IV
Primera parte
Gerard despertó. No quiso abrir los ojos pues tenía mucho sueño, pero recordó que era viernes. Sagrado y glorioso viernes. Pudo escuchar como los pájaros cantaban fuera de su ventana. El frío invierno ya no era tan frío y dejaba dar paso a los primeros días templados de Marzo. Tenía un optimismo que rara vez le sucedía recorriéndole cada poro de su cuerpo. Se tapó sonriendo, sólo unos segundos más en la cama y estaría preparado para disfrutar… ¿Qué podía arruinar tan perfecto día?
- ¡Gerard! ¡Me estás destapando! – Dijo una voz femenina a su lado.
Oh cierto, lo había olvidado. Pequeño detalle. Sólo bastaron cuatro palabras salidas de la boca de Ashley Canson para que su sonrisa antes portada se convierta en una línea recta. Y se dio cuenta que esa actitud positiva que había llevado hacía unos segundos, no era más que los efectos secundarios de haber satisfecho sus necesidades sexuales.
Gerard sólo gruñó y rodó sus ojos. Ashley había llegado a su casa la noche anterior rogando por una oportunidad. Él le repitió hasta el cansancio que no; porque confundía las cosas, pero Ashley comenzó a llorar y gritar en el pórtico de su casa que si “sexo era lo que quería, sexo tendría”. Para evitar que los vecinos llamaran a la policía, Gerard la invitó a entrar. Apenas cruzaron la puerta Ashley se colgó de su cuello desesperadamente tratando de besarlo. Desde la cocina escuchó a Mikey gritar “O subes a tu habitación o le digo a mamá que tuviste sexo en sus sillones franceses”, para evitar ver el espectáculo que estaba llevando a cabo su hermano en la sala. Gerard gruñó y subió casi a rastras con Ashley pegada a su cuerpo como una sanguijuela.
- ¿Tienes frío? – Preguntó sugestivamente en su oído y a Gerard le dieron ganas de vomitar la forma en la que lo dijo.
- No. – Contestó de mala manera. – Deberías irte, ya casi es hora y llegarás tarde.
Gerard se levantó rápidamente, no la soportaba. Pero es hombre y tiene necesidades que satisfacer. Comenzó a elegir la ropa que usaría hoy de su armario, dándole la espalda a su amante que gritaba histéricamente.
- ¿Me puedes explicar que rayos te sucede? ¿Por qué me tratas así? ¡Pensé que me amabas! – Gritó tomando las sábanas y envolviendo su desnudo cuerpo en ellas. – Gerard, ¡te estoy hablando!
- Si, si, te escuché. – Contestó con cansancio. - ¿Qué quieres?
- ¿Cómo que qué quiero? ¡Eres un idiota Gerard Way! Te amo, ¿acaso no lo notas?
Quiso golpear su cabeza contra su armario cuando escuchó que estaba llorando ¿por qué no podía mantener sus pantalones puestos por sólo un día? Justo en una época de sequía apareció por arte de magia Ashley rogando por su “amor”.
“Qué pesada” pensó y se irguió para tomarla de los hombros mientras ella se secaba unas lágrimas que caían por sus mejillas.
- Ashley, cariño – dijo en tono calmado. – No podemos estar juntos. Me gustas, pero estás obsesionada por tener algo que yo no te puedo dar. No puedes condenar a esta bestia salvaje – señalándose con una sonrisa – al encierro. ¿Lo entiendes? Necesitas a un tipo que te soporte y que te valore como por ejemplo… Spencer Hunington
- Tú. – Contestó ella al mismo tiempo con una mirada risueña.
La sonrisa que llevaba Ashley en su rostro le dio ganas de vomitar. Todo le había salido mal. Había deseado deshacerse de ella sutilmente pero sólo logró enamorarla más con ese tono consternado – y debemos aclarar, sobreactuado. - Quiso acotar algo más pero un claxon sonó fuera de su casa y no necesitó asomarse a su ventana para saber que se trataba de Hannah. Maldijo mil y una veces en su interior.
- ¿Qué hace Hannah Iero en la puerta de tu casa? – Gritó Ashley y Gerard tembló. Toda la ternura de su mirada había sido reemplazada por furia. - ¡¿Te estás acostando con ella también?!
Justo cuando pensó que su día no podía empeorar. Sólo rogaba porque Ashley no se lanzara contra Hannah porque sería carne picada.
- Que hermoso, ser perseguido por dos psicópatas. – Pensó en voz alta y se arrepintió de inmediato al notar su mirada colérica encima de él.
- ¿Qué dijiste? ¡Vamos, contéstame!
Y los gritos de Ashley parecieron lejanos cuando un pensamiento lo paralizó. ¿Qué sucedería si Hannah baja a buscarlo? Ashley se le lanzaría encima y Hannah se la agarraría con él – porque no hacen falta razones para que se enoje – Se produciría una masacre de magnitudes catastróficas. Tragó saliva y se colocó rápidamente sus zapatillas.
- Lo de Hannah es una larga historia pero ahora no te la contaré porque debo irme. Si te vas, sal por la puerta trasera. No quiero que mis padres te vean.
Y sin decir más salió corriendo de su habitación escuchando los gritos ensordecedores de Ashley. Subió al auto pegando un portazo y agradeciendo internamente que Hannah no se había movido de su lugar. Trató de recuperar la respiración y cerró los ojos por un segundo, inhalando y exhalando profundamente. Cuando los abrió notó que tres pares de ojos lo observaban extrañados.
- ¿Qué? ¡Conduce! – Ordenó a Hannah en un tono alterado.
Ninguno se atrevió a hablar luego de la forma dramática en la que llegó Gerard y fue el pequeño Mikey quien rompió el silencio.
- ¿Estabas escapando de la chica de anoche?
Los Iero no pudieron evitar largar una carcajada y por mucho que lo quiera negar, si. Estaba huyendo de una chica y no de cualquiera, de Ashley Canson, el diablo personificado en lo que respecta a relaciones amorosas. Triste, pero cierto y eso reducía su orgullo masculino.
- Sólo cállate Michael.
***
Definitivamente era viernes. Al contrario de Gerard, a Hannah le había durado durante todo el día el optimismo. Había dormido más de 6 horas y verlo a Gerard correr tan desesperado hasta su auto fue una sensación muy gratificante. Ver su cara de espanto mientras trataba de recuperar su respiración fue…
“Basta Hannah, es un día demasiado bello para llenarlos de esos pensamientos”
Con una sonrisa impregnada en su cara se acercó a Alex quien estaba con los demás deportistas. Su novio sonrió al verla llegar y le dio un beso en la frente. A veces le costaba creer lo perfecto que era, pero sólo una de sus sonrisas de modelo bastaba para cegarla completamente. Sólo se paró a su lado, observando su rostro.
Estaba enamorada.
“O eres sólo una idiota cegada por una cara bonita” le había dicho una vez Gerard mientras estaban en unas de sus cenas familiares y Hannah no sacaba la vista de su teléfono celular, leyendo los mensajes cursis que Alex le enviaba.
Jamás entenderá el odio profundo que ambos compartían. No había momento en que Gerard le recordara que Alex era un idiota; o que Alex, al pasar Gerard, lanzara algún insulto hacia él. Pero luego se dio cuenta que Way es un narcisista insoportable y envidioso, y Alex es demasiado perfecto como para que Gerard le llegase, ni siquiera, a los talones.
Los chicos estaban hablando sobre la fiesta de esa noche, que sería en la casa de Alex y el ambiente festivo ya se notaba en el pasillo. Las fiestas de Alex estaban destinadas a ser inolvidables. El año anterior había invitado a uno de los DJs más importantes de USA, y lanzó la casa por la ventana. Las mujeres esperan sus fiestas para mostrarse con ropa cara y de marca, y que apenas cubre lo necesario. Los hombres para deleitarse con la vista y sacar sus garras para ver cual será su próxima presa; además de embriagarse hasta no poder más.
Las fiestas, para Hannah, son el único momento de la semana donde puede ser un total y completo desastre. Generalmente, los domingos se la pasa pidiendo disculpas por lo que hizo la noche anterior. El alcohol la transforma en otra persona y al otro día, se quiere pegar un tiro – literalmente.
No quería ni recordar lo que sucedió hace unas semanas, cuando terminó nadando en ropa interior, en pleno Enero y con 3º de temperatura. Lo que le costó obviamente, una gripe de muerte.
Se estremeció al recordar sus accidentes y se concentró en la conversación de los demás.
- ¡Y habrá espuma! ¡Será una total locura! – Dijo Alex mientras chocaba las manos con Spencer y reían exageradamente.
A Hannah le pareció una charla poco interesante y en el gentío divisó a Brittany. Se alejó de Alex sin decir una palabra y esquivando a un par de alumnos comenzó a dirigirse hacia su amiga, pero una diminuta presencia se interpuso entre su camino.
- Tenemos que hablar Iero. – La interceptó Ashley con el ceño fruncido.
Hannah la imitó, pero su gesto fue más de confusión. Ashley se había parado cruzando sus brazos sobre su pecho y tenía una mueca dura sobre el rostro. Sus ojos verdes refulgían en furia y por primera vez en su vida, Hannah se preguntó que podría haber hecho mal para que se enfadara así. Ashley era alguien insoportable, y jamás le había caído bien pero no se enojaba fácilmente así que supuso que debió haber sido algo muy malo.
Detrás de ella vio a Gerard, quien le hacía señales desesperadas con sus brazos para que se alejara rápido de allí. Ok, eso hacía la situación mucho más extraña. No es que quisiera ayudar a Gerard de alguna forma, pero quería evitar a toda costa interactuar con Ashley.
- Ashley, querida. Debo irme, Brittany me está esperando. Pero si quieres podemos hablar en otro momento.
Y dejó una estela de polvo como en las películas, por la rapidez que se alejó de Ashley. Con la boca moduló un: “Me debes una grande” a Gerard, quien suspiraba aliviado y entraron al aula de matemáticas.
Le debía una explicación.

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