начало
XI
Primera Parte
05 de Julio del 2008. 04:00 hs. New York, USA.
Los labios de Gerard no la dejaban en paz, aunque no le desagradaba en lo absoluto. Sus brazos la tenían fuertemente apretada contra él, sintiendo su desnudo cuerpo rozando cada centímetro de su piel. Se separaron lentamente, y recostó su cabeza en su pecho.
- ¿Tienes sueño? - Susurró contra su oído.
- Si, pero no quiero dormir. - Sonrió ella, prefería quedarse despierta, disfrutando de sus besos.
Las cosas entre ellos habían cambiado bastante, desde aquella noche en la que Gerard le había pedido que se quedara. Ahora a veces se quedaba durmiendo con él, sin tener relaciones. Sólo abrazados y besándose lentamente, como si las horas no pasaran. Otras veces se demostraban cuanto se importaban en la cama, como si cada noche fuera la última.
No podían controlarlo, era algo mágico. Tal vez suene cursi, pero cada beso que se daban demostraba algo que ni ellos entendían. A Gerard aún le faltaban muchas cosas por descubrir de ella, pero la conocía lo suficiente como para decir que ya no era algo físico. Y eso le aterraba bastante.
- ¿Cómo está tu abuela? Anoche te vi bastante preocupada. - Preguntó él, a la vez que acariciaba lentamente sus cabellos.
- Está mejor, pero me preocupa que esté tan obsesiva y paranoica sobre a donde voy o que hago. Sé que sospecha que no hago horas extras en el bar.
- ¿Y por qué no le dices la verdad? - Preguntó Gerard, ahora la miraba a los ojos. Cassie se quedó sin habla, odiaba lo que Gerard le hacía sentir.
- ¿Qué se supone que debo decirle? Si abuela, tengo sexo con un tipo por dinero, pero no te preocupes, nos cuidamos. Genial. - Cassie sintió como Gerard se tensó a su lado.
- Tienes razón Cass. – Contestó secamente. - Es tarde, deberías irte. No quieres preocupar más a tu abuela, ¿verdad?
Gerard se levantó de la cama, encerrándose en el baño y dejándola totalmente extrañada por su reacción. Claro, ¿cómo no iba a reaccionar así? Si ella siempre se encargaba de dejarle en claro que sólo era sexo. Prefería lastimar con indiferencia antes de salir lastimada, un acto un poco egoísta, pero era su mecanismo de defensa.
Lo que aún no notaba era que Gerard después de mucho tiempo se permitía sentir, y cada rechazo de ella era otro golpe para él. Cassie sentía que Gerard era todo un enigma. Gerard salió del baño y sólo le dedicó una mirada fría. Vio que había cagado todo.
- ¿Llamo a un taxi? – Preguntó él tomando su celular.
- Si.
Esa noche se despidió de ella, sin un beso como era de costumbre. Sólo le dedicó un seco adiós.
“Noche número 27”. Tuvo un mal presentimiento, y supo, que esa fue la última noche que compartirían los dos en mucho tiempo.
***
El viaje de vuelta a Nueva York se le hacía interminable, más sabiendo lo que ahora sabía o sospechaba. ¿Su mejor amigo, el que conocía como la palma de su mano, podría ser un dvoryanstvo? Le costaba creerlo, pero si era cierto, definitivamente era una mala jugada del destino.
Frank y Nathaniel se encontraban en la sala de conferencia, preparando los últimos detalles de la emboscada a la sede de los Blut Mitternatch en Alemania. Sería una operación sencilla, sin mucho esfuerzo: matarían a todo vampiro que se les cruzara.
Según Nathaniel, sería lo más acertado. Ir debilitándolos por la base, acabando con sus fuerzas de lucha, pero sin que sus tropas tengan bajas. El ataque sería a la mañana del otro día, cuando los soldados vampiros de los Blut Mitternatch estuvieran débiles debido a la luz del sol. Sus vampiros también lo estarían, pero ellos tenían mucha más técnica y estado que sus enemigos. Además, eso era sólo el comienzo.
- ¿No hay ninguna novedad sobre nuestro dvoryanstvo? - Preguntó Nathaniel, mientras trazaba unos planos para indicar como sería el ataque.
- Ninguna. - Respondió Frank, con una taza de sangre en su mano. No veía a Jamia hacía tres semanas y su organismo estaba comenzando a pasarle factura, necesitaba alimentarse de ella. - No sé que haremos, tampoco podemos saber nada, ni investigando a Wellinger. No se sabe quien es su padre, al parecer fue una relación de una noche y ¡PUF! Nació una máquina asesina capaz de matar a cualquier vampiro que tenga al frente. Tuvieron demasiada suerte.
- Entiendo. – Nathaniel siguió trazando líneas que Frank no entendía, pero habló luego de unos momentos de silencio. - Oye, he estado pensando en algo desde hace bastante tiempo. Sé que es una estupidez, pero tiene algo de cierto. - Respondió Nathaniel dejando una su lapiz a un lado, Frank hizo un ademán con su mano, incitándolo a hablar. - ¿Nunca te has puesto a pensar que alguien que conocemos desde hace tiempo puede llegar a ser un dvoryanstvo? O mejor dicho... ¿Alguien que TÚ conoces hace tiempo puede serlo? - Frank lo miró atentamente y dejó su copa de sangre a un lado. Alimentarse podría esperar, esto parecía interesante.
- ¿A qué te refieres?
- A que tal vez el dvoryanstvo estuvo a tu alrededor desde hace bastante tiempo. Mira, sé que suena extraño, pero tuve un sueño hace algunos días. Los vampiros no soñamos Frank, tú lo sabes. Una voz me dijo que tú sabías la respuesta y que tú lo conocías. Sé que suena loco, pero tal vez tiene algo de cierto.
- Wow. - Frank quedó sin habla, su mente rápidamente comenzó a recordar los rostros de las personas que conocía. - ¿Quién sugieres que puede ser?
- Tu amigo humano, Gerard.
- ¿Qué? - Abrió los ojos sorprendido. - Debes estar bromeando. Tu sueño puede tener algo de cierto, pero ¿Gerard? ¿Estás loco?
- Sólo piénsalo Frank. Estuvo enamorado de una licántropa y es tu mejor amigo, está destinado a vivir rodeado de lo sobrenatural. Además, ¿por qué lo dejaron vivo cuando se llevaron a Lindsey? Fácilmente podrían haberse alimentado de su sangre, pero no lo hicieron.
- Lo usaron como Médium para comunicarse con nosotros, nada raro. Fue sólo casualidad.
- ¿Casualidad? ¿No crees que a esta altura ya ninguno de nosotros debe creer en las casualidades?
Frank se dedicó a observar el vaso de ese líquido bordó que tenía en sus manos. La palabra casualidad ya no existía para ninguno de los vampiros, estaba fuera de su filosofía de vida. Nathaniel tenía razón, la casualidad no existe, todo era producto del destino. Apretó el vaso entre sus manos cuando recordó un detalle importante.
- Dime que la sangre de Anastasia no olía deliciosa cuando estabas cerca de ella y aún era humana. - El rostro de Nathaniel mostró una mueca entre preocupada y asustada.
- ¡Tu sí debes estar bromeando! Creo que la emboscada puede esperar, yo hablaré con Anastasia. Tomate el primer vuelo a América – Dijo con su inglés forzado. - Creo que lo encontramos.
Tal como le había dicho Nathaniel, tomó el primer vuelo hacia los Estados Unidos. Ahora sobrevolaba los cielos de Inglaterra, le quedaban bastantes horas de vuelo. Lo primero que haría es ir a su casa, seguro que Jamia también necesitaba de su sangre tanto como él de la de ella. Una vez que se alimenta de la sangre de otro vampiro es muy difícil vivir sólo de sangre de animales.
Luego iría hasta la casa de Gerard, sólo esperaba que no fuera demasiado tarde y que haya tomado conclusiones apresuradas.

0 comentarios:
Publicar un comentario