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VII. Your past, my present and "Chinatown".

Samantha Waldorf martes, 24 de enero de 2012
VII


Frank roncaba en el asiento de copiloto al ritmo del motor de su auto. Hannah sólo suspiraba con la cabeza apoyada en el volante. Nuevamente se encontraba estacionada frente la casa de sus vecinos con su hermanito roncando como si no hubiera dormido en días. Ella había sido la que realmente no había podido dormir durante noches, no el holgazán de su hermano que no salía de su cama durante todo día. 

Generalmente, los fines de semana aprovechaba para dormir todo lo que no había podido durante la semana, pero luego de su desastroso fin de semana junto a Way sólo pudo descansar el domingo. Cuando llegaron a la madrugada a Belleville, sólo los Way estaban en su casa porque sus padres habían ido a la policía a realizar una denuncia ya que no aparecían. Luego de que los Iero llegaran y los regañaran por ser tan irresponsables de no avisar donde estaban y de desaparecer a “hacer quien sabe qué” - sus palabras, no las de Hannah - pudieron explicar la odisea por la que habían pasado. Los adultos no les creyeron para nada, entonces Hannah inteligentemente indicó que habrían llegado en el auto si hubiera funcionado. Donna preguntó como habían vuelto y Gerard se aclaró la garganta antes de explicar su versión de la historia. 

— Tuve que prostituir a Hannah con unos narcotraficantes para que nos acerquen con su jet privado.

Toda la sala se quedó en completo silencio viendo como, en cámara lenta le golpeaba la entrepierna y gritaba su tan habitual “¡Idiota!” Luego de eso se fueron a dormir por el resto del día, dejándola totalmente descansada y lista para afrontar la semana. 

Pero como ya era costumbre, su insomnio hizo presencia durante la madrugada y dos nuevas películas Western se anotaron en su lista. Las ojeras eran cada vez más grandes y no encontraba ninguna forma de que el sueño volviera a ella durante la noche.

Si seguía quedándose unos minutos más con la cabeza en el volante podría caer dormida, así que a duras penas bajó del auto y se dirigió con mucha pereza a la puerta de los Way. Antes de que llamara, se abrió mostrando a un sonriente Gerard y a un dormido Mikey que caminaba por inercia. 

—Violet. – Dijo él cortésmente, de seguro aún tenía la patada de la noche anterior grabada en su mente.  
—Arthur. – Contestó con el ceño fruncido pero luego le palmeó el hombro. – Bien, haz aprendido a utilizar el despertador. 
—Algún día debía comenzar a hacerlo, no quiero despertar siempre con un baldazo de agua fría.

Hannah sonrió con aprobación recordando el método que había utilizado para despertarlo durante todo ese tiempo y ambos se dirigieron al auto donde ya Mikey se encontraba dormido. Gerard se sentó en el asiento trasero, recostándose contra la puerta para dormir unos minutos más. 

—Por favor, no pongas esa mierda de música electrónica… - Pidió Gerard bostezando. – No quiero arruinar mis oídos. 
—Tranquilo camarada. Pondré algo de rock para ti. 

Colocó el CD de compilados de su hermano y “Nothing Else Matters” de Metallica comenzó a sonar. Gerard se relajó aún más en el asiento escuchando la voz de Hetfield salir por los parlantes, llevándolo a un estado de letargo profundo. Cuando la canción llegó a su fin, Hannah observó por espejo retrovisor como Gerard había caído dormido. Maldito, debía afrontar las consecuencias de haber llamado “mierda” a la música que escuchaba. 

Así que comenzó a adelantar las canciones hasta que el nombre “Breakdown – Breaking Benjamin” apareció en la pequeña pantalla del estéreo. Una sonrisa de maldad se extendió en su rostro mientras subía el volumen hasta el máximo. 

Maldito infeliz. 

Las primeras notas en piano de la canción comenzaron a sonar y luego el grito ensordecedor del cantante llenó el auto. Los tres saltaron espantados al mismo tiempo y Hannah no pude hacer más que reír como loca mientras aparcaba en el estacionamiento del colegio.

—¡Estás loca! ¡Loca! ¡Nunca conocí nadie más demente en mi vida! – Gritó Gerard bajando del auto y pegando un portazo. Los pequeños lo siguieron ignorando a Hannah quien aún cerraba su auto con llave y colocaba la alarma, sin poder parar la risa.  
—Lo siento, ¡no lo pude evitar! Sabes perfectamente que no puedes joder con la música que yo escucho Gerard. Además, estuve todo el fin de semana portándome bien, algo malo debía hacer. – Dijo con una sonrisa inocente. 
—Me pegaste una patada en la entrepierna el domingo, ¿no recuerdas eso? – Fue lo único que contestó moviendo la cabeza de un lado al otro. - ¿Dónde quedó nuestra tregua? 
—¿Tregua? – Preguntó Mikey quien junto a Frank estaban prestando atención a la conversación. - ¿Hicieron una tregua?
—Sh, esta es una conversación de grandes. Ve a ver Bananas en Pijamas o algo. – Le dijo Hannah frunciendo el ceño y tomando a Gerard del brazo para alejarlo más de los menores. 
—¿Qué te dije Frank? – Dijo Mikey mientras se alejaba junto a su mejor amigo. – Me debes $20. 

No alcanzaron a escuchar que fue lo que Frank replicó porque ya estaban lo bastante alejados como para entender. 

—Lo siento, pero he pasado todo el fin de semana sin golpearte, insultarte o discutir contigo, ¡así que algo debía hacer! Nuestra relación no es nada sin ellos, ¿entiendes lo que digo?

Gerard se mantuvo parado frente a ella con los brazos cruzados sobre su pecho mientras observaba con los ojos entrecerrados a Hannah quien no hacía más que sonreír tiernamente. 

—Entonces, ¿si no estás injuriandome de una manera o de otra, no podemos coexistir?
—Exacto. - Dijo ella con una sonrisa. - No puedo evitarlo, es más fuerte que yo. 
—Entonces te atienes a las consecuencias. - Contestó Gerard encogiendo los hombros. - No quiero lloriqueos, ¿ok?
—Ok, pero tampoco seas tan duro... Recuerda que soy una dama y debes tratarme como cual. - Gerard la miró arqueando una ceja. - ¿Qué? No me mires así, ¿acaso no soy una dama? 
—Una dama no golpea tan fuerte. 
—Deja de llorar Gerard. - Hannah rodó los ojos y comenzó a caminar hacia Brittany que la esperaba en la puerta del edificio principal. - Esta tarde ven a mi casa así me enseñas matemáticas. No te olvides, es lunes. 
—Nunca cariño. 

Hannah se alejó riendo por el sobrenombre que Gerard le dijo. Maldito idiota, era demasiado divertido pelear con él. Luego de esa charla “emotiva” en la que habían tratado de mantener la paz se dio cuenta que era en vano. ¿Qué sería de su vida sin tener a Gerard para molestar? Hacer las paces con Gerard era algo inútil e ilógico. Y por mucho que quisiera negarlo, a pesar de odiarlo le divertía sus peleas. A lo lejos vio como Brittanny la observaba riendo a medida que se iba acercando a ella.

—¿De qué te ríes?
—De la sonrisa idiota que tenías en el rostro luego de hablar con Way. ¿No eras tú la que hace unas semanas me llamó “loca” por considerarlo atractivo?
—Oye, oye – dijo parándose en medio del pasillo y haciendo que Brittany la enfrente. - No pongas palabras en mi boca, ¿ok? En ningún momento dije que Way era atractivo. ¿A qué viene todo esto?
—Es que... no se hablaron durante casi tres semanas y luego vienes con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Qué sucedió que no me contaste?
—Nada de lo que te estás imaginando Brittany. Su padre nos envió a Middle Township para recoger un paquete y el motor del auto se fundió. La convivencia hizo que las cosas se pusieran difíciles y bueno... ambos nos pusimos sentimentales y...
—¿Tuvieron sexo?
—¡Ugh Brittany! - Gritó Hannah haciendo una mueca de asco. - ¡No! Hicimos las pases. 
—¿Hicieron las pases? - Preguntó frunciendo el ceño. - ¿Tu y Way se llevan bien ahora?
—Oh no, claro que no. Estamos lejos de eso, créeme. Le pateé la entrepierna el domingo a la madrugada.
—Oh. Bueno... ¿entonces porque viniste sonriendo? 
—Porque creo que he vuelto a sentir el placer que sentía en mi infancia molestando a Gerard.

Brittany se paró frente a la puerta del salón de matemáticas y la observó atentamente con los ojos entrecerrados. 

—Estás loca. - Hannah rodó los ojos antes de entrar al aula. 
—Ya me lo han dicho varias veces. 



***



La clase de matemáticas era tan aburrida como siempre pero agradecía internamente a Gerard porque por fin, entendía lo que el profesor estaba explicando. En medio de la clase un papel golpeó su cabeza y se dio vuelta, dispuesta a insultar a Way – porque estaba segura de que había sido él – pero se encontró con Alex saludándola con la mano. 

Hannah inmediatamente cambió su semblante por una sonrisa boba y los ojos se le iluminaron. ¡no había oído de él en todo el fin de semana! Vio por el rabillo del ojo como Gerard murmuraba un “patético” y rodaba los ojos. Ella sólo lo fulminó con la mirada y alzó el bollito de papel. 

Me dejaste plantado el sábado a la noche, se suponía que íbamos a ver el partido del Manchester Ud contra el Liverpool” 

Frunció el ceño, no tenía ni idea de que eran pero supuso – por el nombre de las dos ciudades inglesas – que hablaba del partido de la liga inglesa de fútbol que iban a ver juntos. Bufó por lo bajo, odiaba ver deportes con Alex pero su vida dependía de quien tenía más puntos en la Champions League o quien ganaba la copa Davis en tenis. 

Lo siento, tuve un problema familiar durante el fin de semana. ¿Crees que hoy podemos recuperar el tiempo perdido?” Obviamente, no mencionaría el pequeño incidente con Gerard. Le lanzó el bollito de papel nuevamente y cinco segundos después lo sintió golpear otra vez contra su espalda. 

Claro cariño, ¿qué propones?

Ella sonrió y con rapidez le explicó que en el canal 45 darían un especial de 6 horas con películas de Polanski, uno de sus directores favoritos. Hannah podría ser considerada superficial y hueca por la mayoría del instituto, pero sólo las personas más cercanas a ellas sabían que tenía una debilidad por las películas antiguas. Era toda una cinéfila. Con emoción le lanzó el papelito y esperó a ver la reacción de Alex quien sólo frunció el ceño y arrugó la boca. Rápidamente escribió su respuesta en el papel. 

Tengo entrenamiento con el equipo, ¿puede ser otro día?” 

Hannah apretó el papel en sus manos fuertemente. Le estaba mintiendo, Alex tenía entrenamiento los martes y jueves, no los lunes. Era obvio que no quería pasar tiempo con ella. Era obvio que no quería pasar 6 horas con ella encerrados en una habitación viendo películas de Polanski. Suspiró y recostó su cabeza en su cuaderno, no le contestaría. Alex podía ser muy perfecto, pero necesitaba algo más que caricias, besos y palabras cursis. Necesitaba un chico que viera “Chinatown” con ella. 



***



Gerard recorría la parte desolada del campus dirigiéndose a la zona donde se juntaba entre los recreos junto a Bob y Ray. Mientras caminaba con la cabeza baja y pateando una piedrita seguía dándole vueltas al tema que había estado maquinando durante toda la clase de matemáticas.

El amor apesta. 

Y no, no lo decía por ser un resentido o algo por el estilo, es sólo que le asqueaba la manera en la que alguien lucía enamorado. Lo vio en Ashley, esa mirada tan idiota que le dedicaba como si fuera el ser más perfecto del mundo. Realmente lo repugnaba ver como ella lo colocaba en un pedestal. Y luego lo vio a Hannah, mirando a Alex como si fuera lo más perfecto del mundo y como si no pudiera vivir sin él. ¿Realmente lo conocía o esa mirada era producto de su imagen prefabricada que tenía de él? Si eso era amor, el amor apestaba. 

Para Gerard el amor “si es que existe” - agregó en su mente – es cuando una persona conoce todos tus defectos y virtudes, pero te sigue amando porque esas imperfecciones son las que la hacen perfecta. ¿Existiría el amor como Gerard pensaba que era? Un pensamiento un poco ilógico viniendo de un adolescente que se acuesta con todo lo que tenga pechos. 

—Gerard. - Una voz femenina lo sacó de sus pensamientos. Oh mierda, Ashley lo había seguido desde el salón de matemáticas.
—Ashley, cuantas veces debo decirte que... - Sus palabras se atascaron en su garganta cuando vio de quien se trataba. - ¿Chloe? 
—Hola. - Dijo ella con una sonrisa tímida. 

Gerard sólo se preguntó en su mente si eso era una respuesta a la pregunta anteriormente hecha. Vio cómo Chloe se removía incómoda debajo de su mirada pero no sabía que decir, ¿qué se dice luego de dos años sin hablar? ¿Qué se dice cuando tienes a la chica por la que sufriste tanto frente a tus narices? Se paró rectamente ignorando la belleza de Chloe, que lo había cautivado cuando a penas tenía quince años y tratando de demostrar que cuando le dirigió la palabra no lo afectó en nada. 

—¿Qué quieres? - Preguntó duramente.
—Lo siento. - Dijo mordiéndose el labio y Gerard rió cruzándose de brazos. 
—¿Qué? ¿Esperaste dos años para pedirme perdón? ¿Justo luego de una clase de matemáticas?
—Perdón, pero fue duro para mí también, ¿ok? - Dijo peinándose hacia atrás un mechón de su pelo rubio. - Anoche estuve pensando en lo idiota que fui en tirar por la borda lo nuestro Gerard, era especial. 
—Claro, fue demasiado duro abrirle tus piernas a Alex Edwards, ¿verdad? - Espetó con dureza. - Lo nuestro fue especial Chloe, fue. Tiempo pasado. Deberías haber tenido en cuenta eso antes de engañarme con el idiota de Edwards. 
—Era una idiota Gerard, soy una idiota, pero antes era más idiota. Lo siento tanto, nunca quise lastimarte. 

Gerard la observó con incredulidad, casi shockeado porque fueron exactamente las mismas palabras que dijo Hannah cuando le pidió perdón. Tal vez esto es algún complot entre las dos para joderlo aún más. Aunque eso sería imposible ya que las dos se odian más que a nada en el mundo y Hannah lucía realmente sincera cuando se disculpó. Y ahora Chloe también parecía sincera. 

Tal vez era sólo una coincidencia. Gerard sólo suspiró y asintió. Chloe tomó esto como una invitación y se acercó lentamente colocando sus brazos alrededor de su cuello. Comenzó a acercar lentamente su boca hasta que sus labios se rozaron y sonrió. Gerard podía sentir su aliento a fresas entrar en sus fosas nasales y se sintió como un niño nuevamente, teniendo a la chica que le gustaba entre sus brazos. 

—¿Recuerdas nuestra primera vez Gerard? - Gerard asintió tratando de no mostrar ningún sentimiento en su rostro. Tomó su celular y miró la hora.
—Tenemos exactamente 20 minutos. Mejor nos apuramos si quieres que sea rápido. 

Gerard sonrió de lado cuando sintió los labios de Chloe atacar los suyos con una furia salvaje pero en su mente corría a mil por hora. Tenía miedo por volver a enamorarse de Chloe White y se odiaba a sí mismo por no resistirse ante una mujer. 



***



El camino de vuelta fue tenso, en realidad porque ninguno de los dos estaba presente en ese momento, sus mentes estaban demasiado lejos. De fondo se escuchaba las voces de Frank y Mikey que hablaban animadamente sobre la nueva serie de ciencia ficción que había estrenado FOX. Tampoco estuvieron presentes cuando comenzaron con su clase de matemáticas. Gerard explicaba por inercia, como si cada palabra hubiera sido memorizada. Hannah sólo asentía, pero no entendía ni un comino de lo que estaba diciendo. 

—Y ahí termina la ecuación. - Dijo recostándose en la cama de Hannah y prendiendo la televisión. - Oye, pensé que tardaría más en terminar en tu cama.
—Ya se me hacía raro que no lanzaras un comentario inapropiado. - Dijo rodando los ojos y sentándose a su lado. - ¿Qué te sucede?

Gerard quitó la vista de la pantalla y la dirigió a Hannah quien ahora lo observaba con atención. ¿Cómo había notado que su atención estaba muy lejos? Él frunció el ceño, Hannah había estado en el mismo estado que él. La verdad no tenía ganas de tener una charla a corazón abierto, mucho menos con Iero, así que desvió el tema. 

—Puedo preguntar lo mismo. - Y dirigió su mirada nuevamente al televisor. - ¿Qué te sucede?
—Yo te pregunté primero, respóndeme. 
—Pero yo soy el mayor. - Contestó con guiño. 
—Gerard, ¡no utilizamos esa excusa de “yo soy mayor” desde que eramos niños! Dime que te sucede.
—Si tú me dices primero yo te lo digo. 

Hannah lo observó fijamente mientras parecía pensar cuidadosamente las palabras que diría. Era obvio que no confiaba en él, pero seguro que esa preocupación la estaba comiendo y necesitaba descargarse con alguien, aunque sea con él mismo. 

—Digamos que estoy empezando a creer que las cosas no son tan perfectas como creo. - Dijo haciendo una mueca y Gerard lanzó una carcajada. - ¿De qué te ríes idiota?
—¡Por fin te diste cuenta de que esto no es un cuento de hadas! Bienvenida al mundo real. - Hannah sólo frunció el ceño. 
—Eres un verdadero imbécil. 
—Ya lo sabía. Pero ¿Por qué te interesa de cómo me siento? ¿Hay algo que me tengas que decir?
—¿A qué te refieres?
—Es como si de pronto Úrsula se preocupara por los sentimientos de Sirenita. No va contigo, ¿entiendes lo que digo? 
—Si, también entiendo que eres un idiota supremo. 
—Igual que tu novio. – Dijo rodando los ojos. 

No supo porque lo dijo, tal vez porque aún tenía la mirada patética con la que lo había mirado Hannah horas antes. Tal vez porque también le molestó recordar que Chloe lo había dejado por el idiota de Alex. No tenía un buen día y Hannah tampoco, así que no le sorprendió cuando su pequeño puño colisionó fuertemente contra la nariz de Gerard. Sintió como sus ojos se llenaron de lágrimas y se llevó la mano inmediatamente hacia su tabique. 

—¡Eres un idiota! ¿Por qué rayos siempre tienes que meter a Alex en nuestras conversaciones? ¡Sólo te estaba preguntando que te sucedía! ¡Ash! – Gritó exasperada sin saber que más decirle. - ¡La próxima vez te quedarás sin ella, te la rebanaré y se la echaré a mis peces de colores!

Gerard la observó y quiso reír por lo absurda que había sonado al citar una de las frases de Polanski en “Chinatown”. Pero la nariz le dolía y también se maldecía internamente por ser tan idiota. Hannah lo miró arrepentida luego de ver cómo se secaba las lágrimas. 

—Lo siento. - Dijo ella mirando al suelo. - No tuve un buen día hoy y encima metiste a Alex en la discusión y bueno... no debiste haberlo hecho. —Además sabes que siempre que estoy contigo me vuelvo violenta.
—Lo sé, pero pensé que a estas alturas de mi vida podría manejar tus ataques de ira. - Dijo aún tomándose el tabique. - Siento ser un idiota siempre pero yo tampoco tuve un buen día. 

Ninguno de los dos dijo nada más. Hannah lo observó con lástima y nuevamente el sentimiento de haberla cagado la embargó. 

—Debe dolerle mucho. - Susurró
Solo cuando respiro.

Hannah sonrió de sobremanera y sus ojos se iluminaron cuando escuchó que Gerard otra de las frases de Chinatown. Él sonrió de costado al notar la forma en que lo observaba. 

—Sé que nunca hemos hecho esto pero... ¿quieres quedarte a ver un especial de películas de Polanski?
—Está bien. Pero no quiero más golpes en la nariz ¿entendido? 
—Te dije que lo siento. - Murmuró tomando el control remoto y cambiando la televisión donde ya había empezado “Rosemary's baby”
Pero, el caso es, señorita Iero, que casi me quedo sin nariz. Y me gusta mi nariz, me gusta respirar con ella. - Hannah rió al escuchar que nuevamente había citado una frase de Chinatown. 
—Oh callate Arthur.
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Capítulo XVI.

Samantha Waldorf viernes, 20 de enero de 2012
возрождение
XVI


15 de Julio de 2008. 22:34 hs. Moscú, Rúsia.

Fuego recorría todo su cuerpo, como si por sus venas corriera alquitrán. Quería salir corriendo, quitarse ese dolor o hacer algo, pero su cuerpo estaba inmovilizado. La insoportable tortura lo desesperaba, necesitaba encontrar una manera de pararlo, pero cualquier intento sería en vano porque sentía que agarres imaginarios cubrían todo su cuerpo, imposibilitándolo a hacer cualquier mínimo movimiento.

Estaba consciente de todo a su alrededor. Podía percibir cada paso, respiración y latido del corazón de los vampiros que se encontraban en la habitación. De vez en cuando escuchaba la voz de Frank, Cheech, Anastasia o Nathaniel a su lado.

También podía ver sólo la parte interna de sus párpados y esto lo ayudaba a darle un mínimo sentido del tiempo. La luz se colaba por ellos, convirtiendo todo su campo de visión en un tono intermedio entre el naranja y el marrón que indicaba que el sol estaba en lo más alto. Durante la noche, todo se volvía negro. Este patrón de naranja/marrón – negro se repitió, por lo que pudo contar, cinco veces, así que ya llevaba unos cinco días encerrado en su cuerpo.

Hubo una sola vez donde una anormalidad sucedió y fue cuando, en medio de la oscuridad, su vista se volvió de un rojo intenso. Sus globos oculares comenzaron a arder como si le echaran jugo de limón en ellos. Gerard comenzó a contar en su mente para alejar sus pensamientos del dolor insistente y cuando llegó a 5764 el ardor paró. Agradeció que por lo menos fuera la única parte del cuerpo que no le quemaba.

Así que para mantenerse ocupado en otra cosa y no en el calvario que estaba viviendo, se concentró en las conversaciones de los demás. Escuchó a Anastasia hablarle explicando de que ese fuego que sentía correr por su cuerpo era sangre de vampiro que había reemplazado a la humana para hacerlo inmortal y casi indestructible. También le dijo que había estado inconsciente dos días mientras las células de su cerebro se regeneraban y que ahora sentía ese dolor porque los nervios receptaban cada sensación de manera mucho más vivida.

En conclusión: ya llevaba una semana sintiendo como llamas recorrían todo su cuerpo. Al final del séptimo día escuchó como Nathaniel y Frank hablaban a su lado.

—Me preocupa que tarde tanto. - En la voz de Frank podía escuchar inquietud. - Mi transición duró menos de 6 horas.
—Pero ten en cuenta que Gerard es un dvoryanstvo. - Explicó Nathaniel con voz calma. - Están destinados a ser vampiros perfectos genéticamente. La transición de Anastasia duró tres días. - Frank suspiró y luego rió débilmente.
—Tienes razón. Además, Gerard tenía mucha grasa para quemar.

Ambos hombres rieron y él no pudo evitar unírseles en su mente. Sus risas pararon abruptamente y sintió sus dos miradas clavadas en él.

—¿Gerard sonrió? - Preguntó Frank.
—Si. Debe estar llegando al fin de su transición. - Contestó Nathaniel. - Mira, ha cambiado mucho físicamente.

Como si su cuerpo siguiera sus comandos, el calor comenzó a desaparecer lentamente, empezando por sus dedos, extremidades y cabeza. Pudo mover los dedos a medida que el fuego era absorbido por su pecho. Finalmente, dio un respiro de alivio y se sintió débil cuando el suplicio terminó.

De repente, lo único que escuchaba era el incesante y rápido latido de su nuevo corazón. Se concentró en el exterior, donde varios corazones latían con la misma intensidad que la de él. No pudo precisar cuantos era pero estaba seguro de que ahora no eran sólo Nathaniel y Frank.

—¿Gerard? - La voz dulce de Anastasia interrumpió el silencio. - ¿Puedes abrir los ojos?

La definición y claridad con la que escuchó su voz le sorprendió. Repentinamente, sintió como si hubiera vivido toda su vida en los años 30, escuchando música en un tocadiscos. Su calidad era mala, casi rasposa, pero se podía entender perfectamente. Entonces, como si hubiera viajado en el tiempo, ahora escuchaba perfectamente una grabación digital. La voz de Anastasia parecía remasterizada.

También pudo escuchar pájaros que cantaban fuera del palacio, algunos pasos en la planta baja y la conversación de dos personas que hablaban sobre limpiar el baño principal. Lo gracioso de todo esto es que, todas esas conclusiones, las sacó en menos de un segundo.

Abrió los ojos y se maravilló con el nuevo mundo que se presentaba frente a él. Todo era tan perfecto. Las texturas bien definidas, los colores demasiados brillantes y los bordes bien claros. Se sentía como un ciego que volvía a ver.

De un salto se incorporó y pensó que, luego de haber estado postrado por casi una semana, su cuerpo le dolería o se marearía al pararse tan rápidamente. Pero nada de eso sucedió. Sus pies se pararon sobre el suelo con demasiada precisión. Dirigió su mirada al frente, donde Anastasia, Frank, Nathaniel, Cheech, Erminie y Edmond lo observaban con atención.

—Wow. - Fue lo único que pudo pronunciar antes de reír.

Se sentía lleno de vida y extasiado. Podría correr sin parar durante horas, e incluso nadar todo el río Mississipi – si aún se encontraran en América – Pero al mismo tiempo, observaba con asombro como su campo de visión era mucho más nítido y parpadeaba sin descanso tratando de capturar en su mente cada detalle. Se le hizo algo incómodo respirar sin la necesidad de oxígeno, así que dejó de hacerlo. Volvió a observar al frente y vio que Frank ahogaba una risita, mientras que los demás lo contemplaban absortos.

—Creo que lo mejor va a ser comenzar a entrenar a este joven. - Dijo Edmond luego de unos segundos. - Parece un ciervo cegado por los focos.

Y luego todos estallaron en risas.



***



Gerard caminaba detrás de Frank, quien lo guiaba por los pasillos hasta su habitación. El palacio era tan enorme que se había olvidado como era el camino hasta su cuarto. Había pasado el resto de la noche siguiendo consejos de Edmond y Erminie para volver a re-insertarse en la sociedad humana. Uno de ellos era que no debía realizar acciones corporales (como respirar o parpadear) demasiado rápido ya que la velociodad con la que trabaja la mente de un vampiro no se compara a la lentitud de la de un humano.

Además, debía aprender a controlar su nuevo cuerpo. Le costaba manejar sus propias extremidades, no tenía control sobre ellas. Así que en esos momentos se encontraba tratando de ralentizar sus pasos y caminar como un humano normal lo haría. No había ninguno cerca, pero no le vendría mal practicar.

—No trates de forzar los movimientos Gee, date tiempo. - Le dijo Frank abriendo una de las puertas y entrando a la habitación. - A mi también me costó acostumbrarme a volver a comportarme como un humano común. Creo que estuve cerca de una semana tratando de controlar mis parpadeos.
—Es extraño. - Contestó Gerard siguiendo a Frank. - Siento que no puedo manejar mi propio cuerpo, es como si alguien lo moviera por mí.
—Repito, es normal. Cuando te veas al espejo te sentirás aún más extraño.

Gerard lo examinó con el ceño fruncido. Luego, las palabras anteriores de Nathaniel volvieron a su mente: “Mira, ha cambiado mucho físicamente.” ¿Cómo luciría ahora? ¿Sería una masa de músculos o seguiría teniendo ese aspecto de debilucho? ¿Su rostro habría cambiado mucho? Frank observó la expresión de desconcierto y confusión pintada en su rostro. Le hizo señas para que lo siguiera hasta el baño, donde había un espejo de cuerpo completo.

Mierda.

Su contextura física había cambiado ligeramente. Observó con detenimiento sus brazos que ahora, estaban delineados por sus fuertes músculos. Se levantó un poco la camiseta para notar como se notaba el hueso de su cadera y como unos fornidos abdominales se asomaban. No debió quitársela completamente para advertir que sus pectorales habían sacado provecho de la transición. Sonrió levemente, admirando lo que un poco de sangre de vampiro podía hacer por su físico. Pero ¡vamos! Toda su vida había deseado tener una apariencia digna de un actor de hollywood y ahora que su deseo se hacía realidad... debía estar contento.

Pero toda satisfacción que sintió fue abolida en el instante en el que su mirada se dirigió a su rostro. Su fisonomía no tuvo una reacción placentera en él. Su rostro mantenía una mueca dura y facciones mucho más cuadradas. Tocó su quijada que ahora lucía más prominente. Su cuello se advertía demasiado fuerte y con cuidado tocó unas pequeñas marcas en su cuello.

—Allí tuve que morderte. - Contestó Frank a su pregunta no hecha. - Perdiste demasiada sangre y era la única manera que mi mordida fuera más efectiva.

Gerard no contestó y se ocupó de inspeccionar al hombre en el reflejo. Sus ojos rojos lo observaban con una mirada distante. Luego de unos segundos, una ola de agobio lo golpeó cuando vio cada una de sus premoniciones hacerse realidad.

El hombre que lo observaba con atención era el mismo que había visto en su reflejo en el arrollo, cuando perdió la conciencia luego del accidente con Lindsey.

El mismo hombre que se había burlado de él en el baño, el mismo día de su intento de suicidio. ¿Quién se hubiera imaginado que se convertiría en él? Observó por última vez a ese perfecto y aterrador ser que lo observaba del otro lado del vidrio antes de alejarse para sentarse en la cama, colocando sus codos sobre sus muslos.

Le daba miedo su rostro, terror por lo espeluznante e irreal que lucía. Frank lo siguió y se sentó en una silla que estaba frente a la cama.

Conocía de sobremanera la mirada vacía que ahora se presentaba en los ojos de Gerard: su odio por si mismo hacía que sus orbes verdes se oscurecieran. Gerard, antes de la muerte de Lindsey, fue un tipo que reía por cualquier idiotez y era el alma de la fiesta en cualquier reunión. Parecía que la felicidad irradiaba por cada poro de su cuerpo, pero Frank conocía a Gerard mucho más de lo que él mismo se conocía.

Lindsey le hacía bien, podía ver como su felicidad era verdadera. Pero había momentos, unos pocos segundos, donde su rostro mostraba que estaba peleando contra algunos demonios internos que él no sería capaz de entender. Lo aterraban, lo tentaban para sumirse en la oscuridad y no le ofrecían escapatoria. La muerte de Lindsey... fue una señal que Gerard tomó para dejar de luchar contra esos demonios y les tomó la mano para encerrarse en las tinieblas y no poder escapar.

Sólo deseaba, que teniendo una misión tan importante como era esa, Gerard pueda luchar contra sus propios fantasmas y así poder enfrentarse al peligro que el mundo de las tinieblas tenía preparado para él.

—¿Qué sucedió con la mujer a la que maté Frank? - Pronunció luego de unos minutos en silencio.
—Le dimos el velatorio que se merece.

Gerard asintió y dirigió su mirada al suelo. Frank suspiró y se sentó a su lado, pensando cuidadosamente las palabras que diría a continuación.

—Esto es lo que somos Gerard. Somos asesinos por naturaleza, predadores. Somos la pesadilla de muchos niños y la adoración de muchos adolescentes. No podemos evitarlo, necesitamos la sangre, necesitamos matar. Sé que lo que voy a decir no suena muy esperanzador pero... te acostumbrarás. Luego de unos años ya no importarán la cantidad de vidas que quedaron en tus manos. La culpa deja de existir y terminamos moviéndonos por nuestros impulsos.
—¿No era que proteger la vida humana era su principal objetivo? - Lo desafió Gerard.
—Si, pero no podemos escapar de quien somos. Llevamos una maldición encima nuestro Gerard, y creo que un par de vidas inservibles no afectarán nuestro plan de salvar los miles de millones. No estamos jugando a ser Dios, o el Destino. - Pronunció Frank antes de levantarse y dirigirse a la puerta. - Y por si te sirve de consuelo, la mujer que mataste, había asesinado a su hijo.

Frank observó el rostro de Gerard nuevamente antes de salir por la puerta. Su semblante mostraba cierto alivio, pero otra vez, algo lo estaba martirizando por dentro. Se alejó de la puerta y se sentó en la silla donde había estado antes. Haría esa pregunta que había salido de su boca miles de veces, una vez más, pero esta vez no se daría por vencido con un simple “Si” - ya que sabía que esa sería su contestación -. Esta vez, no dejaría a su amigo en ese estado.

—¿Estás bien?
—Si. - Frank rodó los ojos.
—No te creo.

Levantó su vista y se encontró con los orbes avellana de su amigo estudiándolo cuidadosamente. Gerard suspiró, como si tuviera un debate interno sobre si hablar o no. Frank decidió empujarlo un poco más.

—Quieres hablar... ya sabes... de esa noche? - Murmuró. Gerard miró hacia otro lado incapaz de enfrentar a su amigo
—Esa noche aspiré “polvo de ángel”. - Frank se quedó observándolo incapaz de decir algo.
—Gerard, sabes que el “polvo de ángel” es una droga peligrosa. ¿Por qué lo hiciste?
—Supongo que estuve juntando muchas cosas. Demasiadas... que tú no sabes. - Suspiró nuevamente, como si cada palabra que salía de su boca fuera un peso que se quitaba de encima - Hace casi dos meses conocí a... alguien. Bailaba en un pub que me habían recomendado, y no lo sé, no sé como explicarlo Frankie. La deseé desde el primer momento que la vi, era la perfección en persona. Sabía que había perdido la cabeza pero debía conocerla a cualquier coste. Le pagué $20.000 para que se acueste conmigo durante un mes.

Observó la mirada de Frank, sólo para saber si lo estaba juzgando o no. En sus sinceros ojos vio atención y agradeció tener un amigo como él.

—Al principio era sólo sexo, el deseo y la lujuria que me hacía sentir ella era impresionante. Pero luego... las cosas cambiaron. Me hacía olvidar de Lindsey, de mis problemas con las drogas, de mi depresión y comencé a hacerme adicto a ella. No sé si me enamoré o no, pero no podía estar un día sin besarla y tenerla conmigo. Pero ella sólo quería mi dinero Frank, y no podía arriesgarme a sufrir nuevamente. El día que “terminamos” tuve un ataque de rabia y casi la golpeo ¡casi la golpeo! No podía soportarlo más, odiaba todo, me odiaba a mí, odiaba a la vida, entonces aspiré “Polvo de Ángel”.
—Y eso te llevó a tratar de suicidarte... ¿no?

Gerard asintió incapaz de decir una palabra, Frank tampoco lo hizo. No se hubiera imaginado que su amigo llegaría a un punto en el que su vida pendiera de un hilo. Se levantó y antes de cruzar la puerta dijo:

—Las casualidades no existen Gerard, por algo eres un Romanov, por algo te salvé esa noche en el baño. Tienes miles de años por delante. Tal vez el destino te está dando una nueva oportunidad.
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X. Segunda Parte: 'Cause I know that you're living a lie. That's okay baby 'cause in time you will find.

Samantha Waldorf miércoles, 18 de enero de 2012

X
Segunda Parte


—Recta Samantha. Controla la postura.
—Es muy fácil para ti pedirlo. - Murmuró de mal humor. 

El calor de la primavera comenzaba a sentirse mientras la última quincena de Mayo hacía su aparición. Algunas gotas de sudor cubrían su nuca que al contacto del viento se enfriaba dándole un poco de alivio por el sofoco que sentía. Estaba transpirada, con las mejillas sonrosadas, el delineador un poco corrido y el pelo hecho un asco, pero ya se había acostumbrado a que la viera de esa manera. Era algo necesario, trascendental en su llamada “relación” que estuvieran juntos cuando ella estuviera hecha un desastre, física y mentalmente hablando.

Sam sólo le lanzó una mirada y se enderezó en su asiento, mientras Penny saltaba una de las vallas de la pista improvisada que había mandado a construir su padre unos días antes. Sintió como poco a poco su trasero comenzaba a perder sensibilidad. 

—Gerard, no siento el trasero, ¿podemos terminar por hoy?
—Sólo hemos practicado siete horas Samantha. - Ella rodó los ojos y se detuvo enfrente de él. - Además yo también estuve abajo del sol la misma cantidad de horas que tú, así que también estoy cansado. 
—¿Perdón? Pero estás recostado en una reposera, tomando un martini y con un ventilador de pie frente a ti así que no puedes reclamarme que estamos en igualdad de condiciones. 
Touché. - Contestó con un refinado acento francés. - Está bien, terminamos por hoy. 

Se levantó, tomó su camisa que colgaba del respaldar y comenzó a abotonarsela. Sam sólo quitó la mirada de su torso desnudo y se concentró en acariciar el pelaje chocolate de su yegua. Todo comenzó en su primer entrenamiento, al día siguiente de la pelea que tuvo con Frank. Gerard se recostó en la reposera, que adoptó como su lugar habitual y comenzó a desabrochar los botones de su camisa. Jamás se había sentido tan avergonzada e incómoda, y casi con un grito le inquirió porqué se la estaba quitando. Él sólo contestó con una sonrisa que Mikey se había burlado de él por estar tan pálido y que le vendría bien si tomaba un poco de sol. Sam sólo asintió, tragando saliva. 

Entonces, cuando estaba cerca de él, trataba en lo posible de no observar su torso. No es que le horrorizara la vista que le ofrecía todos los días desde hacía casi una semana y media, pero era demasiado incómodo tener a un hombre casi desnudo frente a ella. En realidad, a ese hombre; los otros no le causaban nada más que una común y ordinaria fogosidad. Gerard era diferente, estaba más allá de cualquier sensación que había conocido a sus cortos diecisiete años. Era atractivo, casi adictivo; juvenil pero al mismo tiempo sabio; la hacía reír con sus ocurrencias y definitivamente, jamás se había divertido tanto en mucho tiempo. 

Pero dentro de la pequeña burbuja que había creado Way, aún había cosas que seguían rondando su mente. 

La primera: Frank. No podía evitar sentirse culpable porque por mucho que Gerard le gustaba en ese momento, aún no había terminado definitivamente con Frank. Por ende, una parte de ella sentía que lo estaba engañando, por más que no hubiera habido contacto físico alguno entre ella y Gerard y aún estuviera enojada con Frank. 

Eso nos lleva a la segunda cosa que aún rondaba su mente: las palabras de Frank. Porque jamás las palabras le habían dolido como lo hicieron aquella noche. Fueron poderosas, crueles y la lastimaron mucho más que cualquier acto de su padre, Frank o de cualquiera. Por mucho que se mintiera a sí misma en esos momentos, repitiendo que “todo lo que dijo no es verdad” como un discurso capaz de convencerla a sí misma; muy adentro suyo sabía que todo era verdad. Era igual a ellos, era igual a su padre.

Sorprendida de como su mente trabajaba en un círculo vicioso, siempre rondando en los mismos tópicos llegó a la tercer cosa que rondaba en su mente: el mismísimo John Waldorf que no dejaba de repetirle que dejar a Iero había sido lo mejor que pudo hacer y que la apuraba con el “asunto” - como a él le gustaba llamar al acuerdo sobre enamorar a Way -. Jamás entenderá perfectamente el fin que tenía enamorar a Gerard, pero su padre la tenía podrida y si le ofrecían una oportunidad para alejarse de él, la tomaría sin dudarlo. Así que con sus básicos dotes de seducción que apenas podían salir a flote con Gerard - ¿era necesario repetir que cuando estaba cerca de él se sentía como una niña de 5 años? - todo iba avanzando muy lento, y en las palabras de John Waldorf, “no lo suficientemente rápido Samantha, a esta altura lo deberías tener a tus pies”. 

—Oye, te quedaste como... tildada. - Rió Gerard, ya vestido, pasando su mano derecha frente a sus ojos.
—Lo siento, me pasa muy a menudo. 
—Lo noté. - Sam sólo le sacó la lengua juguetonamente. - Creo que será mejor que me vaya, ya es tarde y mañana debo organizar algunas cosas en la oficina. 
—¿Entonces mañana no te veré? - Preguntó un poco desilusionada, ya se había acostumbrado a verlo todos los días.
—Me verás, pero a la tarde. Tengo la mañana ocupada. ¿Y qué te parece si recuperamos el tiempo perdido de la mañana y vamos a cenar a un nuevo restaurante italiano en Manhattan? - Un guiño de complicidad alejó todas sus dudas. 
—¿Te refieres a Gloria's? 
—Si, a tu paraíso terrenal. 

Luego se produjo un silencio. Gerard metió sus manos en los bolsillos de sus pantalones y se acercó lentamente para colocarle un beso en la mejilla que la hizo sonrojar furiosamente. “Te veo mañana” susurró en su oído y la dejó allí, con una sonrisa plasmada en su rostro y el corazón latiendo a mil por hora.



***



Se sentía nervioso, principalmente porque no había dado la cara luego del incidente en el concierto. No le había pedido perdón por las venenosas palabras que salieron de su boca, pero luego de meditarlo – y tranquilizarse – por casi una semana y media, por fin se había armado de valor para llegar hasta la residencia de los Waldorf. 

Aparcó su auto en el portón de entrada y caminó el sendero que separaba la mansión de la entrada. Aún necesitaba tiempo para acomodar las palabras exactas que le diría. A unos metros de llegar a la mansión, vio como la puerta se abría y rápidamente se escondió detrás de unos arbustos que bordeaban el camino. Lo que menos quería era que John lo interceptara.

Pero no era John el que salió por la puerta principal, sino nada más ni nada menos que Gerard Way. La furia que sintió lo tomó desprevenido, ¿pero qué era lo que esperaba? No habló con Sam durante casi una semana y media, era obvio que Gerard haría cualquier cosa para acercarse lo más posible a ella. Había algo de Way que no le cerraba, y no era el hecho de que lo odiaba por quitarle a su novia, sino que algo en su aura tan perfecta parecía no encajar. 

Y todas sus sospechas fueron confirmadas segundos después. 

Su celular comenzó a sonar y él lo sacó de su bolsillo observando en la pantalla el ID de la llamada. Una mueca se esparció por su rostro y se alejó lo más posible de la puerta. Benditos sean lo milagros de la vida por hacer que se acerque al arbusto en el que estaba escondido Frank. 

—Harrison, ¿qué sucede? - Preguntó Gerard y Frank pudo escuchar la voz distorsionara de un hombre que salía del otro lado del parlante. Su boca se convirtió en una línea plana mientras escuchaba lo que “Harrison” tenía para decirle. - Está bien, mañana mismo estaré en la oficina. Siento dejar todo esto en tus manos, pero debo seguir con mi plan... Si, estoy jugando a ser su príncipe azul, está muerta por mí... Mañana te doy los últimos detalles, aún estoy en la mansión de los Waldorf. Asegúrate de mandar lo que preparé.

Y sin decir nada más, cortó. Se alejó hasta llegar a su auto, que estaba aparcado unos metros más adelante. Frank vio como Gerard encendía el motor y se perdía de vista mientras intentaba procesar lo que había dicho. 

¿Seguir con el plan? ¿Jugar al príncipe azul? ¿Muerta por él? Definitivamente hablaba de Sam. Largó una risa amarga, ¡sabía que era una farsa! Aparentaba ser alguien demasiado bueno, y no podía existir nadie así. No en los Hamptons. Sin embargo, no tenía ni idea de que era lo que estaba tramando, pero no podía ser nada bueno. Tal vez si le decía lo que había escuchado, Sam se alejaría de Way y volverían a ser como antes. 

Casi se olvidó de la disculpa que había armado cuidadosamente en su mente cuando tocó desesperadamente la puerta, pero Sam abrió la puerta mucho más rápido que lo que esperaba. 

—¿Olvidaste algo Ger...? - Preguntó emocionada pero su sonrisa se fue borrando gradualmente mientras iba reconociendo a la figura parada en su porche. - Frank.
—Sam. - La saludó con un asentimiento de cabeza. - ¿Puedo pasar? 

Ella se hizo a un lado permitiendole la entrada con la misma mueca dura y cerró la puerta a sus espaldas. Ninguno de los dos dijo una palabra y la observó con arrepentimiento. Sabía que en esos momentos, las palabras que dijo aquella noche, aún remolineaban en su mente. 

El corazón le dolió un poco al notar algo. Jamás vio brillo en sus ojos, sólo una mirada vacía y distante; mostrando que sólo estaba con él su cuerpo, su alma estaba demasiado ocupada mortificándose en algún rincón. Sus sonrisas carecían de sentimientos, igual que sus risas y besos. Él sólo poseía el cuerpo de Samantha Waldorf. 

Pero cuando la encontró en los brazos de Way una sonrisa que jamás había visto se extendió en sus labios. Estaba tan llena, tan feliz. Esa misma sonrisa estaba plasmada en su rostro cuando Sam abrió la puerta esperando ver a su “príncipe azul”. Sus ojos ya no parecían vacíos, sus mejillas tenían un bonito color rosado. Pero toda esa alegría decayó cuando vio de que se trataba de él. Los celos lo comenzaron a carcomer nuevamente. ¿Cómo le podía gustar la farsa de Gerard Way y no él, que realmente la amaba? Nuevamente la furia lo llenó, pero esta vez hacia ella. ¿Por qué no podía ver que era él quien le convenía? 

—Vamos a mi habitación. - Dijo ella rompiendo el silencio y ambos subieron por las escaleras.

Entraron al cuarto de Sam y ella se sentó en la cama. Frank metió sus manos en sus bolsillos y se meció nerviosamente de un lado para el otro tratando de quitar todos esos pensamientos de su cabeza mientras que ella lo escrutaba cuidadosamente esperando a que hablara. 

—Lo siento. - Sentenció Frank. - Siento haber dicho todas esas horribles cosas. Soy un idiota y cuando estoy enojado actúo fuera de mí. Estaba celoso y tenía miedo de perderte.

Sam no quitó su mirada de su rostro mientras él hablaba. Con cada palabra que salía de su boca, sus facciones se suavizaban poco a poco. Podía entenderlo, ella hubiera actuado de la misma manera – o incluso peor - que él si flirteaba con alguien más. Pero sus palabras habían dejado heridas abiertas que aún sangraban y no podría estar con él si había alguien más rondando en su mente todo el tiempo. 

—Está bien Frank. Te perdono. - Frank suspiró del alivio. - Pero no sé si podremos seguir juntos.

Y toda esa calma que sintió momentos antes lo abandonó rápidamente. Se esperaba algo como esto ¿pero por qué dolía tanto? ¿Por qué su garganta se cerró de repente? ¿Por qué las palmas le picaban? ¿Por qué apretó demasiado fuerte su mandíbula? ¿Por qué la ira iba recorriendo cada nervio de su cuerpo? Sam escrutó su rostro nuevamente antes de volver a hablar. 

—Me gusta alguien más. - Sentenció con calma. 
—¿Gerard Way, verdad?

Sam asintió y su frustración creció. No, de ninguna manera podía enamorarse de Gerard Way. Ella sonreía, con ese extraño brillo en sus ojos cuando el nombre de Gerard escapó de sus labios pero se borró en el instante que percibió la reacción de Frank. Los celos, ese maldito veneno que mata toda relación comenzaban a llenarlo. 

—No. - Murmuró enfurecido. - ¡No puedes enamorarte de Gerard Way! 
—¿Qué? En ningún momento dije eso Frank, ¡no exageres las cosas!
—¿Exagerar? ¿Yo? Me estás dejando por otro, ¿cómo crees que me siento? ¡Estoy en todo mi derecho de exagerar!
—¡Pero en ningún momento dije que estoy enamorada de Gerard Way! Me gusta ¿ok? Me hace sentir bien, como si no necesitara fingir todo el tiempo junto a él. – Sam suspiró. - Creo que no sería correcto estar contigo si estoy pensando en alguien más.

Frank la observó. ¿Realmente le estaba tomando el pelo? En ese momento, toda la ira que sentía contra Gerard se dirigió a la diminuta figura de su novia. Siempre había sido impulsivo, sin pelos en la lengua y esto había traído muchos problemas en su vida pero ya estaba cansando, hablaría ahora o callaría para siempre. Estaba hastiado de toda esta situación, incluso de Sam. 

—Oh, ¿así que ahora te preocupa lo que es correcto? - Las palabras comenzaron a salir como escupitajos de su boca. - Samantha, tengo 22 años… ¿crees que es correcto estar con un tipo 5 años mayor que ti? ¿Crees que es correcto emborracharte hasta perder la conciencia? ¿Crees que es correcto drogarte todas las noches? ¿Crees que es correcto mentir, engañar y ser la gran perra que eres con todos a tu alrededor? Ahora entiendo porqué tu madre te dejó, sabía en lo que te ibas a convertir. Si sigues así terminarás sola.

No la observó cuando dejó la habitación, tampoco vio como ella rompió en llanto por la dureza de sus palabras ni lo mucho que la habían afectado. Si, era un patán que había amado mucho a alguien... pero ¿qué más daba? Podía tener a quien quisiera. Además, estaba bien... porque ella estaba viviendo una mentira.