начало
X
22 de Junio del 2008. 01:30 hs. New York, USA.
“Eres perfecta”
Una simple frase bastó para querer golpearse la cabeza contra la pared por idiota.
Se revolvió entre las sábanas, ahogando un grito gutural como un adolescente que había cometido alguna locura vergonzosa. Aunque pensándolo bien… eso había sido.
Mientras estaban en la cama, se habían escapado de su boca algunos “me vuelves loco”, “esto es demasiado” o “me estás matando”, pero nunca un “eres perfecta”. Le atribuyó la culpa a la lujuria que había sentido en ese momento, pero ni siquiera eso lo consolaba. Tal vez lo más terrible no fue haberlo dicho, sino que realmente lo pensaba.
Pero, ¿qué rayos sabía el de perfección? ¿Cómo puede considerar perfecto a alguien cuando sólo conocía algunas cosas básicas de esa persona?
Porque él evitaba hablar con ella, simplemente porque sentía que no tenía mucho que decir frente a ella, se bloqueaba completamente cuando estaba con Cassie. Lo único que conocía de ella era que su canción favorita era Personal Jesus de Depeche Mode, porque siempre lo tenía como su ringtone; que su mejor amiga se llamaba Deborah; que tenía un tatuaje del signo de la paz muy escondido detrás de su oreja y algunas otras cosas menores que conocía por observarla tanto.
Gerard observó el reloj, daba la una de la madrugada en punto. Su lado de la cama comenzó a enfriarse, al mismo tiempo que aparecía esa repetitiva sensación de soledad que sentía cuando ella se iba. Por raro que sonara, se sentía bastante bien con su sola presencia. Por primera vez en mucho tiempo se sentía en paz con él mismo, aunque sean sólo unas horas. Le dolía saber que tal vez ella no disfrutaba tanto de su compañía como él la de ella. Lo podía notar en su cara cada vez que él le dirigía la palabra, por rara vez que sea. Tal vez estaba recibiendo lo que él daba, frialdad sólo causa frialdad.
Y aunque ella lo mirara mal, hoy no quería que se fuera de su lado. Hoy quería que sustituyera a Lindsey unos minutos. Hoy quería abrazarla y cantarle al oído hasta que se quedara dormida. Hoy, quería despertarla con un beso al amanecer. Hoy quería amarla.
Porque el sexo no lo llena lo suficiente, sólo satisface su lujuria.
Tal vez se estaba controlando demasiado, enjaulando sus emociones, temiendo que se escapen como bestias salvajes, listas para hacer destrozos. Pero... lastimosamente, al único que estaban destruyendo era a él, comiendo sus entrañas por dentro. Después de todo, el que menos demuestra es el que más siente.
Pero, ¿qué era lo que sentía él? Difícil de explicar con palabras, lo que sea que fuera lo estaba llevando a la locura.
- Esto es insano. - Suspiró Gerard escuchando el débil sonido del agua que caía.
Cassie sentía el agua deslizarse sobre su espalda, relajando todos sus músculos. Un día bastante duro, pero mañana sería peor. Enumeraba todas las cosas que debía hacer al día siguiente sólo para evitar pensar en las palabras de Gerard, ¿por qué debía preocuparse por eso? Son sólo palabras de un hombre que la quería por su cuerpo, y para rematarlo, le pagaba por sus servicios. Le había tmado un poco de recor, tal vez por no darle la suficiente importancia como le daba ella a él. Porque en Gerard era lo único que pensaba las 24 hs del día.
Y por mucho que intentara disimularlo con indiferencia, le gustaba demasiado para su bien. Nunca había sentido eso por ningún hombre.
“Sólo son tus hormonas de adolescente que aún revolotean por ahí” pensó, tratando de consolarse. Suspiró y estiró la mano para cerrar la llave de la regadera, pero unos brazos la tomaron fuertemente de la cintura, al mismo tiempo que unos labios se pegaron a su cuello.
- No te vayas. - Susurró Gerard en su oído, provocándole un escalofrío.
Cassie se dio vuelta para quedar cara a cara con él, el agua salpicaba su cabello, pegándolo a su frente y haciéndole entrecerrar sus ojos. Definitivamente, le gustaba demasiado para su bien.
- ¿Por qué?
- Sólo quédate conmigo esta noche. - Susurró Gerard contra sus labios, un beso que ella aceptó gustosa.
¿Lo gracioso de todo esto? Que aunque los dos rechazen al otro en sus pensamientos, la tentación siempre termina ganando.
***
- Están llegando muy lejos. - Protestó Frank.
Nuevamente, los caballeros se encontraban reunidos en una junta para decidir su futuro. El asesinato de John Williams había iniciado una guerra civil entre los vampiros, tal como la profecía lo decía.
- Eligieron a John porque era el más anciano y por lo tanto, el más débil físicamente. No se atreverían a enfrentarse con algunos de nosotros. - Respondió Nathaniel Moldovean, general de las tropas reales de los Voiny Sveta. También la pareja de Anastasia, con quien ya llevaba casi 80 años juntos.
Un silencio sepulcral cubrió la sala. Anastasia se levantó de su asiento, captando la atención de todos. Paseaba su mirada en cada uno de los diecinueve rostros que conformaban los Caballeros.
- Nuestros principales objetivos en la orden son tres: mantener en secreto la existencia de nuestro pueblo, proteger a los nuestros y demás razas, ya sean humanos o licántropos y tercero pero no menos importante: cuidar de que Lilith no salga de su tumba. Sin un dvoryanstvo macho de nuestro lado, será imposible que encontremos a solnechnyi svet. Tal vez no nos deberíamos preocupar si ellos no tuvieran medios para encontrarla, pero ellos ya tienen a Max Wellinger, y si ellos la encuentran antes que nosotros, las consecuencias podrían ser catastróficas. No sólo Lilith podría salir de su tumba trayendo con ella nuestra muerte, sino que también esto llevaría a un genocidio masivo de la raza humana, algo que debemos evitar.
Toda la sala quedó en completo silencio, y varios se estremecieron al sólo pensar las consecuencias que esto podría traer.
- Todos tenemos en claro que no manejamos nuestro destino. – Continuó Erminie. – El Creador sólo nos trajo al mundo, pero al contrario de lo que la mayoría de las religiones cree, él tampoco es el hacedor de nuestro destino. Lo llevamos marcado en nuestra piel, en cada decisión que tomamos; pero es una deidad mucho más grande que El Creador. La casualidad no existe, y el azar tampoco. Todos conocemos muy bien esa frase que reza “El bien siempre gana”, pero el destino no quiso ponernos eso tan fácil. Debemos arriesgar nuestra vida, y sólo con sudor, sangre y lágrimas podremos ganar la batalla. El Creador sólo nos está dando pistas, y tratando de hacer un poco más ameno nuestro trabajo, al igual que hace Satanás con los Blut Mitternatch. Los Blut Mitternatch quieren recuperar a Lilith, por causas que aún no podemos descubrir, pero no lo podrán hacer sin solnechnyi svet.
- Yo creo que... - Comenzó a tomar la palabra Frank, quien había tomado un lugar bastante importante en la orden últimamente. - debemos tomar riesgos. Quiero decir, no debemos temer a defendernos y a matar quien sea necesario. Vivimos mucho tiempo tratando de mantener el equilibrio de el “inframundo” por así decirlo, siempre estuvimos luchando contra la subersión de los Blut Mitternatch, pero en estos momentos una dictadura no estaría mal. Obviamente, con sus límites. Ojo por ojo, diente por diente.
- No tengo problema de matarlos a todos, es más sería una gran satisfacción. - Agregó Nathaniel. - La vida de John y Judith no va a quedar en vano.
- Ni la de Lindsey – Agregó Anastasia. - Tenemos a la corona licántropa de nuestro lado, ¿qué mas podemos pedir? Sea como sea, no debemos dejar nuestros tres propósitos de lado. Nathaniel, Frank, los dejo a cargo de una primera movida, vamos a comenzar desde abajo. Los Blut Mitternatch van a pagar por esto. - Finalizó dando por terminada la sesión.

0 comentarios:
Publicar un comentario