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I. Primera Parte: She Runs the World.

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011
I
Primera parte




Levantarse a las 6 de la mañana no es aconsejable para nadie, ni siquiera para la mismísima Hannah Iero, quien parecía tener un reloj natural en su cerebro. Esa mañana, como tantas otras, no le importó lanzar su celular al suelo sin importar donde cayera. Para ser un blackberry, demasiado había durado en sus manos. Según Gerard, Hanna poseía “manos de manteca” y cualquier objeto frágil debe estar a 30 metros de ella. Según Hannah, es sólo un poco... distraída. 

Ustedes lectores, descubrirán que ella es un peligro para la humanidad por su falta de equilibrio en los primeros capítulos. 

Pero shh, Hannah no lo deberá saber. 

Como si su batería natural se recargara por arte de magia, salió de su cama en un salto y se dirigió corriendo al baño; no dejaría que Frank lo usara antes que ella. La típica pelea matutina se desarrolla cuando los hermanos Iero pelean por el baño. Hannah, al tener dos años más que Frank, replica que al ser la primogénita debe usar el baño primero. Frank le contesta que ella tarda mucho y que su vejiga algún día iba a explotar de tanto esperarla. La pelea termina cuando Cheech se despierta malhumorado diciendo que dejen de pelear y tratando de buscar una solución aribitraria. Arbitraria es sinónimo de dejar pasar primero a Hannah, diciendole a Frank que “todo caballero debe dejar que las damas pasen primero”. Frank suelta un bufido, Hannah le saca la lengua antes de entrar al baño y él se va a a su habitación insultándola en voz baja. 

Como verán, Hannah es un poco especial. Tiende a hacer que las personas no la soporten pero de alguna forma se hace querer.

Tal vez es por su egocentrismo que llega a límites impensados; o por el simple hecho de que todo tiene que ser perfectamente calculado en su vida y la lleva a tener un transtorno obsesivo-compulsivo. 

Ya vestida con su uniforme de porristas – con los colores bordó y blanco de la secundaria de Belleville – baja a la cocina. Cheech y Linda hablan animadamente mientras que toman el desayuno sobre la mesada de la cocina. Ella toma una manzana y se dirije a la puerta. Frank baja las escaleras aún con “la almohada pegada a su cara” y entre gruñidos gluturales insulta a su hermana por llevarlo al colegio tan temprano. 

- El que madruga, Dios lo ayuda. - Contestó ella con una sonrisa perfecta.
- Que te ayude cuando te patee el trasero. - Contestó Frank en gruñidos antes de subir al auto. 

Hannah condució su Ford Ka por unos metros antes de estacionar. Tocó bocina y de la puerta salió un pequeño de quince años, con cabello castaño claro cayendo sobre sus ojos. 

- Mi hermano me dijo que ya viene. - Dijo Mikey Way, mientras la saludaba con un beso en la mejilla y hacía su saludo especial con Frank. 

Los minutos empezaron a pasar y sus dedos tamborileaban impacientes sobre el volante. La puerta negra que contrastaba con las blancas paredes del inmueble estaba inmóvil. Suspiró y observó la hora en su celular. 

7.15. Mierda.

En menos de diez minutos tendría que estar en su entrenamiento con las porristas, y ella, por ser la capitana del equipo debía llegar unos minutos más temprano. Maldijo en voz baja a su madre. 




La familia Way y la familia Iero se encontraban cenando la noche anterior; como ya era costumbre de los domingos. ¿El menú? Pastas, ya que ambas familias tenían raíces italianas. 

- Gerard chocó su auto el viernes. – Comentó Donald tomando un poco de vino y metiendo un poco de pasta en su boca.
- ¿Cómo que lo chocaste? – Preguntó Frank, siempre había tenido un gran aprecio hacia el auto de Gerard. - ¿Pero está bien? ¿Se hizo mucho daño? 
- Hablas de mi auto como si fuera una persona Frankie. – Rió Gerard. – El capó está totalmente destrozado, y la carrocería delantera también. El motor se golpeó un poco. 
- ¿Contra que lo chocaste? – Frank siguió interrogando. 
- Contra un árbol. – Gerard hundió su cabeza en su plato. 
- Estabas borracho, ¿verdad? – La sonrisa de Hannah creció al mismo tiempo que Gerard la atravesaba con la mirada. 
- No, sólo estaba bastante cansado y me dormí en el camino. 
- Oh claro, ¿de donde venías? ¿De tus clases de taekwondo? – Si las miradas mataran, Hannah ya hubiera muerto hacía rato. 
- No. 
- Ah, porque escuché que Ashley Canson estaba dando una fiesta el viernes por la noche. Pensé que venías de allí. 

La mesa se quedó en silencio y Gerard apretó los puños fuertes. Como la odiaba, más cuando se ponía en ese papel de “recordemos todos los errores de Gerard para que sus padres lo castiguen”. Gerard recibió la típica mirada de Donald que decía: hablaremos luego en casa.

- Basta Hannah. Hay que agradecer que Gerard está sano y salvo. – La calló Cheech. - ¿No te hiciste nada hijo, verdad?
- No, sólo me golpeé un poco la cabeza. – Contestó Gerard agradecido que Hannah se hubiera callado.
- Me alegra escuchar que fue algo leve. - Acotó Linda. - ¿Cómo piensan ir al colegio?
- Estábamos pensando ir caminando. A Mikey le haría falta bajar un poco de peso. - Todos en la mesa rieron, ya que Mikey era el adolescente más delgado que conocían.
- Para nada, Hannah los llevará. ¿Verdad cariño?

Nuevamente todos en la mesa se callaron observándola detenidamente. Gerard tenía una sonrisa petulante en sus labios. Hannah lo observó con odio y luego dirigió su mirada al pequeño Mikey, que le lanzaba una mirada suplicante. La preparatoria de Belleville quedaba a tres kilómetros de sus casas y el joven no pensaba ir caminando. 

- Ok, lo haré. 



Y así terminó, condenada a llevar a los Way por quien sabe cuanto tiempo. 

- ¿Por qué tu hermano tarda tanto? – Preguntó a Mikey que dormitaba en el asiento trasero.
- No lo sé, siempre tarda en despertarse. – Dijo Mikey, tallándose los ojos.
- ¿Por qué tenemos que ir tan temprano? – Preguntó Frank desperezándose en el asiento y mirando mal a su hermana. 
- Porque yo tengo entrenamiento con las porristas. 
- ¿Y tienen que entrenar a las 7 de la mañana? Las personas normales entramos al colegio a las 9. 
- Yo los llevo, yo los traigo, así que vamos a la hora que yo quiera. Si escucho otra queja tuya te vuelves caminando ¿ok? – Dijo Hannah, devolviéndole la mirada a su hermano. – Lo voy a llamar, hace más de diez minutos que estoy aquí.

Gerard, por su parte, estaba plácidamente dormido en su cama. Eran apenas las 7.20, Hannah estaba demente si pensaba que él se podría despertar a esa hora. Sus plácidos sueños fueron interrumpidos por el sonido de su celular. 

- ¿Qué quieres? – Preguntó él rodando en su cama. No tenía ni la más mínima intención de levantarse.
- Quiero que levantes tu flácido trasero de la cama y te cambies. Te estoy esperando hace más de 15 minutos en el auto. 
- ¿No crees que es muy temprano para que me grites? 
- Escúchame bien maldito bastardo, estoy hace veinte minutos esperándote y no me importa lo que hiciste la noche anterior, quiero que te levantes o si no…
- ¿O sino qué? ¿Qué vas a hacer princesa? – Preguntó Gerard sonriendo ante los gritos de ella. 
- No me provoques Gerard Way. 
- Tengo mucho miedo. 

Y luego de eso cortó, dando media vuelta y tapándose la cabeza con sus sábanas, esperando conciliar el sueño por unos minutos más. Hannah se quitó su móvil del oído para mirar la pantalla con incredulidad. Le había cortado, el maldito le cortó. Mikey y Frank tragaron saliva, cuando ella se bajó del auto pegando un portazo. 

Entró como si nada y se dirigió a la cocina para buscar algo en la heladera. Nadie le cortaba, y menos Gerard Way. Donna apareció por la puerta de la cocina bostezando. 

- ¿Hannah? ¿Qué haces tan temprano aquí cariño?
- Vine a buscar a Mikey y a Gerard para ir al colegio. 
- Ah. - Contestó Donna. - ¿Y qué buscas en la heladera?
- Algo para despertar a Gerard. - Donna rió. 
- Te recomiendo agua fría. - Hannah sonrió encontrando una botella de agua helada. - Suerte con eso, volveré a la cama.
- Gracias tía. 

Hannah subió las escaleras, donde se encontraba la habitación del “subnormal” de Gerard. Entró a la habitación con furia y observó un bulto que respiraba plácidamente en la cama. Abrió la botella y la vació encima de la cabeza de su vecino. Gerard pegó un grito sintiendo como el agua fría lo golpeó de golpe y observó a la chica a su lado, que lo miraba con una mirada triunfal. 

- Te quiero abajo en menos de 2 minutos. ¿Me escuchaste Way? – Dijo antes de salir por la puerta dejando a Gerard totalmente confundido. 

Frank y Mikey vieron como Hannah volvía de la casa de los Way con una sonrisa triunfal. Minutos después apareció por la puerta Gerard, malhumorado y maldiciendo por lo bajo. 

- Bájate Frank, yo voy adelante. – Le dijo el mayor de los Way.

Frank lo insultó por lo bajo y se dirigió al asiento trasero. El camino fue ameno, Gerard no le dirigió en ningún momento la palabra ya que aún estaba enfadado por la forma en que Hannah lo despertó. La tensión en el ambiente era palpable, por las sendas miradas que se mandaban uno a otros. Un niño que pasó corriendo por la calle la obligó a frenar de golpe, haciendo que todos se exaltaran y que Gerard explotara.

- Casi atropellas a alguien ¡idiota! Déjame manejar a mí – Hizo el intento para bajar del auto pero el grito de Hannah se lo impidió.
- ¡No! Te recuerdo que tu auto está en un taller destruido después de que lo chocaste. Estás loco si piensas que voy a dejarte conducir el mío. Agradece que soy buena y no dejé que vayas al colego caminando. 
- Pero ¡estaba borracho cuando lo choqué! Ahora estoy sobrio, así que puedo manejar perfectamente. 
- No confío en tí. 

Un auto detrás de ellos los sobresaltó, se habían quedado discutiendo en el medio de la calle. Gerard le lanzó una última mirada que decía “déjame manejar” a la que Hannah ignoró. Arrancó el auto y el viaje siguió sin que los dos se dirigieran la palabra. 

Aparcó un poco lejos de donde estaba el estacionamiento de la secundaria. Había unos pocos autos estacionados, en los que distinguió el de Chloe y el de Alex, su novio. 

- ¿Por qué aparcaste tan lejos? - Preguntó Frank, tomando su mochila para bajarse del auto.

Iba a utilizar la excusa de “el estacionamiento está lleno” pero habían llegado temprano y no había casi nadie, exceptuando algunos alumnos. 

- Lo que pasa es que tu hermana no quiere ser vista conmigo. - Sentenció Gerard antes de bajar del auto.

No dijo una palabra, ¿por qué negarlo? Ser vista con Gerard Way significaría suicidio social. La imagen que tanto le había costado construir durante años en la preparatoria de Bellville estaría desechada en tan sólo unos segundos. Gerard ya no se sorprendía de la actitud de su vecina. Le hubiera molestado años antes, pero ya su rechazo le era indiferente. 

Obviamente que ella ignoraba la reputación que Gerard había ganado entre el sector femenino de la secundaria. En ese caso no significaría sucidio social sino más bien, muchos problemas con Alex y chismes de infidelidad. 

***

- ¿Dónde rayos estuviste? Si así pretendes ser capitana por lo que queda del año podrías ir renunciando. - Gritó Chloe White.

Chloe White no necesita presentación. Es ese tipo de chicas que son insoportables, pero en el mal sentido de la palabra. Su relación era un poco particular porque para el resto de la secundaria eran “Besties” aunque la realidad fuera la contraria. Como dijimos antes, Hannah tenía facilidad para que las demás personas no la soportaran, pero Chloe la superaba en ese factor. 

Y miren que es difícil superarla. 

Tal vez la meta en la vida de Chloe es tratar de que Hannah muerda el polvo en toda circunstancia, algo que, para ser sinceros, era bastante difícil. Trataba de ganarle en deportes, en quien tiene las mejores notas, quien usaba la mejor ropa e incluso quien salía con el más guapo de la preparatoria. 

La que en realidad mordió el polvo fue Chloe. ¿El punto más crítico de su riña? Cuando Chloe encontró a su novio Alex, engañándola con Hannah. 

- Podrás ganar la batalla Iero. Pero no ganarás la guerra. - Una vez le dijo Chloe amenazadoramente en lo pasillos del colegio.
- ¿Cuántas batallas más tengo que ganar la guerra? Creo que ya gané suficientes White. - Contestó Hannah con esas sonrisas perfectas que sólo ella podía mostrar. 



- Donde estuve no es de tu incumbencia White. ¿Precalentaron? - Preguntó Hannah a las demás integrantes de equipo. Vio como negaron con la cabeza vacilantemente. La diminuta figura de Hannah podía inducir miedo a veces. - Ok. Chloe, como segunda deberías haber hecho que las chicas precalentaran. Tú tampoco estás apta para ser líder.

Y sin más, Hannah dio media vuelta con una sonrisa en su rostro sintiendo la mirada de odio de Chloe en su nuca. 

- Vamos a correr cinco vueltas alrededor del gimnasio. Toman agua y comenzamos a practicar, ¿ok? 3, 2, 1. ¡Comiencen!

Como si temieran de que las comiera, las demás porristas comenzaron a correr en una fila perfecta liderada por su capitana. 

- ¿Donde rayos estuviste? Nunca llegas tarde a las prácticas. - Una voz dijo a su lado mientras corrían. Al contrario de Chloe, esta presentaba curiosidad y preocupación. Se trataba de Brittany, su mejor amiga desde que tiene uso de razón. 
- El idiota de Way chocó su auto y mamá me ofreció para hacer de su chofer. Cuando llegué el imbécil estaba durmiendo y me costó muchísimo despertarlo. 

¿Un detalle? Nadie en el colegio sabía que Hannah y Gerard eran tan “cercanos”. Sólo ellos, Brittany y los mejores amigos de Gerard, Ray y Bob. 

- Vamos Han, no es tan malo. - Contestó Brittany riendo. - Si no fueras tan orgullosa tal vez se llevarían mejor.
- Es un idiota Brit.
- Como tú digas. - Brit rodó los ojos, a veces Hannah podía ser muy testaruda. - Chloe casi se te tira encima hoy.
- La idiota piensa que me puede vencer. Idiota. 
- ¿Haz contado cuantas veces haz dicho “Idiota” hoy?
- No lo sé idiota. - Contestó sin pensar y al notar lo que había dicho comenzó a reír histéricamente. - Lo siento, es que empezar el día peleando con Gerard y Chloe no me pone de buen humor. 
- Lo noté. – Rió Brit, lo mejor de pasar tiempo con Hannah era que sus cambios de humor eran bastante perturbadores, llegando al punto de ser graciosos. Su amiga comenzó a correr más rápido dejando a Brittany detrás.
- Vamos B, terminemos con esto. Tengo un equipo que entrenar, un colegio que dominar y chicas que poner en su lugar. 

Hannah Iero, arrogante hasta los huesos, perfeccionista hasta llegar al punto de ser obsesiva compulsiva, vanidosa, cruel y sarcástica. Manipuladora y excéntrica. El perfecto ejemplo de niña mimada y caprichosa. Y por sobre todas las cosas: inteligente y calculadora, aunque no lo parezca. 

El colegio estaba bajo los pies de Hannah Iero, pero había una excepción a esto.

¿Quién era? Gerard Way. 

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