III
Martes por la mañana. Hannah creía que no había peor forma de comenzar el día que teniendo dos horas seguidas de matemáticas y encima en la primera hora. Suspiró y se recostó contra su volante, tenía mucho sueño. Hacía ya varias semanas que no descansaba bien, con suerte dormía dos o tres horas antes de levantarse para ir al colegio. A pesar de estudiar, entrenar y salir con sus amigas, ni con su agenda llena podría conciliar el sueño a la noche. Así que cuando no podía dormir se ponía a observar películas Western que pasaban en la madrugada; era eso o dar vueltas y vueltas en la cama.
Observó de reojo a Frank quien roncaba placidamente en el asiento de copiloto. Su boca estaba ligeramente abierta y cuando exhalaba el aire, este hacía un sonido extraño al pasar por el piercing de su boca. Maldito enano, ¿por qué él podía ser un adolescente normal que dormía casi todo el día y ella no?
Claro, porque ella era Hannah Iero, la persona más complicada y única del mundo. A veces no sabía si era positivo o negativo.
Sacó la marcha del auto y esperó frente a la casa de los Way. Sabía que Gerard se tardaría igual que el día anterior así que cerró los ojos tratando de conciliar el sueño; ni se molestaría en despertarlo en alguna forma sádica. Si se quería tardar, ella se lo permitiría sólo por ese día.
Como si estuviera programado para hacerle la contra siempre, sintió un golpe junto a su vidrio apenas recostó su cabeza, haciéndola sobresaltar. Ahí estaban parados los hermanos Way. Hannah los observó con confusión y Gerard le señaló la traba; no podían entrar si todas las puertas estaban cerradas.
- Way, no molestes a Frank, hoy siéntate atrás. - Dijo mientras bostezaba. - Está muy dormido.
- No tengo problema, el asiento trasero es mucho más cómodo. - Contestó Gerard bostezando. - ¿Sabes? Si pretendes tener una noche de películas, bájale el volumen a tu televisor. Anoche no pude dormir porque estuve escuchando todos los diálogos de “Centauros del Desierto”. (N/A: "The Searchers", película Western de 1956)
- Lo siento. - Dijo ella, no tenía ánimos ni de pelear con él.
Ninguna otra voz se escuchó por el resto del camino y observó a los tres jóvenes durmiendo plácidamente; así que aprovechó para poner la radio. Hot Chip comenzó a sonar por los parlantes, y disfrutó cada momento de “I Feel Bonnie”. Momentos como este eran algo que raramente sucedía, al ir en un auto con tres metaleros era difícil escuchar la música que a ella le gustaba. Si ponía algo de electrónica los tres la abuchearían y la harían cambiar por una radio de rock. Generalmente el camino a la escuela estaba acompañado por Morrisey e Iron Maiden.
A veces si tenía suerte, podían llegar a un mutuo acuerdo, e iban al colegio escuchando Hinder y Two Door Cinema Club. Pero obvio, si los tres hombres estaban demasiado cansados como para discutir.
- Cambia esa música. - Exclamó Mikey desde el asiento trasero cuando ya estaban entrando al campus, y Hannah suspiró cambiando la estación.
Como si fuera por arte de magia, Frank y Gerard se despertaron también. Dejó el auto en el mismo lugar en donde lo dejaba desde hacía varios días y los menores bajaron.
- ¿No bajas? - Le preguntó Mikey cuando vio que su hermano no hacía ni un movimiento para bajarse.
- No, tengo que arreglar algo con Hannah primero.
Mikey y Frank se lanzaron una mirada de confusión y ambos se dirigieron al edificio principal. Hannah suspiró y sacó 20 dólares de su billetera.
- Así me gusta dulzura.
- Ni una palabra a mis padres, ni a los tuyos, ni a nadie del instituto, ¿me entendiste Way?
- Ese hombre soy yo señorita. Gerard Arthur Way Lee, para servirle por un precio, siempre por un precio. - Gerard le besó la mejilla recitando uno de los diálogos de “Centauros del Desierto” y bajó del auto rápidamente. Estuvo a punto de insultarlo por haberla besado pero ya estaba lo bastante alejado para que la escuchara.
Maldito bastardo.
***
Las clases de matemáticas eran el infierno personificado para todos, en especial para Hannah. Por un lado, no esperaba a que Gerard le explicara porque lo que veía en la pizarra eran puros jeroglíficos. Él placer de entender un tema de matemáticas era lo único productivo que sacaría de sus tutorías. Aunque pensándolo bien, tal vez podría propinarle algunos golpes a Gerard.
Pero claro, el maldito la inmovilizaría antes de que tuviera la oportunidad de mover un dedo. Era realmente una mala idea pelear contra Way, pero la rabia que le hacía sentir la cegaba y lo único que quería era borrarle esa perfecta sonrisa de una cachetada.
Idiota.
El profesor comenzó a anotar unos cuantos ejercicios en la pizarra y preguntó si alguien quería pasar a hacerlos. Chloe White levantó su mano emocionada. Pasó al frente y puso números aleatoriamente – o por lo menos eso creía Hannah. - Lucía tan segura de sí misma cuando comenzó a sumar esos números y letras, no había forma en el mundo de que White fuera buena en matemáticas.
La maldita si lo era.
Luego de que terminó el ejercicio le entregó el fibrón al profesor y él tildó como correcta la operación. Mientras caminaba a su pupitre largó una sonrisa desafiante a su dirección. Maldita idiota.
Idiota.
Luego pasó Way, aunque al contrario de Chloe, fue porque el profesor lo llamó al ver que nadie más se ofrecía. En menos de 30 segundos el desgraciado terminó la operación dejando a toda la clase con la boca abierta. Su mano ni se veía de la rapidez con la que escribió el ejercicio.
Idiota.
Si Hannah tuviera que exterminar a dos personas en el mundo, Chloe y Gerard serían las primeras opciones de su lista.
Idiotas.
- Necesito terapia urgente. - Murmuró recostando su cabeza en su cuaderno. Tenía mucho odio en su interior.
La clase terminó más rápido de lo que pensó – tal vez se debía a que pasó la mayor parte de la hora durmiendo sobre su cuaderno. Cuando se dio cuenta sólo estaba ella y el profesor, Brittany había desaparecido, al igual que Way – lo cual agradeció internamente. - Se acercó al profesor Foster y sin más dijo:
- Acepté la ayuda de Way, espero que tenga eso en cuenta.
El profesor Foster levantó su vista ya que estaba ordenando unos papeles y no había notado que quedaba uno de sus alumnos en el aula.
- Me parece muy bien. – Contestó simplemente volviendo su vista al papelerío.
- ¿No va a decir nada más? Estoy haciendo un esfuerzo muy grande profesor, espero que lo tenga en cuenta.
- Veré si ese esfuerzo realmente valió la pena en el próximo examen.
El Sr. Foster se levantó, tomó su maletín y dejó a Hannah echando humo por los oídos.
¿Por qué siempre la dejaban plantada con palabras en la boca en el aula de matemáticas?
***
La idea de que deberían pasar toda la tarde juntos les molestaba de sobremanera. Mikey y Frank salían más tarde del colegio, así que sólo eran Gerard y Hannah en el auto. Ninguno decía nada pero ambos se lanzaban miradas cuando el otro no lo veía.
Hannah porque odiaba que el universo se hubiera puesto en su contra y hubiera hecho todo lo posible para que ambos pasaran tiempo juntos.
Gerard por lo mismo, pero se maldecía a sí mismo por haber sido tan impulsivo de aceptar. Tal vez era divertido molestarla pero a veces ella podía ser realmente insoportable y lo único que quería era ahogarla en una piscina llena de pirañas.
- Por lo menos eres tú mi tutor y no Chloe. - Rompió el silencio mientras aparcaba frente a la casa de los Way. - Eso si que hubiera sido una tortura. A ti aprendí a soportarte
- Gracias por el cumplido Iero. Vamos, acabemos con esto de una vez por todas. - Contestó Gerard bajando del auto.
La casa de los Way era prácticamente igual a la de los Iero. Blanca por fuera, con un jardín lleno de flores que Donna cultivaba y la bandera estadounidense en un costado. El típico hogar norteamericano.
La decoración por dentro oscilaba entre los colores terracota, rojo y mostaza, dándole un aspecto cálido y español. Había que aceptar que la madre de los Way tenía un gusto excelente.
Se sentaron en los sillones de cuero del living. Hannah observó el reloj incómoda, las dos de la tarde. Quería irse a su casa antes de que Donna llegara de trabajar.
- ¿Quieres tomar algo? - Preguntó Gerard por cortesía.
- No gracias. - Comenzó a sacar sus libros de su mochila y los demás elementos.
- ¿Te puedo hacer una pregunta? - Preguntó luego de unos segundos de silencio. Hannah lo observó sorprendida.
- Wow, Gerard Way preguntando si puede hacer algo antes de hacerlo. Me sorprendes.
- Supongo que hoy estoy caballeroso. - Respondió encogiendo los hombros. - ¿Puedo hacerlo?
- Está bien, dispara.
- ¿Por qué no quieres que tus padres sepan de tu F?
- ¿No te suena Hanna-perfecta-Iero? Mis padres se decepcionarían tanto de mí....
- Pero no creo que tus padres te digan algo. Vamos, es sólo una nota. Tienes A+ desde que tengo uso de conciencia. - La cortó Gerard.
- Lo sé, pero a veces tengo la presión de ser la adolescente modelo. - Hannah suspiró y tomó sus libros. - ¿Sabes? Esta es una charla bastante profunda como para tenerla en nuestra primera clase. No creas que porque te pedí que seas mi tutor me abriré completamente a tí y seremos los mejores amigos Way.
- Tranquila, camarada. - Rió Gerard. - Ok, comencemos. Estamos viendo sumas y restas de números complejos, ¿verdad? Bueno, el número complejo es Z= a + b, el número conjugado es Z= a – bi porque cambia el signo de la parte imaginaria... - Mientras Gerard le explicaba tomó el cuaderno de Hannah y comenzó a trazar algunas operaciones allí.
Hannah observaba con el ceño fruncido la hoja. ¿Cómo es posible que alguien inventara eso en la antigüedad? Un rasgo característico de ella era que debía saber el porqué a todo. Odiaba matemáticas por el simple hecho de que los números no tenían un “porqué”. La mayoría de las operaciones no eran lógicas, sino que eran números y símbolos creados por la mente abstracta de un anciano que no sabía que hacer con su vida. Las matemáticas no la llevaban a nada.
- ¿Por qué? - Preguntó Hannah, tal vez era su mente la que no encontraba la razón y Gerard si la sabía.
- ¿Por qué que cosa? - Preguntó él con el ceño fruncido.
- ¿Por qué el signo de “bi” cambia?
- ¿Porque es un número conjugado? - Preguntó Gerard, marcando lo obvio.
- Eso ya lo sé idiota. - Contestó frustrada, Gerard la miraba como si fuera una retrasada mental y no sabía como explicar su idea. - Lo que no entiendo es por qué razón cambiamos “bi”... ¿A qué nos lleva eso? ¿Para qué lo inventaron? ¿De qué nos sirve?
- Ahora comprendo por qué no entiendes matemáticas. - Gerard sonrió de lado y Hannah quiso pegarle. Algo que odiaba más que el “Gerard insoportable”era el “Gerard superador”.
- Lo siento, en algo debía fallar, Einstein. - Hannah rodó los ojos y Gerard rió.
- Cariño, ¿te puedo dar un consejo? Nunca le busques un porqué a las reglas de las matemáticas, así entenderás mejor.
Hannah decidió seguir su consejo porque tal vez tenía razón, no debía buscarles un porqué a las matemáticas. Mientras Gerard explicaba se concentraba lo más que podía en él; tratando de aprender las fórmulas. Luego de que terminaba de explicar el tema, le dejaba algunos ejercicios mientras salía a fumar un cigarro al patio. Las horas pasaron y cuando él volvió de fumar su tercer cigarrillo encontró a Hannah esparcida en el sillón durmiendo tranquilamente. Sonrió y se lanzó encima de ella haciéndola sobresaltar y pegar un grito.
- ¡Eres un maldito idiota Way!
- Debo confesarte que acepté sólo para poder hacerte la vida imposible por unas horas más. Creo que va a ser más divertido de lo que pensé.
- No peleamos en casi todo el tiempo que estuve aquí, es un progreso.
- Eso es porque nos centramos en la clase y en nada más.
- Deberíamos seguir así. Terminé los ejercicios, ¿quieres verlos?
- Después, parece que necesitas dormir mucho. Estás horrible, ¡mira las ojeras que tienes!
- Dormir es para débiles. – Hannah rodó los ojos y tomó sus cosas para irse. – Te veo mañana.
¿Lo que aprendió en su primera lección? Que las matemáticas no tienen sentido, que no debía dormir cerca de Gerard y que él era malditamente irritante. Bueno, lo último ya lo sabía desde hace mucho.

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