcida en el sillón durmiendo tranquilamente. Sonrió y se lanzó encima de ella haciéndola sobresaltar y pegar un grito.

- ¡Eres un maldito idiota Way!
- Debo confesarte que acepté sólo para poder hacerte la vida imposible por unas horas más. Creo que va a ser más divertido de lo que pensé.
- No peleamos en casi todo el tiempo que estuve aquí, es un progreso.
- Eso es porque nos centramos en la clase y en nada más.
- Deberíamos seguir así. Terminé los ejercicios, ¿quieres verlos?
- Después, parece que necesitas dormir mucho. Estás horrible, ¡mira las ojeras que tienes!
- Dormir es para débiles. – Hannah rodó los ojos y tomó sus cosas para irse. – Te veo mañana.

¿Lo que aprendió en su primera lección? Que las matemáticas no tienen sentido, que no debía dormir cerca de Gerard y que él era malditamente irritante. Bueno, lo último ya lo sabía desde hace mucho.