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II. Everyone thinks that I have it all, but it's so empty living behind these castle walls.

Samantha Waldorf miércoles, 23 de noviembre de 2011
II




Apenas estacionó en su garaje largó un gran suspiro. Tenía un mal presentimiento, el estómago revuelto por los nervios y una resaca que le hacía doler los ojos. Se miró al espejo y ahogó un grito cuando vio lo mal que lucía, ¿así se había atrevido a enfrentar a los paparazzis? No le importaba que la vieran actuando como una perra malhumorada, pero desarreglada, nunca.

Abrió la guantera de su auto y sacó crema desmaquillante y un peine para arreglar su cabello artificialmente liso. Ahora lucía un ondulado extraño, mezclado con el sudor de la noche anterior. Se quitó sus Ray Ban y antes de que otro paparazzis o su padre la encuentre, se limpió rápidamente los ojos de su maquillaje nocturno. Dio una última mirada al espejo antes de salir de su auto en toda su gloria. Debía mantener una buena postura, nunca sabe cuando un stalker o un paparazzis la atacaría.

Entró a su casa con el mayor sigilo posible. Se quitó los tacos y comenzó a hacer su camino hacia la cocina, su estómago gruñía por algo de comer. Allí encontró a dos hombres conversando alegremente y largó un suspiro de alivio cuando notó que ninguno de ellos era su padre.

 Se trataba de Joe y Carlisle, su mayordomo y su cocinero, respectivamente.

 - Señorita, ¿se encuentra bien? - Le preguntó Carlisle mientras cortaba espinaca. Joe la observó de arriba hacia abajo con una mueca de disgusto.

 Ambos tenían conductas totalmente diferentes hacia Sam. Carlisle siempre se preocupaba por ella y la trataba como la hija que nunca tuvo. En cambio Joe la ignoraba constantemente a menos que sea inevitable dirigirle la palabra. Y cuando lo hacía, no perdía oportunidad para reprocharle por sus modales, su actitud o su forma de vestir.

 - Estoy perfecta. - Sam le dirigió una sonrisa para convencerlo, aunque su atuendo no la ayudaba mucho. - Oye, ¿has visto a mi padre?
- Su padre tuvo una urgencia y se dirigió a la oficina, pero me dejó dicho que le diga que debe esperarlo para la hora de la cena. Quiere hablar con usted.

 Sam ignoró la sonrisa de suficiencia que creció en la cara de Joe cuando dijo esto, casi disfrutaba el echo de que John iba a tener una conversación – o mejor dicho discusión – con ella. Respondió con un seco 'ok', tomó una manzana y comenzó a dirigirse a su habitación.

- Señorita Waldorf – la llamó Carlisle - ¿no va a almorzar? Hice lasagna, su favorita.
 - No gracias, sólo voy a comer una manzana. - Una sonrisa de disculpa danzó en sus labios antes de girar sobre sus talones y dirigirse a su habitación.


***



La tarde pasó sin mucha acción. Durmió durante toda la siesta, luego se bañó y pintó las uñas. Nada interesante, solo un día de relajación. Ahora se encontraba recostada en su cama, con una mascarilla de pepinos color verde para las espinilla y navegando por Internet. Sam tenía la curiosidad de saber si ya habían subido sus fotos de esa mañana.

E!, nada.
TMZ, nada.
Perez Hilton, nada.


Si en ninguna de esas páginas había algo sobre ella, estaba salvada. Solo le faltaba Just Jared.com. Comenzó a bajar por la página para ver las últimas noticias. 

Justin Bieber admite ser homosexual. Los secretos de su relación con Selena Gomez.
Angelina Jolie y Brad Pitt firman su divorcio.
Posh es encontrada teniendo sexo con un camarero. ¿Qué dice Beckham sobre esto? 

 Sam agradeció internamente que ese día Hollywood hubiera colapsado. Siguió bajando por la página. Con suerte podría salir ilesa.

Sam Waldorf es vista saliendo de la casa de Frank Iero al mediodía.

Pero no... Ella no era alguien que nació con suerte. Gruñó y golpeó su cabeza contra el teclado, olvidando que tenía una mascarilla puesta. Pero ya nada le importaba, quería quedarse en esa posición por el resto de sus días y no ver esas malditas foto.

Levantó lentamente los ojos y deseó no haberlo hecho.

 Sam no era una chica fea, al contrario, era mucho más bonita y fotogénica que muchas estrellas actuales. ¡Incluso salía bien fumando marihuana! Pero esas fotos no la favorecían en nada. Ni las fotos de Britney pelada y pegándole con un paragua al auto de un paparazzi se le comparaban.

Su cabello castaño estaba hecho un desastre. Sus párpados negros y sus ojos rojos la hacían parecer un panda. Y casi todo su cuerpo estaba al descubierto por su corto vestido, que dejaba casi nada a la imaginación. Incluso los paparazzis se las habían arreglado para sacarle una foto a su ropa interior mientras subía a su auto.

- ¡Los odio! - Gritó a la pantalla y cerró su notebook con fuerza. Un pequeño golpe en la puerta la hizo darse cuenta de la hora que era.

 9 de la noche, hora de cenar. Había perdido casi la noción del tiempo. Su padre se escuchaba muy enojado al teléfono y realmente no quería hablar con él. Se quitó la mascarilla y se colocó su bata de raso, porque estaba en pijamas. Abrió la puerta y se dirigió al comedor sin dejar hablar a Joe, quien había sido el que tocó su puerta. Hoy no soportaría ninguno de sus discursos sarcásticos.

 - Samantha. - La saludó su padre cuando ella ingresó al comedor.

 Sam comenzó a comer en silencio. Era incómodo, no lo podía negar; no acostumbra a cenar con su padre. Su única compañía eran Carlisle y Joe.

- Samantha – John rompió la tensión luego de unos minutos. - ¿Donde estuviste anoche?
 - Amanda se emborrachó y me quedé en su casa a cuidarla. - Murmuró Sam sin quitar la mirada de su plato.
 - ¿Sabes que los paparazzis te fotografiaron saliendo de la casa de Iero?

Oh mierda, había olvidado ese pequeño detalle. 

 - ¿Por qué me mentiste?
 - ¿Decirte la verdad hubiera cambiado algo?
 - ¿Tienes idea de la magnitud de lo que haces? Exponerte de esa manera al ojo público trae una mala imagen para la familia y la empresa. - Sam encogió los hombros.
 - Nadie conocería los hoteles Hilton sino fuera por Paris. Tómalo como publicidad.
 - No me contestes Samantha. - John elevó su tono de voz amenazadoramente.
 - ¿Crees que me importa lo que piensen lo demás de tu puta empresa? Oh, pretendamos que somos una familia feliz y perfecta, que no tenemos problemas; cuando tú sólo te enteras de lo que yo hago porque uno de tus asistentes está siempre vigilando las páginas de chismes. No jodas papá.
 - No me vuelvas a hablar así jovencita, estás castigada.
 
Samantha se dirigió a su habitación gritando “no intentes jugar el papel de padre ahora John” y pegando un portazo

***

Toda acción tiene causa y efecto. 

¿El efecto? 

Mi actitud rebelde, mi postura despreocupada, mis ganas de arruinarme la vida. Las grandes cantidades de alcohol que corre por mi cuerpo todas las noches. Las drogas que constantemente me hacen ver las estrellas. Mi promiscuidad y mi desfachatez desmedida. Ser propensa a llamar la atención de los medios y a “manchar” mi imagen. 

¿La causa?

Realmente no la sé. Al principio pensaba que era porque me gustaba la fiesta, el sexo, el alcohol y las drogas. Me gustaba llamar la atención de los medios y sentir esa libertad de que no te importe nada. Pero lo que más me atraía de mi vida era ver a mi padre enojado conmigo. Ver que le preocupo y que por una vez en su vida me cuidaba. 

Esa era la principal razón de porqué hago esto. 

Pero a él no le importo yo. Lo único que le importa es su maldita empresa y su dinero. Con el paso de los años mi actitud ya no es una forma de llamar su atención, esto se convierte en venganza

Sigo disfrutando verlo enojado, pero ahora es una forma de “retribuirle” todo lo que él me hizo. 

La soledad es algo horrible, algo a lo que todos le temen. Creo que nadie sabe lo que se siente que la soledad te acompañe desde el día que naciste. Nadie lo sabe, porque ciertamente, nadie me conoce




Sam se perdió en sus pensamientos. Estaba sentada apoyada en la puerta, con sus rodillas contra su pecho. No quería llorar, temía que si esa primera lágrima caía, no podría parar las demás. Respiraba profundo tratando de tranquilizarse cuando sonó un débil golpe en la puerta. 

- Samantha, mañana hay un torneo de polo en el Country Club. Debes venir conmigo. - Dijo su padre, y al no escuchar respuesta de parte de ella se alejó.

Sam sonrió, no porque estuviera feliz de que John la hubiera invitado, sino porque un plan se formó en su mente. 

Estaba cegada por la ira. ¿Así que a su padre solo le importaba la imagen de su empresa? Muy bien, ella se encargaría de que los estirados del club no borren de su mente el apellido “Waldorf




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