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Zero. Welcome to the jungle, it gets worse here everyday.

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011
Zero





Hannah


Si alguna vez me preguntan con qué compararía a la secundaria, diría que con una jungla. 

¿Por qué? Bueno, vamos a ser explícitos: todos están esperando a que el otro caiga para así devorarselo – y no lo digo en el sentido sexual de la frase. - 

Dejemos un poco más clara la cuestión y tomemos una pirámide de cadena alimenticia. 

En la base están los hervíboros, esos alumnos que pasan desapercibidos la mayoría de las veces, cuya ausencia no afectaría a nadie. La mayoría del instituto, podríamos decir. Nerds, skaters, góticos, miembros del club de arte, etc. 

Más arriba están los predadores, o populares. Un grupo de animales que solo cazan para alimentar su ego personal. Destruyen a los hervíboros para poder sentirse bien con ellos mismos. 

En una escala más alta están los cazadores más poderosos. Los depredadores piensan que están a su misma altura, pero la verdad es que no es así. Son los reyes de la selva y manejan la preparatoria a su antojo. Son los más sabios, fuertes y viejos – porque cabe destacar que están en su último año. - Nadie se atreve a enfrentarlos. 

¿Dónde me encuentro yo? En la cúspide de la pirámide junto a los cazadores más poderosos, por supuesto. Sería como... la leona, la reina suprema. ¿Y qué sería de la reina sin su rey? El león sería Alex, mi novio y el chico más popular del colegio. Brittany sería la segunda al mando, y la leona más sabia de toda la manada. Todo bajo nuestros pies. 

Pero siempre está la hiena que espera verte desangrándote en el piso para así reirse de tí en tu cara y poder devorarte, porque esa sería la única manera en la que podría derrotarme. Chloe White. Ella diría que es la leona alfa, pero ¡vamos! Tiene el ego tan alto que no puede aceptar que es inferior. 

Durante los primeros años de secundaria aprendrí que si no cazas, los demás te cazan a tí, y que de nada sirve ser el más débil porque los más fuertes sacarán provecho de tu debilidad. ¿Podré seguir siendo la leona alfa? Eso lo veré a medida que cruzo la jungla. 
Bienvenido a la jungla.


***

Gerard



La preparatoria es una maldita selva. Oscura, espeza y difíil de traspasar. Llena de osbtáculos naturales como la presentación de fin de año, los exámenes de historia americana del Profesor Lockwood o los baile de primavera. Atestada de animales muertos de hambre esperando el momento oportuno para alimentarse de ti. 

Si me preguntaran que rol juego en la cadena alimenticia debería decir que soy un explorador intrépido e idiota que pensó que todos los animales de la selva serían como muestran en Tarzán. Dulces, amigables y cariñosos. 

Bah, maldito Disney. ¿Por qué nos mentiste de esa manera? Son cazadores voraces esperando un paso en falso para así poder atacarte. 

Cuando comencé la preparatoria me prometí a mi mismo tratar de pasar lo más desapercibido posible. Algo que sería bastante complicado porque, recuerden que soy el explorador humano que rompe el equilibrio natural y el blanco predilecto de los predadores. Mejor dicho, el punk rebelde de el instituto al que toda la secundaria quiere patearle el trasero. 

Lo más gracioso de todo es que yo tengo algo que ellos no: cerebro. Se mueven en manada y siguen sus instintos como verdaderos animales que son. Mientras tratan de atacarme con sus garras y colmillos yo tengo una 9 mm con silenciador. ¿Mi ventaja? Lo que los idiotas no saben es que hago taekwondo desde los siete años y que nunca podrán ganarme en una pelea cuerpo a cuerpo. 

Luego de ser atacado por los cazadores durante el primer tiempo, comienzas a adaptarte a su ecosistema y a ellos mismos. Apredes a defenderte físicamente y también mentalmente. Como una vez alguien dijo: “Si no puedes contra ellos, dómalos.” Era así, ¿verdad? Como sea, con el tiempo te vas ganando cierto respeto. 

De la mano de ese respeto vienen los beneficios. Digamos que practico la zoofilia* frecuentemente. Las hembras se sienten atraídas hacia el explorador tan sólo por ser diferente a los de su especie y ¡Voailá! El explorador luego se convierte en el promiscuo de la preparatoria. 

Está claro que esto los depredadores no lo saben, porque sino sería carne muerta en tan sólo unos segundos. Podré ganar en una lucha cuerpo a cuerpo, pero obviamente no podría en contra de decenas de animales con ansia de sangre. 

Como debe haber quedado claro, el explorador espera cruzar la selva sin problema y pasando desapercibido, algo que se convierte en una tarea imposible. El más fuerte es constantemente atacado por los que se creen más fuertes. Músculos vs. Cerebro.
Bienvenido a la jungla.

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