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Capítulo XIV: Primera Parte

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011
возрождение
XIV

Primera Parte


6 de Julio del 2008. 11:30 hs. New York, USA.




Los pasos de sus zapatillas resonaban en la acera. ¿Cómo explicar lo que sentía cuando ni siquiera sabía lo que habían tenido? Estaba destruida, no había otra explicación. No había sentido nada parecido desde…

“Mejor no nombrarlo” Pensó. No quería recordar el hombre que la había destruido hacía unos años. 

Gerard sólo debía quedarse a escucharla, tenía una muy buena razón para su comportamiento infantil. Había sufrido tanto como él, por eso era tan reacia a demostrar sus sentimientos. Ver morir a sus padres frente a sus ojos, salir de una relación abusiva de casi dos años y muchas decepciones habían creado en ella un sistema de defensa que protegía su corazón – o lo poco que quedaba de él -. Cassie secó una lágrima que apareció por el rabillo de su ojo derecho. ¿Cómo podía pretender ayudarlo si ella tampoco podía mantenerse entera? ¿Cómo podía hacerlo si los fantasmas del pasado tampoco la dejaban en paz? 

Llegó a su casa arrastrando los pies. Sus zapatillas y su ropa entera estaban empapadas, por lo que hacía más deprimente su imagen. Quiso, por un segundo, que por arte de magia Gerard apareciera sentado en uno de los sofás de su living, con esa hermosa sonrisa que sólo él podía mostrar y sus ojos verdes brillando. Que le dijera que fue una broma de mal gusto y que lo perdonara. Ella reiría y le diría que es un idiota entonces lo besaría como si el alma se le fuera del cuerpo. 

Pero lo único que encontró fue una sala de estar vacía, con sueños destrozados y sin el Gerard sonriente que imaginó. Subió a su habitación y se encerró en ella, ni siquiera quería ver a su abuela. Se quitó la ropa mojada y la dejó a un costado para que se secara. No pretendió cambiarse, sólo se metió entre sus sábanas en ropa interior. No tenía ni ánimos para cambiarlas por unas secas o por ropa para dormir.

Dio varias vueltas en la cama, cerrando sus ojos y deseando caer rápidamente en los brazos de Morfeo. Pero Morfeo no vino y en su lugar regresaron los recuerdos que tanto le costaron olvidar. 


***


No podía creer lo que estaba viendo y el horror fue conquistando su indefenso cuerpo. Las lágrimas se agolpaban en sus ojos, amenazando con salir, pero rápidamente las limpió con su pequeño puño. Los gritos y lamentos de su madre resonaban en sus oídos. Quería clamar por ayuda, pero su padre una vez le había dicho que si sucedía algo, no debía gritar. No debía hacerles notar que ella estaba ahí. 

No debía demostrarle que ella estaba sufriendo. 

La luz se filtraba por los pequeños espacios de la puerta del armario donde ella estaba escondida. No podía mirar, no quería mirar. Deseaba poder recordar a sus padres de otra manera, como la mujer que le cocinaba galletas de forma de corazón, y el hombre que le contaba cuentos antes de dormir. 

Abrió tímidamente un ojito, para poder asomarse. Lo único que podía ver era un hombre totalmente vestido de negro dándole la espalda, a su madre arrodillada frente a él y a su padre en el piso... con un gran charco de sangre que brotaba de su cuello. 

- Sabes que nunca la encontrarán, ¿verdad? No me interesa que Lucifer te diga que yo sé quien es, jamás la encontrarás. 

La niña tragó saliva y abrazó fuertemente a su oso de peluche, rogando que todo eso fuese un sueño. Tenía tan sólo 6 años, no tenía porqué vivir eso, era tan sólo una niña. No entendía que estaba sucediendo, sólo sabía que un hombre había matado a su padre y que ahora se acercaba peligrosamente a su madre. 

- No fue Lucifer quien me mandó, yo lo descubrí por mí mismo. Mejor si nunca la encuentran, ¿sabes lo que sucederá si la encuentran? Su identidad jamás debe ser descubierta Ashley, JAMÁS. Y ustedes la entregarán al mejor postor, aunque eso nos condene a todos. Me llevaré el secreto a la tumba, al igual que tu esposo…

El hombre se arrodilló junto a su madre que imploraba por clemencia. Clemencia que él no estaba dispuesto a darle. 

- Y al igual que tú. 

Sin decir más, el hombre atacó el frágil cuello de Ashley provocando que gritos desesperados salieran de su garganta para irse apagando de a poco. Cassie gimió y apretó más su peluche contra su pecho, cuando vio como él soltaba el cuerpo sin vida de su madre y observaba en su dirección. La escuchó. 

Observó el rostro del hombre; era lo más horripilante que había visto en su vida. Sus ojos estaban completamente negros y de su boca sobresalían unos colmillos llenos de sangre, pero su mirada se suavizó y nuevamente volvió a la normalidad. 

- Lamento que hayas visto esto pequeña Cassie. – Murmuró y sin más se alejó de la habitación. 

Desde ese momento se preguntó si todo eso había sido un sueño, o simplemente había sucedido. 

La psicóloga que la atendió por el asesinato de sus padres la derivó a un psiquiatra y le diagnosticaron esquizofrenia. Nunca le contó de este suceso a nadie, y la medicaron hasta que cumplió los 8. Un día, no pudo más y le contó a su abuela, harta de que no le creyeran. Lo único que necesitó para calmarse fue un “te creo” que salió de sus labios arrugados.


***


La noche parecía tan larga, y ese, no fue el único recuerdo que vino a su mente. 

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