возрождение
XIII
El cielo new yorkino comenzó a oscurecerse, tornándose de colores rosados. El sol estaba escondido detrás de los enormes rascacielos siendo inofensivo para la piel de Gerard cuando él se asomó por la terraza de su departamento. El aire fresco golpeaba su cara, y aspiró profundamente, aunque no tuviera la necesidad de hacerlo. Su organismo, su corazón, sus células, todo en él estaba muerto; biológicamente hablando. Pero se sentía más vivo que nunca.
Era extraño, podía imaginar como su corazón se aceleraría por la sensaciones de esa noche. Había encontrado un motivo para seguir viviendo, por el cual seguir luchando. Si era tan importante como había mencionado Anastasia, debía mantenerse con vida, aunque los oscuros monstruos que habitan en el interior de su cabeza quieran impedírselo. No olvidó los sucesos que lo llevaron a ser un muerto-viviente, ni tampoco que estaba dejando a alguien muy importante para él en Nueva York.
Pero sería mejor así. Al principio inintencionadamente quería salvar a Cassie de é;. ahora de toda la oscuridad que lo rodeaba y de las criaturas del inframundo que atentarían contra su vida.
Gerard Way había vuelto a la vida, literalmente.
- ¿Por cuanto tiempo podré ver el sol, Frank?
Su amigo se había acercado hasta él. Ambos habían estado todo el día empacando porque Gerard no podía seguir viviendo allí desprotegido. En cualquier momento los Blut Mitternatch podrían averiguar la verdadera identidad del dvoryanstvo y tratar de exterminarlo. Se mudarían a la sede de los voiny sveta, en Rusia donde podría comenzar con su transición y entrenamiento. Frank se apoyó contra la baranda imitando la postura de Gerard.
- Es complicado. El sol no deberá tocar tu piel hasta que completes tu transición. Luego de eso deberás utilizar el anillo que fue legado por tus ancestros, eso te protegerá del sol luego de que seas un vampiro completamente. Durante el día no podrás usar tus poderes, y si la luz solar te encuentra sin tu anillo, te comenzarás a derretir como la cera de una vela.
El silencio acompañó a ambos por unos segundos antes de que Frank tomara la palabra nuevamente.
- Sé que tal vez no debo hacerte esta pregunta, - vaciló. - por todo lo que pasó en estos días pero... ¿Qué sucedió la otra noche hermano?
Gerard sintió como su cuerpo se paralizó y su corazón inerte recibió una puntada, pero no dijo nada y siguió mirando al frente. ¿Cómo podía explicarle si él tampoco sabía lo que había sucedido esa noche? ¿Las drogas tuvieron la culpa de su intento de suicidio? ¿La oscuridad de su mente lo llevó a tomar esa decisión? ¿Los recuerdos latentes de Lindsey? ¿O tal vez la pelea con Cassie? Su vida personal se había ido en picada, estrellándose frente a una enorme pared de adoquines. Su mente no estaba en las mejores condiciones.
Lo mejor que podía hacer era no pensar más.
Había llegado a la conclusión de que convocar esos pensamientos y recuerdos destructivos sólo lo deshacían cada vez más. La noche anterior había sido el punto más bajo de su vida y no quería volver a eso, no mientras tuviera el futuro de una especie entera en sus manos. Debía enfocarse en la guerra y en lo que viniera en estos años.
- No quiero hablar de eso ahora, tal vez en otro momento. - Fue lo único que respondió. Frank asintió aceptando la decisión de su amigo.
Gerard se dirigió a la mesa y tomó el anillo de sus ancestros. Lo había guardado hacía muchos años en su caja fuerte y lo encontró cuando sacó un poco de dinero de ella. Era de plata y contenía una hermosa piedra azul – zafiro, supuso – con la forma de la flor de liz; que representaba a la realeza vampírica. Detrás, con un rubí, tenía dibujado una estrella de seis puntas, que representaba la sangre. Se lo colocó en el dedo anular y rápidamente tomó algunas maletas. Frank hizo lo mismo que su amigo y ambos salieron al pasillo mientras Gerard cerraba la puerta con llave.
Vaciló un segundo, deteniéndose a observar el departamento que no vería por varios meses. Tal vez debería llamar a Cassie y disculparse por la pelea del otro día.
“No. Recuerda lo que prometiste.”
Suspiró y cerró la puerta. Próxima parada: Rusia.
***
La noche había caído completamente sobre Manhattan. Su mente estuvo ausente durante tres días, escuchando como los profesores hablaban y hablaban pero las palabras no llegaron a ser reconocidas por su cerebro. Lo único en lo que podía pensar eran en Gerard Way.
¿Debía devolverle el dinero? Era lo correcto, el dinero no fue la razón por la que se acostó con él, eso era obvio. Pero... ¿quería volver a verlo después de lo que había sucedido? Eso debía pensarlo bien.
Tenía miedo, lo aceptaba. A pesar de conocerlo desde hacía poco tiempo, podía reconocer cada mirada, cada gesto de su rostro. Pero la noche de su pelea no parecía él, no era el Gerard del que se había enamorado. Era irreconocible la violencia con la que la había tratado, pero como su abuela siempre decía “nunca terminas de conocer a las personas”.
Ese era el lado que le faltaba por conocer; su lado violento, su lado oscuro. ¿Era esa la oscuridad que él tenía miedo de mostrarle? Estaba mal, lo podía notar por la forma en que la miraba cuando la abrazaba, como pidiendo que lo salve de lo que sea que lo atormentaba día y noche.
Pero, ¿de qué? “De él mismo”
La mente es nuestra arma más poderosa, capaz de construir cosas inimaginables y descubrir los misterios inciertos del hombre.
Pero también capaz de destruirnos a nosotros mismos. Con un click, los recuerdos que fueron empujados a lo más oscuro de nuestra mente vuelven a flote, corrompiendo nuestra fuerza de voluntad, volviéndonos débiles humanos.
Cassie corría por la Quinta Avenida, con la lluvia pegando en su cara. Había decidido que hablaría con Gerard y le diría que lo sentía, no quiso herirlo. Ahora lo entendía, Gerard estaba herido por su pasado y eso afectaba seriamente su futuro. No sabía qué lo había afectado así, pero lo ayudaría en lo que pudiera; porque si ella pudo salir adelante, él también lo haría.
Entró al lujoso loby del edificio corriendo y protegiéndose de la lluvia que había comenzado a caer. Un hombre de presencia elegante que estaba detrás del mostrador la observó con desprecio cuando entró al lugar con sus ropas mojadas.
- Necesito que le diga al señor Way que Cassie Cornell necesita hablar con él. - El hombre la observó con el ceño fruncido y ella comenzó a impacientarse. - ¿Qué espera? ¡Vamos! Hable por ese teléfono y dígale que Cassie Cornell quiere hablar con él.
- El señor Way está viviendo en Rusia ahora, señorita. - Cassie sintió como la bilis se le subía a la garganta.
- ¿Cómo que está en Rusia? - Contestó con un hilo de voz.
- Sí, se fue por un tiempo indefinido. Si quiere le puedo dar el teléfono de su hermano.
- No, muchas gracias.
Fue lo único que pudo contestar. Quería gritar, quería llorar. ¿Por qué se fue tan de repente? ¿Por qué no le dijo nada? Sintió como si un balde de agua fría le cayera encima cuando supo la razón.
Se fue por ella.
Una lágrima solitaria calló por su mejilla pero se confundió rápidamente con las gotas de lluvia que caían. La soledad la abrazó nuevamente y caminó sin mirar atrás. Tal vez fue una señal de que debía dejarlo atrás. Sea lo que sea que hayan tenido, estuvo segura de que por más confuso que fuera, nunca había sentido por nadie lo que sintió por él.
“Adiós Gerard"

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