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I. Segunda Parte: He stuck his middle finger to the world.

Samantha Waldorf viernes, 25 de noviembre de 2011
I
Segunda parte





- Te vimos bajar del coche de la princesa Iero. ¿Tu nueva conquista casanova?


Bob y Ray bromearon cuando vieron llegar a Gerard; estaban sentados entre unos de los arbustos del campus, el lugar donde se juntaban a fumar y a tomar entre clases.

- No bromeés con eso Toro, no la tocaría ni aunque tuviera la vacuna del tétano. 
- Vamos hermano, está para invitarla a un pijama party y no dormir en lo absoluto… tú sabes lo que me refiero. 
- ¿Podemos hablar de otra cosa? – Soltó Gerard lanzándoles una mirada frustrada. 

Las constantes indirectas de sus amigos sobre Hannah lo frustraban; más por el hecho de que bueno… tenían razón. Ok, lo aceptaba. Hannah Iero tenía un cuerpo maravilloso, mucho mejor que el de las porristas con las que se había acostado. Lo notó en las últimas vacaciones de verano cuando ambas familias se fueron de vacaciones a Hawai. Llevó un traje de baño negro – el color favorito de Gerard – que alzaba sus pechos y mostraba su trasero. ¿Cómo terminó eso? Con Gerard corriendo al baño para que los demás integrantes de la familia no notaran su “pequeño” accidente. 

Desde ese día, como hombre que es, aprovechó cada momento que la vida le propiciaba para echar un vistazo a su adorable vecina. Claro que de esto Hannah nunca se enteraría, porque su ego se dispararía hasta las nubes. 

- Sólo decíamos Gerard, no te enojes. – Contestó Ray. - ¿Quieres un cigarro? 

Gerard asintió aceptando gustoso el cigarrillo que le ofrecía su amigo. 


***



La vida de Gerard Way no era tan sólo “Sexo, drogas y Rock&Roll” como todos pensaban; se aseguraba de obtener un promedio alto en sus materias, especialmente en arte, música y matemáticas. Ustedes dirán, ¿Gerard Way, un friki de las matematicas? Si, matemáticas no le costaba para nada; el profesor Foster se sorprendía cada vez que Gerard resolvía en menos de un minuto una ecuación complicada. 

Pero obvio, todo esto lo mantenía en secreto; si el instituto se enteraba que Gerard Way era un aficionado a las matemáticas sería acosado por los deportistas y su “sex appeal” se iría por el inodoro. Así que en ese sentido, procuraba mantener un perfil bajo. 

- Way. – Escuchó a su lado y ni se inmutó. Alex Edwards estaba junto a algunos de los idiotas de sus amigos y las plásticas de las porristas en el pasillo junto a la puerta del aula de matemáticas. – Oye Way, te estoy hablando. 
- No me desperté de buen humor hoy y la verdad no tengo ganas de pelear con nadie. – Dijo Gerard de mala gana lanzándole una mirada a Hannah, culpándola por la forma en la que lo había despertado; ella sólo rodó los ojos. - ¿Qué quieres Edwards? 
- Nada, sólo decirte que este fin de semana habrá una fiesta en mi casa. Sabes, tal vez te haría bien socializar. Salir del ataúd donde duermes y conocer chicas. Conozco a unas buenas con las que podrías perder la virginidad. 

Risas se escucharon de parte de todo el grupo. Alex lo observaba con su sonrisa perfectamente blanca y Hannah no pudo evitar lanzar una risita. Gerard sólo sonrió de costado y entre ellos, observó a Ashley Canson; su nuevo juguete. 

Ellos estuvieron juntos secretamente el año anterior, donde lo único que los unía era el sexo. Gerard la dejó porque a veces podía ser bastante sofocante y porque ella quería algo serio con él, algo que Gerard no estaba dispuesto a ofrecer. Luego de su rompimiento, Ashley había empezado a salir con un deportista, Spencer Hunington, otro de los mejores amigos de Alex para demostrarle a Gerard que lo “había olvidado”

Mentira. El viernes anterior, cuando Gerard chocó el auto, era porque volvía de la fiesta de cumpleaños de Ashley como Hannah había dicho en la mesa. Lo que nadie sabía era que ambos tuvieron una “fiesta privada” de “reconciliación” en su habitación. Después de eso, al parecer Ashley se obsesionó con él; le mandó mensajes de texto durante todo el fin de semana.

- Oh claro. – Asintió Gerard. – Bueno, lo de mi virginidad no creo que pueda perderla. Pregúntenle a Ashley. 

Sin más, entró al aula de Matemáticas. Todos observaron extrañados a la chica, que palidecía notablemente deseando que nadie le dijera nada a su novio. Hannah, quien había prestado poca atención a lo que Alex y Gerard hablaban quedó anonada. ¿Gerard y Ashley? ¿Es eso posible?

- ¿Qué quiso decir con eso? – Le preguntó Hannah a Ashley. 
- No lo sé. – Respondió ella nerviosa. Hablar de Gerard era algo tabú entre las porristas. 

Hannah observó con extrañeza a su compañera pero con un encogimiento de hombros entró al aula. 


***



Para Hannah Iero, lo peor en el mundo, luego de las vacaciones familiares con los Way eran las clases de matemáticas. Simplemente porque eran una fusión del irritante profesor Foster, los números que se combinaban con letras y un molesto Gerard Way lanzándole bolitas de papel desde los asientos traseros. 

Al contrario de Gerard, ella odiaba las matemáticas. Tal vez porque eran lo único en lo que no era buena y eso la frustraba de sobremanera. Había pasado el semestre anterior con una C, lo que manchaba su perfecto boletín y no combinaba con las A+ que rodeaban. 

Intentaba focalizarse en lo que el profesor explicaba, pero parecía que él hablara en hebreo. A su costado Brittany dormía plácidamente sobre sus libros y pensó en que lo mejor sería hacer lo mismo, pero si no prestaba atención jamás entendería el tema. 

Algo mojado golpeó contra su nuca y maldijo por lo bajo cuando notó que era una bola de papel mojada llena de saliva. Se dio vuelta y le sacó el dedo del medio a Gerard quien reía silenciosamente. 

Gerard se aburría demasiado en las clases de matemáticas; le era fácil entender el tema por lo que el resto de la clase se lo pasaba molestando a Hannah que se sentaba en los primeros asientos o dibujando. Dibujar era lo que más amaba en la vida, luego de la música. Debía aceptar que tenía mucho talento para ambas cosas y la única razón por la que quería mantener los mejores promedios que podía era porque su mayor sueño era entrar a la Escuela de Artes en Nueva York.

Algo parecido le sucedía a Hannah, cuyo mayor sueño desde pequeña era entrar a Princeton. La universidad de Princeton era reconocida por ser muy exclusivos en el momento de elegir a sus futuros estudiantes; por eso Hannah trataba lo más posible de estar en todos los clubes de su secundaria, mantener su promedio lo más alto posible y tratar de destacarse de todo. 

El timbre sonó anunciando que la clase había terminado. Gerard se levantó de su asiento y rápidamente encaró hacia la puerta. 

- Espere joven Way, la clase aún no ha terminado. - Lo retó el profesor Foster. Gerard volvió a su asiento con un bufido. - Tengo los resultados de los exámenes de la semana pasada. Debo decir que algunas personas me sorprendieron con sus bajas notas.

Un silencio sepulcral reinó en el aula cuando el profesor empezó a entregar los exámenes. Hannah estaba totalmente confiada; creía que le había ido bien en el examen porque se había matado estudiando. 

- Señorita Iero... - La llamó el profesor con una mirada severa. - Una verdadera decepción.

F

Bueno, Princeton tendrá que esperar. 


***


- Profesor, ¿sabe lo que significa una F en mi boletín a mitad del último año? ¿Acaso tiene usted idea? No, no la tiene. Esta hermosa F en rojo podría afectar seriamente mi aceptación en Princeton. Desde los 6 años, mi sueño es entrar a esa maldita universidad, y ahora con una F no lo podré hacer. ¿Sabe que es lo peor? Que estuve durante toda mi vida tratando de tener un promedio mayor a A...

Hannah atacó al profesor poco antes de que él se retirara. Su piel blanca había tomado un color verdoso por la furia y sus pupilas se dilataron. Estaba que mataba a alguien. En cambio el profesor Foster lucia tranquilo escuchando a su alumna pasivamente.

- ¿Sabe lo que mis padres harán cuando vean mis notas? ¿Sabe como me afecta? No, tal vez no lo sabe porque para usted debe ser muy fácil resolver todos ejercicios pero para mi no. Tengo una mente lógica profesor, no una mente...

Los demás alumnos que quedaban en el aula observaban asombrados cómo Hannah Iero exclamaba frenéticamente y movía sus manos de un lado al otro, explicándole al profesor las quinientas razones por las cuales debería subir su nota. 

- ¿Terminó señorita Iero? - Preguntó el profesor con toda calma, cruzando sus manos frente al escritorio. 
- Digame Hannah por favor y sí, he terminado. - Contestó la joven inhalando profundamente. 
- Está bien. - Contestó el profesor. Arregló sus anteojos de gruesos marcos antes de volver a hablar. - Veré lo que puedo hacer, pero no puedo cambiarle la nota. Lo único que queda es que se esfuerce más para los próximos exámenes. 
- ¿Pero no puedo hacer nada? - Contestó ella observando la poca preocupación que observaba en el rostro del profesor. Iba a redactar una carta al Ministerio de Educación mostrando su preocupación por la relación poco personal que se podía mantener con los profesores de la preparatoria... después se quejan de que el sistema educativo está decayendo. El profesor Foster se rascó su barbilla como si estuviera pensando. 
- No puede hacer nada, pero tal vez la solución es que tuviera un tutor durante estos meses hasta que termine el año. 
- ¿Un tutor? Está bien, si con eso puedo levantar mis notas... tomaré cualquier cosa. - Sentenció Hannah encogiendo los hombros. 

El profesor la observó por última vez y sacó de su maletín una lista con las notas de la mayoría de los alumnos. Hannah se dio media vuelta para observar a algunos de los alumnos que quedaban... entre ellos estaban Ashley y Gerard quienes parecían tener una discusión. Gerard observaba a la porrista con el ceño fruncido mientras ella le gritaba apuntándolo con el dedo. 

- Creo que tengo al alumno correcto para ser su tutor señorita Iero. Viven cerca y además tiene el mejor promedio de todo el curso, así que no creo que sería problema. Señor Way, ¿podría acercarse un momento? - Lo llamó el profesor. 

Gerard quitó su mirada de Ashley y observó extrañado al profesor totalmente ajeno a la charla que estaba teniendo con Hannah. Ella, por su parte, se quedó ahí parada sin decir nada, tratando de asimilar la información. 

- Por dios, que no sea lo que estoy pensando. - Murmuró.

Gerard se despidió de Ashley con un “hablamos luego” y se acercó al escritorio del profesor con el seño fruncido. 

- Profesor Foster, ¿qué necesita? - Preguntó cordialmente. 
- Joven Way, sé que usted tiene el mejor promedio en la clase – cada vez que el profesor decía algo sobre Gerard el rostro de Hannah iba mostrando más y más confusión. - y me preguntaba si usted quería ofrecerse como tutor de la señorita Iero. 

Gerard la observó; usualmente Hannah hubiera gritado que eso no podía ser posible y que prefería comer una ardilla muerta que tener que soportar a Gerard por lo que quedaba del año pero ella sólo observaba la lista de notas fijamente. 

- No creo que eso funciones profesor Foster. La señorita Iero y yo... bueno, no tenemos demasiada “afinidad” y creo que eso podría afectar seriamente nuestra integridad… Física y mental. - Terminó Gerard, dándole a entender que se molerían a golpe si pasaban más de dos horas encerrados en una habitación.
- Lo dejaré que lo piense Way, pero su respuesta influirá en sus calificaciones, para bien o para mal.

Sin decir más el señor Foster dejó el aula, dejando a ambos adolescentes en silencio. 

- ¿Sabes? Sé que tal vez ni en mis más bizarros sueños lo hubiera imaginado, es decir, cualquier acercamiento contigo es bizarro. - Comenzó Hannah luego de unos segundos. - Pero debo estar lo suficientemente desesperada como para pedirte esto: por favor Gerard, necesito que me ayudes.

Gerard la observó apoyándose sobre escritorio y cruzando sus brazos. Ella suspiró y prosiguió al ver que él no contestaba. 

- Ir a Princeton es mi mayor sueño y matemáticas es una de las materias más importantes y en las que los decanos más se fijarán para seleccionar los alumnos, por eso te pido que digas que sí. Vi tus notas y creo que tu podrías ayudarme perfectamente. Haré cualquier cosa para recompensarte.

Él sentía que estaba siendo parte de una escena de “Dimensión Desconocida” ¿Hannah Iero rogándole? Era todo muy surreal. Pero ella realmente lucía muy desesperada y aterrada por su nota. Tal vez debería sacarle provecho a la situación.

- ¿Y qué gano yo con eso?
- Ya te dije que haré cualquier cosa para recompensarte.
- ¿Cualquier cosa? - Preguntó Gerard sonriendo.
- No lo sé. ¿Que dices? - Contestó evadiendo su pregunta. 
- ¿Crees que sobreviviremos?
- Vamos Gerard, hemos convivido juntos en una carpa durante dos semanas hace dos años. ¿Lo recuerdas? 
- Si, lo recuerdo. Y también recuerdo perfectamente como terminé con varios puntos en la cabeza después de que me empujaste por el acantilado. 
- Oye, no te empujé, tú te caíste. Pero ese no es el punto... ¿Qué dices?
- Creo que pensándolo bien puede ser que sí. Dijiste que harías cualquier cosa para recompensármelo, así que espero que tengas un buen fondo de ahorros princesa. Además, puede que hasta llegue a ser divertido. ¿Quieres mi ayuda? Perfecto, pero te atienes a las consecuencias luego. 

Tomó su mochila y comenzó a dirigirse a la puerta pero la voz de Hannah lo detuvo. 

- Oh, así que de esto se trata... Vas a hacer de mi vida un infierno. Creí que después de todo, muy al fondo, guardabas cierto aprecio por mí y a esto lo hacías por la satisfacción de ayudar a alguien.
- Cariño, los viejos hábitos nunca mueren. Te ayudaré a levantar tu nota, pero como dije antes; luego te atienes a las consecuencias. 

Queridos lectores, tal vez ahora en sus rostros tienen un signo de interrogación más grande que su torso. Gerard Way es una persona complicada.

Mejor dicho, la forma en la que se siente sobre Hannah es complicada. 

Todo tiene una causa, y por consecuente, también su efecto. Gerard no es una persona bipolar, mucho menos tiene trastorno de identidad. Cada movimiento, cada sonrisa de lado, cada gesto hacia ella está cargado de un rencor bastante antiguo. Porque, vamos, nadie se olvida de las cosas que nos hirieron en el pasado. Mucho menos Gerard, quien es muy rencoroso y no se olvida de las cosas fácilmente. 

Hannah lo lastimó, bastante y es algo que nunca le podrá perdonar. Ella tal vez no tiene ni idea de la magnitud de su acción, por más pequeña que había sido, y tal vez tampoco lo hizo con malicia. Pero Gerard aún está sufriendo las consecuencias. A veces, cuando no se puede dormir vuelve el tiempo atrás y se da cuenta que hoy es lo que es gracias a Hannah. Tal vez se lo debería agradecer. 

Por mucho que la odie a veces, jamás se permitiría hacerle daño de esa manera; no la quería, pero luego de pasar tanto tiempo juntos le había ganado cierto aprecio, así que se contentaba con molestarla y sacarla de sus casillas para así hacerla sentir miserable por unos momentos. 

¿Qué sucedió? Tal vez no sería lo mejor explicarlo ahora. El tiempo irá sacando muchas verdades a la luz. 

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