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IX
7 de Junio del 2008. 03:30 hs. New York, USA.
Gerard salió de encima de ella y se recostó a su lado. Le molestaba aceptar que había sido el mejor sexo de su vida. Aún seguía tratando de estabilizar su respiración, al igual que Cassie quien ahora se encontraba con los ojos cerrados a su lado.
Con la mirada recorrió sus ojos, su nariz y sus pómulos hasta posarse en sus labios que estaban ligeramente abiertos dejando escapar agitadamente el aire de sus pulmones. Su pecho, tapado por las sábanas, se movía al ritmo de su respiración hasta llegar finalmente a un ritmo acompasado.
Sintió la necesidad de quitarle todo aquello que obstruía la visión de su perfecto cuerpo, pero se contuvo apretando sus puños a un costado. Cassie aún seguía con los ojos cerrados y Gerard se preguntó que rayos cruzaba su mente en estos momentos.
De echo, ella se preguntaba que error había comentido en su vida anterior para tener que merecer que un hombre guapo pagara por tener sexo con ella, reduciendo su moral a la mínima expresión. Realmente, la causa principal por la que aceptó no fue el dinero, el dinero estuvo en segundo plano. Primero, fue la curiosidad de saber quién pagaría tal suma solo para estar con ella. Segundo, luego de verlo por primera vez, sintió la necesidad de saber que se sentiría besar sus labios y como reaccionaría a sus caricias. Fue instantáneo, pero tuvo que tomar una bocanada de aire. Ahora lo sabía, y llegó a la conclusión de que no se arrepentía.
Sintió un movimiento a su lado y vio a Gerard levantarse de la cama… completamente desnudo. Sin pudor ni vergüenza, buscó sus boxers que ahora estaban esparcidos en algún lugar del suelo.
Cassie sintió como sus mejillas ardían y quitó la mirada. Con esa imagen en su cabeza, flashbacks de esa noche inundaron su mente para ahora sentir, no sólo sus mejillas, sino todo su cuerpo arder.
Tan encimada estaba en sus pensamientos que no notó cuando Gerard se acercó a ella, vestido y tendiéndole un papel doblado entre sus manos. Supuso que era cheque.
- Gracias. – Murmuró fríamente Gerard, antes de desaparecer por la puerta.
***
Cassie abrió la puerta de su casa, no debía hacer mucho ruido si no quería despertar a su abuela. Estaba sumamente decepcionada. Pensó que Gerard era especial por la forma en que la trató mientras hacían el amor, pero esa fría despedida había roto toda esperanza. Suspiró, por lo menos contaba con veinte mil dólares para sobrevivir.
Como pudo, subió las escaleras. Estaba cansada tanto física como mentalmente; lo único que necesitaba era un buen baño y su cama. Aún sentía su piel pegajosa por su sudor.
- ¿Cassandra? - Se escuchó una voz en la habitación del lado y Cassie maldijo por lo bajo.
- Siento llegar tarde abuela. Tuve que ocupar un par de horas extras en el bar. - Ella se apoyo contra el marco de la puerta. - ¿Estás bien? ¿Necesitas algo?
- No querida, ve a descansar. De seguro ha sido un día muy agotador.
Instantáneamente metió una de sus manos en su bolsillo, tocando el cheque que le había entregado Gerard.
- Si, de hecho fue un día muy agotador. Que descanses, cualquier cosa que necesites me avisas, ¿ok?
- Claro hija, ve a dormir.
Con un suspiro de cansancio se dirigió a su habitación, y con la ropa puesta, se acostó en su cama, mañana se daría un baño. Aún tenía su mano alrededor del cheque que Gerard le había dado y lo sacó, temía que la hubiera estafado y sólo le hubiera dado un cheque sin fondo. Todas sus dudas se disiparon cuando notó que el cheque estaba vacío.
- ¿QUÉ? - Exclamó, pero rápidamente se calló, su abuela estaba en la habitación del lado.
La cabeza estuvo a punto de estallarle y quiso llorar. Se sentía usada, y sucia, más que todo. Tiró el papel al piso y se cubrió la cara. ¿Qué iba a hacer sin esos veinte mil dólares? Abrió los ojos y se quedó mirando el cheque en blanco, que ahora estaba en el piso. En la parte de atrás tenía un número y una palabra subrayada.
“Llámame.”
***
Gerard fumó su cuarto cigarro en lo que iba de la noche y su segundo vaso de Whisky, ya se había convertido en una rutina. Miraba a cada minuto su celular, como si con su mirada obligara al teléfono a sonar.
Fijó su vista en las llamas de la chimenea de su apartamento. El clima estaba extrañamente frío por la época del año que era, fines de primavera y la única manera de calentar su cuerpo era con Whisky. Se sorprendió por no haberse drogado esa noche, pero debía estar lo suficientemente cuerdo esa noche por si ella llamaba.
- Cassandra Cornell. - Murmuró llevando el vaso de Whisky nuevamente a sus labios.
No tenía ni la mínima idea de porqué había puesto su número telefónico en lugar del monto. Fácilmente podría haberle dado ese dinero, pero veinte mil dólares era una locura para el primer encuentro.
Aunque esa era la idea principal, estaba tan extrañamente desesperado por tocar su cuerpo que era capaz de pagar esa cantidad de dinero. Pero luego de pensarlo por unos minutos, si tenía la oportunidad de encontrarse otra vez con ella, la tomaría.
Su subconsciente le gritó “Lindsey”, pero lo calló. Por una vez en su vida, no quería sufrir, no quería recurrir a las drogas. Río amargamente cuando la idea de que ella era mejor que las drogas cruzó su cabeza.
Miró por última vez su teléfono celular y suspiró. Ya eran las 4 de la madrugada y ella aún no había llamado. Se levantó del sillón y apagó el fuego de la chimenea. De repente su móvil comenzó a sonar. Casi desesperado, lo tomó y atendió.
- ¿Hola? - Escuchó una respiración del otro lado.
- ¿Gerard Way? - Esa voz que lo había vuelto loco horas atrás, habló tímidamente por el otro lado del tubo.
- Él mismo. ¿Con quién tengo el gusto de hablar? - Ya lo sabía, pero quería sonar orgulloso, como si no le importara, demostrando totalmente lo contrario a lo que pensaba.
- Soy... Cassandra Cornell, la...
- La chica del club, si. Lo sé. - Él rio ante su timidez, y escuchó su risa del otro lado del tubo.
- Perdona la hora, pero en el cheque estaba escrito este número.
- No hay problema, estaba esperando tu llamada. - Tomó una bocanada de su cigarro, había esperado demasiado esa llamada para su gusto. - Quiero que arreglemos lo del dinero personalmente, creo que la situación de hace unas horas no fue la mejor. ¿Te molestaría venir a mi departamento para que hablemos mejor mañana? No pienses mal... - aclaró rápidamente. - Sólo hablar.
- Claro. - Ella tardó unos segundos en contestar. - Dime la dirección.
- Buckinham Residence, en la quinta avenida.
- ¿Quinta avenida? - Lo cortó ella, y notó su voz sorprendida.
- Si, quinta avenida. Piso 11, departamento B. A las 8 de la noche.
- Está bien. Entonces... ¿nos vemos mañana?
- Nos vemos mañana.
El cortó y una sonrisa de lado se extendió por su rostro sin poder evitarlo. Le aclaró que no había segundas intenciones en su invitación, pero un hombre casi nunca revela sus verdaderas intenciones. Y esta vez no era la excepción.
***
Cassie caminaba por la quinta avenida, buscando el edificio que le había señalado Gerard. Si, desconocía absolutamente todo de él. Lo único que sabía era que tenía una gran billetera y que vivía en la zona más rica de Nueva York. Fácilmente podría ser un traficante de drogas, o algo peor... un gigoló que la hacía ir a su departamento para drogarla y luego venderla al mercado negro. Trató de quitar esos pensamientos de su cabeza, Gerard era un hombre común y corriente que necesitaba compañía, sólo eso.
Llegó a la puerta del edificio, y se sorprendió por el lujo que lo rodeaba. No quería imaginarse lo que era su interior. Buscó en el portero automático el botón 11B.
- ¿Quién es? - Contestó una voz masculina.
- Cassie... Cassandra Cornell. - Corrigió rápidamente cuando recordó que él sólo la conocía por Cassandra.
- Ok, pasa.
El camino en el ascensor se le hizo más corto, llenándose de confianza. ¿Por qué debía estar nerviosa? Había estado desnuda frente a él, no había nada que esconder. Vamos, no era el primero con el que se acotaba, había tenido una adolescencia bastante... liberal. Ya no tenía 12 años para sentirse pudorosa frente a un hombre.
Pero cuando él abrió las puertas todas las barreras que había creado se cayeron a la primera mirada a sus ojos verdes.
- Hola. - Le dio la bienvenida con sonrisa algo hostil.
Ella lo observó extrañada, no debería haber ido. Podía meterse sus veinte mil dólares donde mejor le cupiera. Pero ya estaba allí y no podía dar vuelta atrás.
- Hola. - Contestó ella algo cabreada. - Aquí estoy.
Él le cedió el paso para entrar y sintió su mirada recorriéndole el cuerpo, y luego lanzó una sonrisa de lado que la dejó sin habla. Huyó nuevamente de su mirada y dedicó toda su atención al interior del apartamento.
Mierda, el interior del edificio era mucho mas lujoso que el exterior. Todo decorado en blanco y negro, con algunos cuadros abstractos colgados en las paredes. Ella comenzó a avanzar por el lugar y notó que había una pared entera en el living dedicada a algunos discos de platino y oro, portadas de revistas de AP, Spin o Kerrang donde Gerard salía y varias repisas con estatuillas de premios como los Video Music Awards. Al parecer era el cantante de una banda llamada My Chemical Romance, que cabe destacar, Cassie no tenía ni idea de su existencia.
- ¿Quieres algo para tomar? - Gritó Gerard desde la cocina.
- No gracias. - contestó sentándose en uno de los sillones.
Él regresó a su lado, con un vaso de Whisky en su mano y un cigarro en la otra, lo que lo hacía lucir más sexy. Sus ojos no se despegaban de ella, como escaneando todo su ser, haciéndola sentir incómoda.
- Perdona por la pequeña sorpresa que te llevaste al llegar a tu casa, - Comenzó a explicar él luego de unos segundos. - pero no sería muy seguro para ti si hubieras ido a tu casa con un cheque de veinte mil dólares en el bolsillo.
- No te preocupes. Entiendo perfectamente. - No pudo evitar sonreír por esto, pero por la hostilidad con la que la trataba, esta sonrisa fue borrada rápidamente.
- Tampoco te dije todo. Esos veinte mil dólares no eran sólo por lo de anoche. -Cassie ahogó un ¿qué? Y lo único que pudo hacer era quedarse mirando fijamente el rostro de Gerard. - Tengo una propuesta para ti.
- La escucho. - Contestó ella fríamente, aunque en su cabeza sólo insultaba a Joseph por haberla metido en esto.
- Va a ser una “relación laboral”. Cada vez que quiera repetir lo de anoche, quiero que estés aquí. Si no puedes venir por tus propios medios, no tengo problema en ir a buscarte. Sólo sexo, nada más. Te pagaré los veinte mil cuando termine el mes.
Cassie tuvo sentimientos encontrados. Por un lado la furia al sentir que indirectamente y con palabra menos fuertes, le dijo que quería que fuera su juguete, por otro lado, tenía ganas de golpearlo porque sólo irradiaba arrogancia y frialdad. Y por el otro, quería aceptar porque sería interesante acostarse con él por un mes seguido, además claro, de los veinte mil dólares. Sólo era sexo, ¿por qué preocuparse? Se recordó a sí misma que debía mantener a su abuela, y que ya era una mujer madura que podía llevar una relación así, aunque con Gerard se sentía como una niña de doce años.
- Acepto. - Sentenció finalmente, con arrogancia que sudaba por cada uno de sus poros.
- Entonces, comencemos. Te necesito ahora.
Toda esa confianza fue, nuevamente, derribada cuando los labios de Gerard buscaron desesperados los suyos. Y otra vez, se sintió como una niña de doce años.

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