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Capítulo XV.

Samantha Waldorf lunes, 5 de diciembre de 2011
возрождение


XV

7 de Julio del 2008. 19:26 hs. New York, USA.

Gerard llegó a Rusia al anochecer, asegurándose no tener contacto alguno con la luz solar. Por suerte, viajaban en un jet privado de la orden – que era manejado por Nathaniel – y que no tenía ventanas al exterior. Antes de partir, se despidió rápidamente de su hermano Mikey. Lo citó la noche anterior en un Starbucks cerca de su hogar con la excusa de que había tomado una decisión. 

- No te preocupes Mikey, tú tienes todo una vida aquí, todo por delante, tienes a Alicia. Debes cuidar a mamá y a papá. No te preocupes por mí.

Dijo Gerard, dándole un sorbo a su café, mientras la lluvia empapaba las calles de Manhattan. Su hermano observó por la ventana, no muy seguro de dejarlo ir. Todo lo que le había dicho parecía más las últimas oraciones de una carta suicida que una despedida entre hermanos que no se verán por unos meses. 

- Además… me voy con Frank - Comentó por fin, tranquilizando a su hermano.

Sí, esa era el plan perfecto. Como todos conocían las constantes escapadas de Frank hacia Rusia para visitar a ‘un tío que había conseguido cáncer de piel por la constante exposición al sol en Arabia Saudita, donde había vivido sus últimos 30 años como militante de Paz de la ONU’ – La excusa más pobre e idiota que se le podría haber ocurrido a alguien, según las expresas palabras de Gerard – no habría problema en que ambos se fueran por unos cuantos meses. Frank siempre había sido muy unido con Gerard y lo conocía a la perfección, más que su propio hermano, así que era la única persona que podría ayudarlo. 

Pero eso era sólo la fachada para poder llevarse a Frank consigo, sin levantar sospechas. 

- Ok, ¿cuándo te vas? - Preguntó Mikey mirando con dudas a su hermano mayor.
- Dentro de media hora. 

Mikey casi escupió el contenido de su taza y Gerard sólo encogió los hombros. 

El viaje fue algo incómodo. A su lado estaba sentado Frank y frente a ellos, Jamia y Cheech. Ella no dejaba de observarlo extrañada murmurando que no podía ser posible que el tan buscado dvoryanstvo fuera él. Por dentro se preguntaba ¿qué hacía ella allí? Jamás había tenido buena relación con la novia de su amigo, así que su presencia le parecía irrelevante pero; Frank le explicó que Jamia también era uno de los voiny sveta por lo tanto también un vampiro y que debía alimentarse de ella para poder sobrevivir. Una vez que se deja la sangre de humano para vivir a base de la sangre de vampiro, la sangre humana no satisface lo suficiente. También le contó que no se puede alimentar de ningún otro vampiro a menos que sea al que está “enlazado”. El proceso de “enlazamiento” es parecido al del matrimonio. Algunos lo hacen por mera supervivencia – porque la sangre vampírica los fortalece – o por amor. De cualquier forma, deben pasar el resto de sus vidas juntos y sólo la muerte de uno de ellos podría liberar al otro vampiro del enlazamiento.

La noche ya estaba sobre el cielo de Moscú cuando aterrizaron. Bajaron de jet y se encontraron de frente con el Palacio de Luz, sede de operaciones de los Voiny Sveta. Parecía una réplica idéntica del Palacio de Invierno de San Petesburgo pero en las afueras de Moscú.

- Hermoso, ¿verdad? - Dijo una voz femenina a su lado.

Se trataba de la diminuta figura de Anastasia quien hablaba a su lado. No notó que todos los demás habían entrado al palacio dejándolos solos y que se había entretenido observando con asombro al monumental edificio que se mostraba frente a él. Anastasia volvió a tomar la palabra.

- Fue construido por mi abuelo, Alejandro III por si alguna vez los Romanov necesitábamos vacaciones lejos de la rutina. Nadie sabe de su ubicación.
- Es impresionantemente enorme, ¿cómo que nadie sabe que existe? - Preguntó Gerard con asombro. Anastasia sólo sonrió. 
- Todos los dvoryanstvo tenemos poderes, mejor dicho los Romanov; no necesitamos convertirnos para hacerlos funcionar. Sólo están ahí, latentes, esperando para ser activados y entrenados. Alejandro III tenía su poder muy desarrollado. Era capaz de crear una especie de agujero negro a otra dimensión, pero el mismo podía crear los límites de esa dimensión. Es como si hiciéramos un corte en el tiempo y en el espacio así que él lo hizo alrededor de este palacio. Si una persona cualquiera lo ve desde afuera, vería sólo árboles. No puedes traspasar la puerta de una dimensión a otra al menos que no te lo permita su raza creadora... jamás podrías entrar al palacio al menos que un Romanov lo acepte.  Tú no notas la diferencia entre una dimensión y la otra porque eres uno de nosotros, un Romanov.

Las palabras de Anastasia lo golpearon. Toda su vida fue una mentira; portando un apellido que ni siquiera era suyo. No era Way, era un Romanov, por sus venas corría sangre Romanov, de la dinastía real rusa. Por primera vez en su vida sintió que pertenecía a algo importante. Se sentía orgulloso al saber que pertenecía a la dinastía de vampiros más poderosos de la Tierra, un vampiro de sangre azul que tenía el destino de la humanidad. Observó a Anastasia que lo estaba mirando maternalmente, algo que no encajaba con su rostro joven y fresco. 

- ¿Sabes? Si tan sólo Frank me hubiera mostrado una foto tuya, hubiera adivinado que eres un Romanov. Tienes la misma nariz y los ojos de mi pequeño Alexei; sólo que los tuyos son verdes.

Su voz se quebró. Detrás de esa fachada de niña pudo ver el alma de una mujer desgastada por lo años y el dolor de haber perdido a sus seres queridos. Gerard en un acto impulsivo la abrazó conmovido por todos los sentimientos que mostraba en sus ojos. Se arrepintió al no saber si su majestad estaba acostumbrada a ser tratada de esa manera, pero se sintió aliviado cuando ella encerró sus delgados brazos alrededor de su cintura aceptando su muestra de cariño. Gerard acarició su rubio cabello de la misma manera que acariciaría el cabello de su abuela si aún estuviera con él; pero se sintió extraño al imaginar que entre sus brazos tenía el frágil cuerpo de una niña de 17 años. Anastasia se separó de él con la misma sonrisa maternal de minutos antes y los ojos brillosos. 

- Lo siento pequeño. Supongo que los años y la intensidad con la que vives tus emociones cuando eres un vampiro hicieron que me excediera un poco. Es que es tan gratificante ver en qué se ha convertido el nieto de Alexei y es como si una parte de él estuviera dentro de ti aquí conmigo. Eres tan parecido que me sorprende, a pesar de que la última vez que lo vi él tenía 14 años. 

Gerard sonrió. Podía ver la misma sonrisa de su abuelo Alexei – o George como lo conoció él - plasmada en Anastasia. Las emociones últimamente eran demasiado intensas, y no pudo evitar sentirse como ella era parte del eslabón perdido de su pasado. Anastasia hubiera sido una buena madre, podía verlo en sus ojos cuando lo miraba y veía como poco a poco un amor maternal comenzaba a crecer dentro de ella. 

- El abuelo fue un hombre de gran corazón, ¿sabes? Tengo demasiados recuerdos de él jugando conmigo, enseñándome a andar en bicicleta a mí y a mi hermano; hablándonos de las maravillas de Europa y siempre empujándonos a seguir nuestros sueños.

Los ojos de Gerard se aguaron ¡malditos sean los sentimientos intensos que tenía! Recordó como los ojos azules de su abuelo brillaron cuando le regaló su primer dibujo. Pero también volvieron a su mente los recuerdos de como se rehusaba a hablar de su pasado y como terminaba hecho un mar de lágrimas cuando lo hacía. 

- Se fue demasiado rápido. - Agregó Gerard. - Yo sólo tenía 9 años cuando él falleció.
- ¿Su hemofilia empeoró? - Preguntó preocupada. Su pequeño hermanito sufría demasiado por esa maldita enfermedad. 

Gerard asintió. Una lágrima rodó por el rostro de Anastasia y deseó haber pasado más tiempo con Alexei. Tal vez si no se hubieran separado 90 años atrás, todo sería distinto; pero el destino hace lo que hace por una razón y tal vez ahora no tendría a ese maravilloso hombre como sobrino nieto, capaz de dar todo y salvar a la humanidad. Anastasia secó sus lágrimas y le dedicó una sonrisa. 

- Por lo menos vivió una vida feliz.
- Estoy seguro de eso. - Asintió. Anastasia se acercó a él y lo tomó por los hombros. 
- Bienvenido Gerard Romanov. Es tu decisión estar aquí y no puedo estar más que agradecida porque hayas aceptado. 
- No te defraudaré Anastasia. - Contestó decidido. 
- Espero que así sea. Oh, y por cierto, dime Nastia. Anastasia me hace sentir vieja. - Y rió, con esa risa de niña que aún portaba.

Mientras conversaban se dirigían a la entrada, donde Nathaniel observaba la escena con una sonrisa, disfrutando como su esposa se reencontraba con parte de su familia. “La otra parte está maldita” pensó, recordando al otro dvoryanstvo, Max Wellinger. 

Gerard entró por la amplia escalera que daba al la puerta principal. Si el exterior parecía perfecto, el interior era majestuoso. Su techo en cúpula, mostraba pinturas del período barroco. Las columnas desempeñan un papel singular en la impresión que causaba el palacio, dándole ritmo y sublimidad. Miles de bordes en color dorado – del que no estaba seguro si era oro – decoraban sus paredes, junto con algunas esculturas. En la mitad, se abría una gloriosa escalera con alfombras de color rojo y al final de esta, un cuadro con el retrato de la familia Romanov . Una mujer de poca estatura y de aproximadamente cuarenta años se acercó a ellos.

- María, muéstrele al señor Way su habitación.

La mujer pronunció un “Si majestad” y comenzó guiar a Gerard por incontables pasillos. Perdió la cuenta por la cantidad de puertas por las que pasó hasta que al fin llegaron a una doble. La mujer lo abrió y Gerard se dio cuenta de que la majestuosidad del palacio no dejaba de asombrarlo. La habitación parecía mucho más amplio que el lobby de los hoteles más caros en los que había estado. Grandes ventanales decoraban las paredes, con cortinas de color borravino que tocaban el piso. El techo era amplio, y seguía la misma forma de cúpula que el resto del palacio. En el centro, caía una hermosa araña dorada con candelabros. 

-  El señor Iero vendrá en uno minutos para darle las instrucciones de su ritual de purificación. - Dijo la mujer retirándose de la habitación.
- ¿Ritual de qué?

Pero su pregunta quedó en el aire porque la mujer había desaparecido. Suspiró, se sentía cansado pero sabía que no podría conciliar el sueño aunque su cuerpo le reclamara pequeña siesta. Se recostó en la enorme cama que estaba en la pared contraria, con sábanas de seda de color bordó. Tal vez se encontraba tan cansado porque su organismo estaba en una especie de limbo. No era humano, porque todo su organismo estaba muerto y su corazón había dejado de latir pero tampoco era vampiro aún. Le faltaba ese último paso que tomaría cuando el sol comience a salir. 

Cerró los ojos por unos segundos sintiendo lo suave que eran las sábanas bajo su piel. 

- ¡Despierta bello durmiente! 

Hasta que Frank entró a la habitación sacándolo de su ensoñación. Gerard bufó bajo su aliento. 

- ¿Me puedes decir que mierda es eso de ritual de purificación?
- Te pondremos en remojo durante 9 horas. 

Gerard rió pensando que Frank estaba bromeando, pero su amigo no rió ni un poco. La risa se fue apagando poco a poco cuando comprendió que si, iba a pasar 9 horas en una bañera. Frank le hizo señas para que lo siguiera detrás de una puerta donde se encontraba el baño y una bañera enorme llena de agua azul. 

- ¿Por qué el agua es azul?
- Porque es agua solar azul, agua de glaciar. Generalmente, cuando el glaciar se derrite el agua se vuelve incolora, pero en este caso sigue azul. Es un fenómeno que se da sólo en la parte del polo norte. El agua del glaciar contiene elementos que abren nuestro camino hacia el creador, permitiendo que purifiquemos nuestra alma y cuerpo.

Gerard frunció el ceño escuchando a su amigo. Siempre creyó que Frank era ateo, pero en realidad era devoto a la religión de los voiny sveta: el destino manejando la vida de cada uno y dos dioses máximos: El Creador y Satanás, el bien y el mal peleando entre ellos. No santos, no vírgenes; sólo ángeles y demonios. Frank salió del baño en busca de algo y Gerard se quitó la ropa metiéndose en la bañera iniciando así el rito que purificaría su cuerpo y alma antes de su transformación. 

Esas 9 horas pasaron volando. Gerard durmió por unas horas en la bañera mientras que las otras, se lo pasó hablando con Frank sobre la nueva vida que le esperaba. Le explicó como debería morder y chupar la sangre cuando sea el rito de transformación y cuales eran las palabras que debía decir. Además que los vampiros dormían, sólo si necesitaban recomponerse de algún desgaste físico importante o si tenían que curar alguna herida de su cuerpo. Degustaban los alimentos porque sus papilas gustativas aún funcionaban, pero no les era necesario comer.

- Frank… - Dijo Gerard preocupado.
- ¿Qué sucede? 
- Bueno… ya sabes… - Hizo una seña con la cabeza para indicar a sus partes íntimas. - ¿Funciona?
- ¡Pero claro que sí! – Contestó Frank riendo – Las investigaciones médicas actuales sobre como prolongar la vida humana dicen que si alteramos la cadena cromosómica mediante "encapsulamiento" de los extremos de algunos genes para que el gen no continué degenerándose, como normalmente haría con cada división celular sucesiva, posiblemente se incrementaría la enorme de la esperanza de vida media para el humano normal (sino una forma de inmortalidad humana). Tu organismo está muerto ahora pero en el momento de tu transformación a vampiro, tu sangre humana se convertirá en sangre de vampiro que cumple las mismas funciones que la humana pero miles de veces más rápido y mejor. Tus reflejos serán mayores, algunos órganos funcionarán mejor y otros serán innecesarios y dejarán de funcionar. Además este encapsulamiento hace que tu cuerpo cambie a una condición que ningún humano podría llegar y tus músculos y huesos serán más fuertes… tu piel más dura. En realidad, cuando te conviertes en un vampiro tu cuerpo se vuelve casi invencible.
- ¿Entonces funciona? – Preguntó Gerard. 
- Obvio que funciona, sino muchos de nosotros ya nos hubiéramos sacado el corazón. – Frank paró observando la mirada confundida de su amigo. – Somos inmortales, pero podemos morir. 
- Oh, que equivocados estábamos al pensar que la inmortalidad significaba nunca morir. – Recitó Gerard con voz poética la frase de “Our Lady of Sorrows”. – Ok, ¿y cómo morimos?
- Tienen que separarte el corazón del cuerpo. 
- Que poético. 
- Oh diablos, volviste a ser el mismo imbécil sarcástico de antes.

Gerard rió ante la burla de Frank y cerró los ojos. Hacía ya casi 8 horas que estaba en la bañera y le dolía su trasero, pero se sentía en paz consigo mismo. El agua purificadora estaba haciendo efecto y por mucho que no creyera en eso... bah, ¿para qué mentir? Todo lo que alguna vez conoció no eran más que especulaciones. Ahora sabía toda la verdad sobre la verdadera religión y los seres mitológicos que pisan la tierra. 

Ver para creer dicen... en su caso fue vivir para creer

- Vamos, ya casi es hora del amanecer. - Dijo Frank lanzándole una toalla a Gerard y saliendo de la habitación para que se vista.

Le dejó ropa interior y una especie de túnica blanca con un collar que tenía el símbolo de los voiny sveta. También estaba allí su anillo que lo protegería de la luz solar. Salió de su habitación y encontró a Anastasia, Frank y Nathaniel vestidos de la misma forma que él. Si su corazón hubiera estado funcionando, ahora latiría con la velocidad con la que lo hace el de un colibrí. 

- Sabes que deberás quitarle la vida a alguien y tomar de su sangre para convertirte en vampiro, ¿verdad? - Preguntó Nathaniel.
- Si. - Contestó, pero la forma en que él lo dijo hizo que se le revolviera el estómago.
-  Debo hacerte esta pregunta una vez más Gerard. - Dijo Anastasia y su voz sonó lúgubre. - ¿Estás preparado para ser un vampiro? Conozco algunos brujos que podrían hacer un conjuro para...
- Nastia – la cortó y ella sonrió levemente notando que había utilizado su sobrenombre. - Este es mi destino y quien soy yo. Soy un Romanov, un dvoryanstvo. 

El rostro de Lindsey volvió a su mente. Lo haría porque ella le pidió que siguiera su destino y aceptara quien era. Y tenía una misión demasiado grande en sus manos: encontrar a solnechnyi svet para poder así afrontar la batalla final. Los tres asintieron y se dirigieron por los pasillos del Palacio de la Luz. Podía ver por las ventanas como el cielo comenzaba a tener un color azul claro, indicio de que el amanecer estaba cada vez más cerca. 

Llegaron a una habitación redonda rodeada por columnas al estilo griego.  El techo seguía el mismo modelo que el resto del palacio pero esta vez, la cúpula era de vidrio. El suelo era de mármol, y dibujaba el símbolo de los voiny sveta: una flor de liz en color azul y detrás de ella, una estrella de seis puntas en rojo. Pero el resto de la circunferencia estaba dividida en 20 partes y en cada una, estaban parados los caballeros vestidos de la misma forma que ellos: una túnica blanca que casi no dejaba ver sus rostros. Las cabezas se movieron en su dirección cuando entraron, seguro para ver al nuevo dvoryanstvo. Gerard levantó el mentón y siguió a Anastasia que se dirigía al medio del salón. Allí se encontraba una mesa donde estaba recostada una mujer de unos veinticinco años. 

- Con la protección de El Creador comenzamos esta reunión.

Los Caballeros se quitaron la capucha, revelando sus caras. Entre ellas reconoció a Nathaniel, Frank, Cheech, Edmond y Erminie. Gerard los imitó y los ojos de los otros recorrieron cada uno de sus rasgos. 

- Tengo el gusto de presentarles a Gerard Romanov, nuestro dvoryanstvo y que pasará a ser parte de la legión de los Caballeros de la luz. - Todos aplaudieron ante la mención de su nombre. 

Pero Gerard no estaba allí presente, tenía su mente puesta en la mujer que yacía inconsciente en la mesa. Jamás pensó que asesinaría a alguien pero era necesario si quería ser un vampiro. Sólo deseaba que sea lo que sea que haya del otro lado, su alma pueda encontrar la paz ya que él le arrebataría la vida demasiado pronto. Anastasia observó el cielo por el vidrio de la cúpula, que ya comenzaba a tornarse de un color anaranjado. 

- Es tiempo. - Murmuró. 

Los caballeros se tomaron las manos a su alrededor y sintió como una energía muy fuerte comenzaba a llenar sus cuerpos. Anastasia se mantuvo al medio junto a él y le tomó las manos, su energía era mucho más fuerte por ser dvoryanstvo.

- Creador de todo lo que habita en la tierra, pedimos tu bendición para Gerard, devoto seguidor de nuestro amor por la humanidad quien se unirá esta noche a los caballeros y aceptará su destino. - Sentenció Anastasia cerrando los ojos. 
- Nuestro destino está escrito en piedra, soy un dvoryanstvo y estoy dispuesto a dar mi vida si es necesario por la seguridad de la humanidad. - Prosiguió Gerard.

De repente, los candelabros de la habitación se encendieron con fuertes llamaradas. Anastasia asintió dando una señal a Gerard a que prosiga. Él respiró profundamente oliendo el delicioso aroma a sangre que desprendía la chica. Fue inevitable, se le hizo agua la boca y sintió como sus colmillos comenzaron a crecer dentro de su boca. Se acercó a su cuello, más precisamente a su yugular y como si su piel fuera mantequilla, hundió sus dientes. Comenzó a salir sangre a borbotones y cuando su lengua tocó la primera gota todo cambió. Su visión se volvió roja, la respiración comenzó a agitarse y probó una sensación de éxtasis que nunca vivió. Se sentía poderoso, invencible y con una sed que parecía no ser capaz de saciar. El tiempo pasó volando hasta que finalmente, no dejó nada en él; el cuerpo de la muchacha yacía totalmente pálido en sus brazos. 

A trompicones se alejó y la garganta le ardió. Fuego comenzó a correr por sus venas y el ardor que sentía era impresionante. Nathaniel y Frank se acercaron para socorrerlo antes de que cayera finalmente, inconsciente al suelo. 

La transición había comenzado.

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