начало
III
Segunda Parte
19 de Septiembre del 2007. New York. 17:30 hs.
Si es que he aprendido algo, es que sólo en la muerte nos despedimos
El devorador de pecados.
El devorador de pecados.
Abrió un ojo, luego el otro y se sentó sobresaltadamente. Observó a su alrededor y no vio más que césped y algunos árboles rodeando el pequeño valle en el que se encontraba. Algunas flores violetas resaltaban en ese océano verde, dándole un toque casi irreal. El paisaje parecía sacado de una pintura de Alfred Sisley*. ¿Cómo rayos había llegado ahí?
Comenzó a caminar por aquél lugar. Lo último que recordaba era haber estado en el auto con Lindsey, luego una luz blanca y ¡Paf! Apareció recostado en un campo lleno de flores. Se quedó estático cuando notó a donde se dirigía el hilo de sus pensamientos.
Lindsey. ¿Donde estaba Lindsey?
Comenzó a correr. Si, odiaba todo ejercicio que suponiera 'sudar' pero la desesperación del momento no le importó. ¿A donde corría? No lo sabía, sólo dejó que su cuerpo y su mente lo guiarán. No le faltó el aire, ni se agitó en ningún momento. Se sentía como polvo en el viento, libre, sin pasado, sin presente ni futuro pero su corazón seguía latiendo a mil por hora.
- ¿Donde estás Lindsey? - Gritó al viento. Y una lágrima calló por su mejilla sin razón aparente.
¿Qué le sucedía? ¿Por qué se sentía de esta manera? Sus pies se detuvieron al frente de un pequeño arroyo y cayó sobre sus rodillas mientras se apretaba fuertemente el pecho. Seguía llorando sin razón, su pecho le dolía fuertemente. Se acercó gateando al arroyo y se apoyó en sus brazos. Estiró su mano para mojarse un poco la cara y su reflejo lo dejó helado.
No era él.
Es decir, si era él, pero... ¿Qué demonios? Esos ojos no eran los suyos, estaban rojos. Su iris parecía lleno de sangre y había marcadas ojeras debajo de sus ojos. Además algunas facciones de su cara se habían vuelto mucho más duras.
Se apartó asustado y se sentó abrazando sus rodillas contra su pecho. ¿Que rayos le estaba sucediendo? ¿Porqué sentía esa opresión, ese vacío en el pecho? Tenía una angustia y un nudo en la garganta que no lo dejaba respirar. Tantas preguntas rondando su cabeza y quería saber la respuesta de una solamente.
- ¿Donde estás Lindsey? - Gritó una vez más.
- Aquí estoy. - Sintió una voz a sus espaldas.
Lentamente levantó su mirada. Extrañamente no tenía fuerzas suficientes para ponerse de pie. Lindsey estaba vestida con un hermoso vestido blanco de seda, y emanaba una fuerte luz desde su piel, como si estuviera cubierta por millones de cristales. Ella se acercó y se arrodilló hasta quedar a la altura de su novio.
- Eres un ángel. - Susurró él con las pocas fuerzas que tenía mirándola embobado.
- Ahora soy un ángel Gerard, soy tú ángel. Aunque no me veas, siempre estaré allí. Siempre estaré contigo.
¿Qué? ¿Cómo que era un ángel? Ella estaba viva, había estado en el auto con él. No era posible a menos que... haya muerto en el accidente.
- Eso significa que tú... - Dejó la frase inconclusa cuando ella comenzó a asentir.
Los ojos se le aguaron. Estaba seguro que en cualquier momento despertaría. Si, este es un sueño. Una maldita pesadilla. Comenzó a llorar sin consuelo, el pecho le dolía enormemente pero más era el dolor que sentía por el nudo que se había formado en su garganta.
- Oh dios mío. Que idiota que idiota que fui al no dejar que tú conducieras. ¡Y ahora estás muerta! Todo por mi culpa. Soy un maldito hijo de puta. - Se dijo a si mismo mientras lloraba sin parar.
- ¿De qué hablas? - Preguntó ella acariciando su cabello mientras que Gerard no dejaba de llorar. - No seas tontito, no fuiste tú. No fallecí en el accidente. Fueron otras... personas las que me mataron, no tú.
- ¿Qué? ¿Quienes fueron los desgraciados?
- Shhh, tranquilo. No me está permitido decirte porque vine a decirte algo mucho más importante.
- No voy a dejar esto así Lindsey. No voy a dejar con vida al hijo de puta que te quitó la vida. -Ignoró lo que ella estaba diciendo y la miró a los ojos. - Voy a matar al que te alejó de mi lado.
Ella le sonrió tiernamente y besó sus labios por última vez.
- Lo único que tengo para decirte es que aceptes tu destino y quién eres Gerard.
Lindsey acarició sus labios y el cerró sus ojos disfrutando el suave tacto de sus dedos. Ella se levantó y comenzó a alejarse de él caminando hacia una luz.
- No te vayas aún. - Murmuró Gerard. - Llévame contigo. No quiero seguir si tú no estas a mi lado.
- Tu lugar está en la Tierra cariño. Aún te falta mucho por hacer. Sigue tu corazón y no me defraudes.
Ella desapareció, no sin regalarle una última sonrisa. Se veía radiante, feliz. Como si no hubiera sucedido nada. ¿Es que así es la muerte?
- No lo haré. - Contestó Gerard mientras secaba sus lágrimas.
“Gerard, hermano, por favor despierta”
La voz de Mikey resonó en todo el lugar. Él miró asustado hacia todos lados, tratando de ubicar de donde provenía el sonido.
- ¿Mikey?
“Idiota, en serio. Despierta, no sabes cuanto te extrañamos”
- ¿Frank?
Gerard a duras penas se paró y comenzó a caminar por la orilla del arroyo. Le dolía todo el cuerpo, pero más era el vacío que sentía su corazón. Lindsey no volvería con él.
“Vamos Gerard, tú puedes. Haz salido de peores. Despierta amigo”
- ¿Ray?
“Gerard, despierta. Hazlo por nosotros”
- ¿Bob? ¿Donde están?
Siguió caminando hasta que al fin llegó a un sendero que se dividía en dos partes. En una, un cartel escrito con letras negras mostraba un “Seguir”. En el otro “Abortar”. Le pareció algo gracioso, y no pudo evitar reír.
- Así que este es el famoso limbo... ¡Wow! Que... ¿original? - Repitió para si mismo, pero toda la diversión del momento fue remplazada por pánico.
Pánico por no saber que camino elegir. Lindsey le dijo que su vida estaba en la Tierra, que todavía le faltaba mucho por hacer. Pero, ¿sería capaz de sobrellevar todo ese dolor? ¿O sacrificaría su vida y elegiría perseguirla a lo que sea que haya del otro lado?
- Esto lo hago por ti Lindsey. - Suspiró.
***
Abrió los ojos nuevamente. Ahora no se encontraba en un prado lleno de flores. Oh no, ahora se encontraba en una habitación con luces blancas que le estaban quemando las pupilas y cuatro pares de ojos que lo observaban atentamente.
- Oh dios mío. - Gritó Frank sin poder contener su alegría.
Los cuatro se lanzaron sobre él y lo abrazaron. No pudo evitar quejarse cuando Bob le dio un abrazo de oso. “Estoy de vuelta chicos” quiso decirles, pero una sonda traqueal que atravesaba su garganta se lo impidió.
Decenas de amigos, familiares, músicos que no veía desde hacía años desfilaban en su habitación, felices de que salió del coma. Había sido un milagro que sobreviviera, dijeron los médicos. Al no llevar cinturón de seguridad había llevado la peor parte, pero milagrosamente no había contado con fracturas. Estuvo en coma por cinco días en los que sus compañeros de banda no se separaron de él ni por un momento.
Tuvieron que trasladarlo de hospital a uno privado, le contó Ray, porque no dejaban de llegar fans a rezar por Gerard o a dar apoyo a sus familiares y amigos. Una sonrisa se formó en su boca, sus fans eran geniales. Y también seguía aquí gracias a ellos.
Estaba feliz por la decisión que había tomado, pero no dejaba de sentirse vacío. Vacío porque sabía que ella no iba a estar más junto a él.
Cada vez que preguntaba por ella, sus amigos cambiaban de tema. Pero él perfectamente sabía que había sucedido con Lindsey. Una vez los había escuchado hablar mientras él se hacía el dormido, de que “todavía no estaba lo suficientemente bien como para saber, porque no sabían como podía llegar a reaccionar”
***
Tres días pasaron desde el día en que Gerard despertó. Ese mañana le darían de alta, y se estaba preparando para irse a su casa. Frank se había ofrecido a llevarlo a su departamento en New York, porque era el único que vivía en la costa este. Gerard pensó que lo mejor sería contarle a su amigo que él ya sabía toda la verdad.
- Sé que no encontraron a Lindsey cuando fue la ambulancia a buscarme. - Habló Gerard mientras se colocaba una camisa. Frank se tensó.
- ¿Cómo sabes eso? ¿Quién te lo dijo? Fue Mikey, ¿verdad? - Contestó Frank.
Desde el primer momento él estuvo en contra de que le ocultaran esa información a su amigo, pero ellos habían insistido en que lo mejor era que le contaran cuando él ya estuviera mejor.
- No, no fue Mikey.
- No te preocupes Gerard, la encontraremos sana y salva. Gendarmería está buscando en los alrededores y en toda la ciudad desde la noche del accidente.
- Cancelen todo, no la encontrarán.
Frank observó sorprendido a su amigo. Él ahora se encontraba con la vista ausente, mirando hacia afuera de la ventana.
- ¿Cómo que cancelemos todo? Gerard, puede haber sido encontrada por alguien que la está cuidando, y puede que haya perdido la memoria y no recuerde quien es. ¿Sabes la cantidad de casos que hay como esos? Creo que lo mejor va a ser que...
- Ella murió Frank. - Respondió con una dureza increíble.
- ¿Qué? ¿Cómo que murió? ¿Cómo sabes eso?
- Sé que sonará ilógico y nunca me lo creerás.
- Dime, haz dicho tantas idioteces en tu vida que ya no me sorprende nada. - Intentó bromear Frank, pero la mirada que recibió de Gerard no fue muy cálida.
- Mientras estuve en coma, tuve un sueño. Estaba en un prado lleno de flores. De un momento a otro comencé a correr y a llorar sin razón alguna hasta que llegué a un arroyo donde me senté porque me dolía el pecho. Allí se apareció Lindsey toda vestida de blanco. Estaba hermosa. - Gerard se limpió una pequeña lágrima que cayó por su mejilla. - Ella me dijo que no había muerto en el accidente, que habían sido otras personas las que la habían matado. Luego se fue. Entonces escuché las voces de ustedes que me guiaban y caminé por el lecho del río hasta que llegué a un camino bifurcado. En uno de los senderos había un cartel que decía “abortar” y en el otro “seguir”. Supuse que ese era el limbo. - Comentó riendo amargamente, Frank lo escuchaba atento. - Estuve a punto de no volver Frank, tenía miedo de que no pudiera soportar el dolor de su muerte. Aún no sé como voy a hacer.
Lloró, como nunca antes había llorado en los brazos de su mejor amigo, desahogándose por esos tres días que había estaba aguantando el llanto. ¿Qué iba a sentir cuando volviera a su casa y vea el lado de la cama de Lindsey vacío? ¿Quién le daría un beso de buenas noches? ¿Con quién volvería a sentir lo que sentía cada vez que le hacía el amor?
- No, no fue Mikey.
- No te preocupes Gerard, la encontraremos sana y salva. Gendarmería está buscando en los alrededores y en toda la ciudad desde la noche del accidente.
- Cancelen todo, no la encontrarán.
Frank observó sorprendido a su amigo. Él ahora se encontraba con la vista ausente, mirando hacia afuera de la ventana.
- ¿Cómo que cancelemos todo? Gerard, puede haber sido encontrada por alguien que la está cuidando, y puede que haya perdido la memoria y no recuerde quien es. ¿Sabes la cantidad de casos que hay como esos? Creo que lo mejor va a ser que...
- Ella murió Frank. - Respondió con una dureza increíble.
- ¿Qué? ¿Cómo que murió? ¿Cómo sabes eso?
- Sé que sonará ilógico y nunca me lo creerás.
- Dime, haz dicho tantas idioteces en tu vida que ya no me sorprende nada. - Intentó bromear Frank, pero la mirada que recibió de Gerard no fue muy cálida.
- Mientras estuve en coma, tuve un sueño. Estaba en un prado lleno de flores. De un momento a otro comencé a correr y a llorar sin razón alguna hasta que llegué a un arroyo donde me senté porque me dolía el pecho. Allí se apareció Lindsey toda vestida de blanco. Estaba hermosa. - Gerard se limpió una pequeña lágrima que cayó por su mejilla. - Ella me dijo que no había muerto en el accidente, que habían sido otras personas las que la habían matado. Luego se fue. Entonces escuché las voces de ustedes que me guiaban y caminé por el lecho del río hasta que llegué a un camino bifurcado. En uno de los senderos había un cartel que decía “abortar” y en el otro “seguir”. Supuse que ese era el limbo. - Comentó riendo amargamente, Frank lo escuchaba atento. - Estuve a punto de no volver Frank, tenía miedo de que no pudiera soportar el dolor de su muerte. Aún no sé como voy a hacer.
Lloró, como nunca antes había llorado en los brazos de su mejor amigo, desahogándose por esos tres días que había estaba aguantando el llanto. ¿Qué iba a sentir cuando volviera a su casa y vea el lado de la cama de Lindsey vacío? ¿Quién le daría un beso de buenas noches? ¿Con quién volvería a sentir lo que sentía cada vez que le hacía el amor?
- Te creo Gerard. - Susurró Frank mientras lo abrazaba fuertemente contra su pecho.
Frank conducía, siempre tratando de sacar algún tema de conversación con su amigo quien miraba perdidamente por la ventana. El silencio poco a poco se fue apoderando del automóvil, cuando Frank finalmente se dio por vencido. Gerard siempre había sido el alma de la fiesta, el típico bromista y con el que siempre se complotaba para hacerle la vida imposible a sus compañeros de banda durante los tours. Por eso verlo de esa manera era torturante.
- ¿En serio que no quieres que me quede estos días contigo Gerard? No tengo ningún problema.
Frank bajaba una pequeña maleta en la que estaba el pijama que Gerard había utilizado en el hospital junto con algunos elementos de higiene.
- Estaré bien. Además Jamia seguro que te extraña.
Mintió, no quería enfrentar esa casa solo. Lo que más deseaba era que su amigo se quedara, pero su esposa lo debe estar esperando en New Jersey.
- Está bien, ya que insistes. En unos de estos días me daré una vuelta, pero recuerda llamarme si algo no va bien. ¿Ok? - Gerard asintió. - Ven aquí, todo estará bien hermano. - Frank abrazó paternalmente a Gerard, que parecía un bebé a punto de largarse a llorar.
Gerard observó el Audi de Frank alejarse a toda velocidad de él y entró al edificio. Su casa estaba en un pent-house, sobre la quinta avenida. “Demasiado grande para una persona” pensó mientras el ascensor llegaba al piso número veintiuno, donde se encontraba su hogar.
Cuando abrió la puerta, no quiso pensar en nada. El silencio era total, y para despejar su mente buscó su correo. Casi estaban sobre fin de mes, así que tendría una pila de facturas de cuentas bancarias que pagar. Cuentas, cuentas, cuentas, el resumen del próximo tour, cuentas, cuentas. Un sobre amarillo le llamó la atención. Parecía contener un papel, ya que estaba bastante liviano. En el reverso del nombre figuraba su nombre, escrito con una elegante caligrafía. Lo abrió rompiéndolo de un costado, seguro era la carta de alguna fan que había averiguado su dirección.
El sobre cayó al suelo, igual que su contenido.
Quiso contener las lágrimas, pero no pudo. Quería llorar, quería vomitar también y pensó que le daría un paro cardíaco en ese momento. Se tomó la cabeza con ambas manos. ¿Quién sería capaz de hacer una atrocidad como esa? Como pudo, tomó su celular y marcó el celular de Frank.
- ¿Frank? - Gritó a punto del ataque de histeria. - Necesito que vuelvas, por favor.
Frank conducía, siempre tratando de sacar algún tema de conversación con su amigo quien miraba perdidamente por la ventana. El silencio poco a poco se fue apoderando del automóvil, cuando Frank finalmente se dio por vencido. Gerard siempre había sido el alma de la fiesta, el típico bromista y con el que siempre se complotaba para hacerle la vida imposible a sus compañeros de banda durante los tours. Por eso verlo de esa manera era torturante.
- ¿En serio que no quieres que me quede estos días contigo Gerard? No tengo ningún problema.
Frank bajaba una pequeña maleta en la que estaba el pijama que Gerard había utilizado en el hospital junto con algunos elementos de higiene.
- Estaré bien. Además Jamia seguro que te extraña.
Mintió, no quería enfrentar esa casa solo. Lo que más deseaba era que su amigo se quedara, pero su esposa lo debe estar esperando en New Jersey.
- Está bien, ya que insistes. En unos de estos días me daré una vuelta, pero recuerda llamarme si algo no va bien. ¿Ok? - Gerard asintió. - Ven aquí, todo estará bien hermano. - Frank abrazó paternalmente a Gerard, que parecía un bebé a punto de largarse a llorar.
Gerard observó el Audi de Frank alejarse a toda velocidad de él y entró al edificio. Su casa estaba en un pent-house, sobre la quinta avenida. “Demasiado grande para una persona” pensó mientras el ascensor llegaba al piso número veintiuno, donde se encontraba su hogar.
Cuando abrió la puerta, no quiso pensar en nada. El silencio era total, y para despejar su mente buscó su correo. Casi estaban sobre fin de mes, así que tendría una pila de facturas de cuentas bancarias que pagar. Cuentas, cuentas, cuentas, el resumen del próximo tour, cuentas, cuentas. Un sobre amarillo le llamó la atención. Parecía contener un papel, ya que estaba bastante liviano. En el reverso del nombre figuraba su nombre, escrito con una elegante caligrafía. Lo abrió rompiéndolo de un costado, seguro era la carta de alguna fan que había averiguado su dirección.
El sobre cayó al suelo, igual que su contenido.
Quiso contener las lágrimas, pero no pudo. Quería llorar, quería vomitar también y pensó que le daría un paro cardíaco en ese momento. Se tomó la cabeza con ambas manos. ¿Quién sería capaz de hacer una atrocidad como esa? Como pudo, tomó su celular y marcó el celular de Frank.
- ¿Frank? - Gritó a punto del ataque de histeria. - Necesito que vuelvas, por favor.
- Alfred Sisley: Paisajista impresionista francés del siglo XIX

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