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Fuego.

Samantha Waldorf domingo, 18 de diciembre de 2011 ,
La piromanía es un trastorno o enfermedad psicológica del control de los impulsos, que produce un gran interés por el fuego, cómo producirlo, observarlo y extinguirlo.



Y grita ¡Fuego!, mantenlo prendido ¡Fuego!



Caminaba alrededor de la casa como un león rodeando a su presa. En su mano, un tarro que impulsaba hacia delante y hacia atrás dejaba caer chorros y chorros de combustible. Sus ojos lucían ausentes pero un brillo extraño dominaba sus pupilas. Sus orbes color oliva lucían un fulgor maligno que conocía perfectamente. Una sonrisa de lado impregnada en su rostro aumentó al sentir el olor tan particular de la gasolina. Su sangre comenzó a correr velozmente por sus venas. Un sentimiento indescriptible lo embargó cubriendo cada terminación nerviosa de su cuerpo. 

Al llegar a la altura de la ventana de la habitación que ambos compartían, escuchó como su amado gemía un nombre que no era el suyo. Lo descubrió unos minutos antes, cuando llegó de trabajar y los encontró en su cama. En ese momento sintió como su mundo se venía abajo. Alguien más estaba besando sus labios, alguien más estaba reclamando su cuerpo y no era él. No dijo una palabra y salió de la habitación con lágrimas en los ojos. La tristeza fue reemplazada por la ira y minutos después sustituida por la anticipación de lo que iba a hacer. Así que se dirigió al garage y tomó varios barriles de combustible que guardaba para su auto. 

El fuego avivaba su alma, lo hacía sentir cosas que ninguna persona podría hacer en él. El único que podía hacerle experimentar sensaciones similares a lo que el fuego hacía el él es Frank, el fuego personificado. Tan pasional, ardiente, impulsivo, entusiasta. Gerard tenía una extraña y morbosa fascinación por él: buscaba encenderlo al tocar su cuerpo cuando se entregaban el uno al otro, observarlo cada minuto del día y como todo fuego alguna vez debía ser extinguido

Se alejó lo suficiente con el recipiente en sus manos haciendo un camino con la gasolina. Lo tiró a un lado, ya vacío y encendió un cigarro para aminorar la ansiedad. Cerró sus ojos disfrutando del sabor amargo que dejaba en su boca pero la impaciencia comenzó a hacer estragos en él. Con una sonrisa macabra dejó de caer su cigarrillo prendido y un camino de fuego comenzó a extenderse por el césped hasta rodear la casa. 

Escuchó gritos de Frank y su amante dentro de su casa, pero no le importó. El fuego de Frank debía extinguirse alguna vez, ¿y qué mejor hacerlo con llamas producidas por él mismo? 

- Adiós Frank. - Murmuró mientras el fulgor de las llamaradas que ahora cubrían completamente el lugar iluminaban su rostro. 



Y no lo dejes apagar. 

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