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IV. Segunda Parte: "There ain't a woman in this world I won't let go"

Samantha Waldorf jueves, 1 de diciembre de 2011
IV
Segunda parte


- Dime.
- No.
- Dime
- No.
- ¡Dime!
- ¡No! ¿Por qué quieres saberlo?

Esta vez el living de los Iero era el escenario de sus clases vespertinas de matemáticas. Hannah había estado casi todo el día tratando de sobornar a Gerard para que le dijeran porqué Ashley la había abordado a la mañana. Él se negó alegando de que si terminaba los ejercicios que le había dado, le diría; así que Hannah los terminó en menos de media hora y la media hora siguiente, se la pasó molestando a Gerard. 

- Porque quiero tener una buena razón para ignorar a Ashley. ¡Me ha estado persiguiendo todo el día!
- Mejor mantente alejada de ella. - Gerard la miró cautelosa mente. 
- Gerard, yo sé que no sobrepaso el 1.65 m pero no cualquiera me gana. ¡Vamos, dime por qué no quieres que hable con Ashley! 
- ¿Qué parte de NO no entiendes? - Dijo Gerard entre dientes. Hannah bufó y se acercó a él. 
- Si no lo haces por las buenas, lo harás por las malas. 

Y sin decir más se le lanzó encima tomándolo por el cabello. Gerard se sobresaltó por la manera en que ella terminó encima de él y ambos cayeron al suelo. Hannah se golpeó la mejilla con la mesita de café que había frente al sofá pero no le importó el dolor y siguió tomándolo del cabello. Sabía que si lo dominaba físicamente, Gerard diría todo. Lo que Hannah no sabía era que él entendió que ya no eran niños de 13 años y que si la golpeaba realmente, ella terminaría en el hospital. Así que simplemente trataba de zafarse de sus diminutas manos y mantener su cabello de su lugar. 

- ¡Sal de encima mío maldita perra!
- ¡Dime! - Gritó Hannah. 
- ¡No! 
- ¡Dime!
- ¡Sobre mi cadáver! - Cambiaron de posiciones, ahora Gerard estaba encima de ella tirándole el pelo. 
- ¡Suéltame idiota! ¡Me estás despeinando!
- ¿Me importa? - Preguntó Gerard con una mirada indiferente. 
- ¡Debería! ¡Tengo una fiesta esta noche y no puedo ir si termino calva!
- Demi Moore se peló, ¡tú deberías hacer lo mismo!
- ¡Sobre mi cadáver!

Olvidaron el porqué habían empezado a pelear y volvieron a sus antiguas costumbres. Hannah gritaba con furia mientras que Gerard lanzaba comentarios sarcásticos como “¡Te parecerás a Sinead O'connor” o “¡Podríamos pasar lustrador sobre tu cabeza, así queda más brillante!” Intentó propiciarle algunos golpes pero Gerard era más rápido y terminaba anticipando sus movimientos. 

- ¡Niños! ¡Niños! - Dijo Linda llegando al living y separando a ambos.

En la mejilla de Hannah comenzaba a mostrarse el cardenal, mientras que entre sus dedos tenía algunos cabellos de Gerard. Ambos respiraban entrecortadamente. Luego de que Linda les diera una charla sobre como debían comportarse ya que eran un hombre y una mujer maduros, ella se alejó a seguir trabajando en su jardín, donde había estado antes de escuchar sus gritos. 

- Vete de mi casa antes que te patee el trasero. - Dijo Hannah entre dientes.
- Sabes que nunca te lo diré, ¿verdad? - Contestó Gerard con una mueca de suficiencia. 
- Lo sé, pero también sé que soy capaz de descubrirlo por mí misma y si quiero, de hundirte. 

Gerard observó la sonrisa angelical de Hannah y quiso golpearla, a veces podía ser tan malditamente irritante. 

- ¿Tienes que saber todo?
- Si. 
- Veamos si lo puedes descubrir. - dijo Gerard saliendo de su casa. 

Apenas cerró la puerta detrás de él, Hannah se dirigió corriendo a su habitación y encendió su ordenador. Esperó unos segundos a que su notebook se terminara de encender antes de loguearse rápidamente en su Facebook. El primer paso para averiguar que sucedía entre Ashley y Gerard era ver que tipo de conexión tenían ambos. 

Primero visitó el perfil de Ashley, pero no encontró nada interesante. Ella era otra de las idiotas de su preparatoria que ponían fotos de perfil en las que salían sin casi nada de ropa y con una escritura pésima. Uno de sus estados más recientes decía: “XxqE mee uzZhaz?” y Hannah no hizo más que apretar la flecha de atrás. 

- Patética. - Murmuró saliendo de su perfil.

Ya que no había nada interesante en el perfil de Ashley entró al de Gerard. Le extrañó que tuviera tantas publicaciones en su muro de chicas y que él no contestara casi ninguna. Entró a su foto de perfil donde tenía más de 20 likes, entre ellos, el de Ashley. Siguió revisando su muro y en ese mismo instante Gerard colocó un estado que decía "You don't know anything about my sins”. Era una indirecta para ella, estaba claro, así que sin pensarlo colocó un “me gusta”. En ese momento Gerard le habló por el chat.

Gerard dice: Deja de revisar mi FB. 
Hannah dice: ¿? 
Gerard dice: No te hagas, te veo desde mi ventana. 
Hannah dice: ¿Me estás espiando?
Gerard dice: No te ilusiones. Sabes que no encontrarás nada en mi Facebook o en el de ella. 
Hannah dice: Sé que le gustas, ¿por qué otra razón pondría “me gusta” en todas tus fotos de perfil?

Esperó hasta que le contestara pero no lo hizo. El pequeño cartelito que decía “Gerard está escribiendo...” aparecía y desaparecía al segundo, mostrando que no él no sabía que responderle. Hannah rió, había acertado. Pero, ¿cómo podía Ashley fijarse en Gerard siendo el estúpido y extraño marginado que era? Era algo ilógico, pero lo descubriría tarde o temprano. El sonido del chat le alertó que Gerard había contestado.

Gerard dice: Sigue intentando princesa. 

- Sé que le gustas... - Gritó Hannah para que Gerard la escuche a través de la ventana. - Y que Ashley es insoportable. Aunque no entiendo porqué me prohíbes que hable con ella. - Al no recibir respuesta de su vecino prosiguió. - Pero tranquilo galán, dejaré que descanses el fin de semana, el lunes lo averiguaré. Ahora debo irme a preparar para la fiesta de Alex. ¡Ni se te ocurra espiarme mientras me cambio!
- ¡En tu sueños! - Contestó riendo Gerard del otro lado y Hannah cerró las cortinas. 

La risa se apagó y se quedó mirando fijamente la conversación en su computadora. La maldita zorra lo había descubierto. Si Hannah se enteraba de que él y Ashley tenían algo, seguro lo divulgaría por todo el colegio y Spencer Hunnigton lo molería a golpes. 

Tragó saliva. Jamás debía salir la verdad a la luz. 

La puerta se abrió de golpe y entraron Ray y Bob. 

- Tu madre hace unas galletas deliciosas. - Dijo Bob metiéndose dos galletas con chips de chocolate en la boca.
- ¿Vienen a mi casa sólo por comida? - Preguntó Gerard bromeando y prendió el equipo de música. La música alta garantizaba que Hannah no escucharía sus conversaciones. 
- Él si, yo por tus XBox. - Contestó Ray lanzándose a la cama. - Oye, sé que es extraño pero Ashley me habló por Facebook preguntándome si la habías borrado. 
- Si, de Facebook, Messenger y bloqueé su número de mi celular para así no recibir sus llamadas. 

Ray y Bob estallaron de la risa. A veces le sorprendía cómo su amigo era con las mujeres, pero a esa edad les importaba muy poco. A los 17 años el más “hombre” era el que andaba con la mayor cantidad de mujeres posibles, y en eso Gerard les ganaba a todos. 

- Ok, una porrista más tachada en tu lista. ¿Quienes faltan?
- Brittany Jones y Hannah Iero. - Contestó tirándose a la cama junto a Ray. 
- Ni pienses que te acostarás con Brittany. - Dijo Ray con un tinte de odio en su voz. 

Ray estaba enamorado de Brittany desde que ella entró a la preparatoria. Compartían clases de química en primer año y  no había segundo de la clase en que no la observara. Era tan hermosa, tan buena y atenta, pensó que tal vez podría llegar aunque sea a entablar una relación de amistad con ella... hasta que se hizo amiga de Hannah. La dictadora de Hannah jamás dejaría que alguien como Brittany fuera amiga de Toro, así que desde ese momento sólo fue para él un amor platónico, lejano e imposible. 

Gerard rió ante el tono de su amigo. A pesar de que jamás había sucedido nada entre él y Brittany, más allá de un “hola” por compromiso, Gerard valoraba a la amistad más que nada y prefería a esos dos tontos inmaduros que tenía como amigos antes que a una chica. 

- Tranquilo hermano, jamás tocaría a la chica de un amigo. 

Ray sonrió, sabiendo que las palabras de Gerard eran verdaderas. Sin embargo, al contrario de ellos,  Bob portaba una sonrisa maligna en su rostro. Seguro que si decía lo que ahora pasaba por su mente, Gerard lo golpearía hasta que quedara inconciente. Pero se las arreglaría, era divertido ver los líos en los que se metía su amigo por culpa de las mujeres. 

- Brittany está descartada... Entonces sólo quedaría Hannah.

Gerard abrió exageradamente los ojos y su respiración se paró. Ray miró a Bob con pánico en su rostro. 

- Sé lo que estás insinuando, y no, no lo haré Robert.
- Vamos, sé que Hannah te gusta y es la única, además de Brittany, del equipo de porristas con la que no te has acostado. 
- Sólo dices esto porque te ríes a mis costillas, pero tú no eres el que es perseguido por una porrista obsesiva. - Subió un poco más la música para que Hannah no escuche su conversación. - Si, lo pasaría genial en el momento, ¿pero sabes lo que sucedería después? Ella le sacaría una foto de mi trasero y la pondría en todas las paredes del colegio. La conozco lo suficiente.
- O tal vez luego de eso le empiezas a gustar y la situación se repite. - Dijo Ray, tomando la palabra por primera vez en la conversación. - Eres un exagerado y pesimista Way. 

Gerard observó a sus amigos. Hannah era la única con la que no pasó nada del equipo de porristas – excluyendo a Brittany – y su ego se elevaría si ella cayera a sus pies. Además debía aceptar que se sentía demasiado atraído a su vecina, aunque fuera una ególatra e insoportable. 

- No lo sé, lo pensaré. - Contestó y sus amigos estallaron de la risa. Gerard los observó con el seño fruncido.
- Jamás te dijimos que lo hagas. - dijo Ray entre risas. - Nosotros te dimos la idea, eres tú el que lo quiere hacer. 

Gerard rodó los ojos, pero no refutó nada más. Sus amigos le metieron la idea en la cabeza y por mucho que lo negara, sonaba bastante tentadora. 

- Bueno. - Bob rompió el hielo. - ¿Qué hay para comer?


***


La imagen que mostraba Hannah Iero en ese momento estaba muy lejos de ser la perfecta Hannah Iero que todos veían en el instituto. Una botella vacía de vodka en su mano, los ojos rojos y brillosos por la cantidad de alcohol que había ingerido, el pelo echo un desastre y el maquillaje corrido por la espuma. Había bailado como maníaca durante las últimas 4 horas. Se sentía feliz, libre por unos momentos. 

La fiesta de Alex era un total éxito. Más de la mitad de los adolescentes de Belleville se encontraban allí y eso que no eran pasada la 1 de la madrugada. La casa estaba repleta de gente borracha que se ahogaba gracias a la espuma que era lanzada por grandes máquinas. 

Pero toda esa masa de gente, sumado a su estado deplorable sólo le daba nauseas así que salió afuera para tomar un poco de aire. Su cara debe haber estado demasiado pálida, porque apenas salió al patio delantero fue abordada por Brittany. 

- ¿Estás bien? - Preguntó con preocupación.

Hannah observó de arriba a abajo a su amiga. Apenas se podía mantener parada y estaba totalmente mojada por la espuma. Esas dos palabras las pronunció con total dificultad, pero aparentando estar sobria. Hannah comenzó a reír histéricamente y Brittany la observó con curiosidad, pero terminó riendo del mismo modo. 

- ¿Yo? ¿Si estoy bien? ¿Tú estás bien? - Espetó Hannah arrastrando las palabras.
- Estoy como quiero. ¿A donde crees que vas? ¡La fiesta está en lo mejor Hannah!
- Me siento mal B. Tengo náuseas y quiero ir a casa. - Nuevamente Brittany mostró una mirada de preocupación. - Ni lo pienses Jones, sé lo que significa esa mirada. Yo iré a mi casa sola, todavía puedo caminar correctamente. No dejaré que me acompañes y que cuando vuelvas corras peligro. No, no, ¡no señor! 
- Está bien. Llámame cuando llegues. - Dijo Brittany riendo y saludando a su amiga. 
- Ok mamá. - Hannah rodó los ojos. - Cuídate. 

Se quitó sus zapatos de taco y comenzó a caminar por las desiertas calles de Belleville. Agradeció que esa noche hiciera calor, porque estaba empapada por la espuma y si hiciera frío, seguro se agarraría una gripe. A una cuadra de su casa se paró. Observó 5 chicos que le parecían familiares. 

Gerard, Ray, Bob y los pequeños Mikey y Frank estaban sentados en la acera de la casa de Ray. Esa noche, supuestamente, Frank se quedaba a dormir en la casa de los Way junto a Mikey. Su plan para la noche eran Xbox, Doritos y mucha Coca Cola… hasta que vieron a Gerard escabullirse por la puerta trasera.  Los dos preadolescentes lo tomaron del brazo como unos niños pidiéndole por favor, que los dejara ir con él. Se resignó y les dijo que con mucho sigilo, lo siguieran. Esa noche se juntaría con Ray y Bob a tomar unas cervezas, y prefería que los pequeños probaran el alcohol junto a él y no en cualquier otro lugar. 

Así que estaban los cinco tirados en la acera, tomando unas frías cervezas. Podía ver como Frank y Mikey, a pesar de que habían tomado poco, empezaban a reírse por cualquier cosa y decir estupideces, clara señal de que estaba ebrios. Sólo deseaba que Hannah nunca se entere, porque si veía a su pequeño hermanito en esas condiciones, lo asesinaría lenta y dolorosamente. 

- ¿Qué se supone que están haciendo acá? - Dijo una voz femenina arrastrando las palabras como si estuviera ebria.

Definitivamente, el diablo había metido la cola. 

Pudo ver como Frank, quien estaba a su lado y dándole la espalda de Hannah, abrió los ojos exageradamente y no se movió un centímetro. Escondió su cara mirando hacia abajo y deseó que su hermana no lo viera. Pero Hannah, debido su alto estado de ebriadez, ni lo notó. 

- Es un placer verte en ese estado querida vecina. - Dijo Gerard con sorna.
- El placer no es mío. - Contestó. - ¿Qué hacen a estas horas de la madrugada?
- ¿Qué piensas que podemos estar haciendo princesa? 

Hannah lo observó por unos segundos, que parecieron horas, fijamente en los ojos. Gerard trató de sostenerle la mirada pero la profundidad con la que lo observaba hizo que se sonrojara levemente. Hannah movió la cabeza como tratando de quitar algún pensamiento que se le coló por la cabeza y luego comenzó a reír exageradamente. Todos la observaron pero era claro que su borrachera era la que estaba causando que se comporte con tan poca seriedad. 

- ¡Te pareces a Fonzie! - Gritó apuntando con el dedo a Gerard.

Y todo el mundo estalló en risas. Gerard frunció el ceño, ¡era obvio que no se parecía a él! Bueno, tal vez sí. En ese momento tenía puesta su típica campera de cuero y el cabello – ya un poco largo – tirado hacia atrás por el calor. Hannah rió tan exageradamente que casi pierde el equilibrio pero Gerard la agarró rápidamente de la cintura. 

- Ok, gracias, gracias. - Dijo ella quitando las manos de Gerard de su cintura. - Creo que iré a casa.

Hannah se dio mediavuelta emprendiendo su camino a la casa de los Iero. Frank suspiró aliviado ya que su hermana no había notado su presencia. Pero jamás se debe cantar victoria antes de tiempo. 

- Oh Frank, sé que estás ahí. - Dijo Hannah sin dejar de caminar. - Pero estoy muy cansada para gritarte. Mañana tú, yo, y el idiota de Way tendremos una charla.

Frank tragó saliva y buscó ayuda en la mirada de Gerard, pero él estaba muy ocupado observando como el vestido de Hannah, al estar empapado, se pegaba a su figura. Era un baboso empedernido. Bob y Ray estallaron en risa cuando notaron la dirección de su mirada. Él sólo lo miró de mala manera. 

Tal vez consideraría lo que sus amigos le sugirieron. 




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