II
Pedirle ayuda a Gerard Way era algo que fulminaba su orgullo a la mínima expresión y que necesitaba demasiada humildad de su parte. Debería estar muy desesperada, Hannah no le rogaba a nadie, mucho menos a él.
Pero en cuanto el arrogante e hipócrita de Gerard Way cruzó la puerta, el color rojo de su rostro causado por la rabia que había llevado cuando discutió con su profesor volvió a su cara.
Pero en cuanto el arrogante e hipócrita de Gerard Way cruzó la puerta, el color rojo de su rostro causado por la rabia que había llevado cuando discutió con su profesor volvió a su cara.
Salió del aula de matemáticas luego de que la dejara allí, echando humo por sus oídos. Pegaba grandes zancadas a medida que cruzaba el pasillo haciendo que los demás alumnos que iban a sus respectivas clases la observaran con curiosidad. Entre el tumulto de gente, divisó a Brittany Jones guardando libros en su casilleros, quien se dio vuelta al escuchar los pasos acelerados.
- ¡Odio al desgraciado de Gerard Way! – Gritó Hannah llegando a su lado.
Brittany observó de arriba abajo a su amiga y estudió cautelosamente su lenguaje corporal para ver a que se enfrentaría. Estaba parada rectamente, con las manos a los costados y apretando sus puños. Su rostro estaba rojo y su mandíbula estaba fuertemente apretada, tanto que dejaba ver los huesos de su cuello. Tenía dos opciones, o le decía algo como “Exageras demasiado Hannah, Gerard no te ha hecho nada malo” y se enfrentaba al huracán Iero; o simplemente la ignoraba y asentía a medida que Hannah se descargaba. Optó por lo segundo.
- ¿Qué hizo ahora? – Brittany rodó los ojos observando su manicura.
- Es un idiota. No me digas nada, ya sé que he dicho esa palabra muchas veces y es algo desagradable viniendo de mí, pero es que no encuentro otro adjetivo para Way. – Brittany la miró esperando que siguiera. – No me mires así, sabes que me haces sentir como una niña caprichosa.
- ¿Acaso no lo eres?
Ups, no debería haber dicho eso. El huracán Iero posiblemente arrase todo el estado de Jones, y haga destrozos de magnitudes inimaginables, pero al contrario de lo que pensaba Brittany, Hannah sólo le lanzó una mirada y siguió con su discurso.
- No. El punto no es ese. Le tuve que pedir ayuda a Way por fuerzas externas y aunque no fue de mi agrado, quise dejar mi rencor hacia él por unos momentos. ¡Pero el maldito me hace sentir cosas que no siento por nadie, ni siquiera por un torturador de cachorros pequineses! Y obviamente, esos sentimientos no tienen un trasfondo romántico…
Brittany se sorprendió al notar que Hannah comenzaba a cambiar de color; su rostro ahora tomaba un tono morado. Esa reacción sólo era producida por los vientos fríos y calientes (o mejor dicho, las acciones bipolares) de Way, que sólo harían el huracán Iero mayor. Al contrario de lo que muchos pensaban, Hannah era una chica agradable y generosa, por lo menos con Brittany; así que cuando Way cambiaba el humor inestable de Hannah, lo único que podía hacer era odiarlo.
- ¡…El muy estúpido me dijo que me atenga a las consecuencias! ¿Qué consecuencias puede traer pasar tiempo con él? ¿Qué me contagie sus trastornos mentales y sarna? ¿Quién sabe hace cuanto que no se baña? ¿Viste su cabello? Está perfectamente inmóvil pero no es gel, es su propia suciedad. ¿Y esa campera de cuero? ¡No es John Travolta, no estamos en los 80 y esto no es Fiebre de Sábado por la noche!
Hannah inspiró mientras su vista se nublaba y comenzaba a ver destellos, siempre le sucedía eso cuando hablaba muy rápido. Su color pálido habitual volvió a su cara. Brittany se quedó observándola buscando el momento adecuado para seguir hablando y luego de unos minutos organizando la información volvió a tomar la palabra.
- ¿Por qué le pediste ayuda a Gerard Way?
- Ya te lo he dicho y por favor, no me lo hagas repetirlo. – Siseó Hannah arreglando la pollera de su uniforme de porristas y observando a su alrededor para ver si alguien estaba escuchando su conversación.
- No me lo dijiste, y si lo dijiste, ¡hablas como las cintas de francés del señor Jordan! No se entiende nada, sólo el Au Revoir del final.
- Te lo diré sólo porque eres tú. Way es mi tutor en matemáticas… - Brittany formó una perfecta ‘o’ con su boca. – Si, el simio sabe contar y eso no es lo peor de todo, ¡tiene promedio de A+!
- ¿Y cómo llegaste a que sea tu tutor?
Hannah observó hacia todos lados. Unos pocos alumnos cruzaban el pasillo y aunque era obvio de que no la escucharían, quería asegurarse de que ambas estuvieran solas antes de hablar.
- Me saqué una F en el último examen. – Siseó en el oído de su amiga. Brittany la observó como si hubiera cometido un crimen.
- ¡Mientes!
- No miento B, no sé que sucedió pero pedirle ayuda a Way es algo que tuve que hacer para asegurar mi futuro. – Explicó Hannah mientras movía las manos frenéticamente. – Lo peor de todo es que le tuve que rogar. Si, rogar. El idiota no pensaba ayudarme y estaba tan desesperada… ¿Sabes lo que me dirán mis padres si se llegan a enterar de la F? ¡Me matarán y no tendré mi banco asegurado en Princeton!
- Hannah, estás exagerando. ¿Cuál fue tu nota más baja desde que entraste a la secundaria, sacando a la F?
- B- en biología.
- ¡Ves! No creo que sólo se fijen en tus notas de matemáticas. ¡Te destacas en todo! En el centro de estudiantes, en deportes, en el anuario escolar. Todos saben que Hannah Iero es la alumna ejemplar de la secundaria, y eso sumará puntos.
- No soy exagerada Brittany, sólo me preocupo demasiado por mi futuro. No pienso quedarme toda mi vida atada a Dirty Jersey y definitivamente tengo que tener un lugar en alguna de las universidades de la Ivy League
Ambas iban absortas en su mundo, tanto que no se daban cuenta de lo que sucedía a su alrededor. Lo cierto era que el mundo exterior, se paraba cuando ellas pasaban… literalmente hablando. Es como si todos se inmovilizaran a su alrededor, viendo como ambas, pasaban con su uniforme de porristas y sus zapatillas converse de entrenamiento perfectamente blancas. Porque era así, ambas irradiaban más luz que cualquier chica del instituto, y era algo que no podían evitar.
Entre clases y clases, recibían algunos comentarios sucios de los deportistas, susurros en voz baja de parte del grupo de Chloe, e incluso halagos de la mayoría de las chicas del colegio. Porque en la preparatoria de Belleville, tener una buena relación con Hannah Iero, significaba pasar sin problemas la secundaria, porque hombre, ella podía hacer tu vida un infierno.
Y es por eso, que por antiguos rencores, la vida escolar de Chloe White era un infierno. Pasando a ser la segunda chica más popular del instituto y la segunda en todo (incluso en la vida de Alex Edwards); Chloe eligió un grupo “selecto” para ser parte de la “elite” de la preparatoria.
- ¿Para qué queremos tener veinte rubias oxigenada y huecas siguiéndonos como perritos falderos si no lo necesitamos?
Es lo que repite innecesariamente Hannah con una sonrisa de superación y arreglando su cabello castaño. Porque sólo son Hannah y Brittany manejando el instituto a su antojo...y nadie se atreve a oponerse ante ello.
- Barbies a las 6. – Dijo Bob, mientras Gerard y Ray guardaban sus libros en el casillero.
- ¿Puedes dejar de darles tanta importancia? A veces dudo seriamente de tu sexualidad. – Gerard rodó los ojos luego de notar que su amigo hablaba de Hannah y Brittany.
- Oye, oye. Los DVD de Clueless y Legalmente Rubia son de mi hermana, ¿si? Aparecieron debajo de mi cama pero yo no los puse ahí. - Ray y Gerard lo quedaron observando por unos segundos luego de que largaran una carcajada.
- Claro, igual que “Mean Girls” apareció misteriosamente en tu notebook. – Acotó Ray.
- Ok, a esa sí la vi, ¡pero es porque cualquier adolescente se siente identificado con esa película!
Se quedaron viéndolo otra vez y Gerard le pegó un puñetazo en el hombro de Bob, murmurando un “oh, cállate Bryar”. Luego de eso observó como Chloe y su séquito de seguidoras se acercaba peligrosamente a Hannah y Brittany. Hannah había cambiado su posición; echó un poco su espalda hacia atrás, apoyándose en una pierna y poniendo la otra un poco más adelante. Cruzó los brazos sobre su pecho y observó con una sonrisa de suficiencia como su enemiga se acercaba con pasos felinos.
- Hannah, que bueno verte otra vez. – La saludó Chloe con una sonrisa.
- Deja de fingir Chloe, nos hemos visto hace unas horas en el entrenamiento.
- Oh lo siento, es que tu pequeña figura es difícil de notar entre la gente.
Chloe sonrió con suficiencia, sabía que remarcar la baja estatura de Hannah era entrar en terreno peligroso. Quedaba muy pequeña con su 1.63 m junto al 1.76 de Chloe. Por un momento perdió la compostura pero luego, su sonrisa de suficiencia volvió aparecer en su rostro al ver a algo – o alguien – detrás de la figura de Chloe.
- Bueno, parece que alguien se cansó de las jirafas, ¿no?
Chloe frunció el ceño y justo en ese momento apareció a su lado Alex Edwards. Hannah le dio un beso feroz al frente ella, estaba marcando territorio. Cuando se separaron, no había ni rastros de Chloe ni de su séquito.
- ¿Se puede saber que fue eso? - Preguntó Alex sonriendo.
Hannah se dedicó a observarlo, todo en él era perfecto. Sus ojos azules resaltaban por sus gruesas pestañas negras y su cabello castaño oscuro; su sonrisa enmarcaban alineados dientes de color blanco y su camiseta blanca se adhería a sus pectorales.
- Nada, ¿tengo que tener razones para besar a mi novio?
- No. - Y ahí, nuevamente esa sonrisa que le hacia flaquear las piernas. - Te extrañé, no te veo desde el viernes.
Para agregarle un plus a su perfección, Alex era el novio más tierno, atento y demostrativo.
- Estuve estudiando todo el fin de semana, lo siento. - Contestó con la misma sonrisa tonta. - Mis clases empiezan hasta dentro de media hora. ¿Quieres que recuperemos el tiempo perdido?
Brittany había desaparecido hacía unos segundos, por lo que nadie escuchó la insinuación que le hizo a su novio cuando se acercó a su oído. Hannah tal vez era una alumna ejemplar, una hija modelo, pero en cuanto a su intimidad, no era tan puritana como parecía.
***
- Ashley Canson es un verdadero dolor en el trasero.
Gerard se derrumbó en el césped de su “escondite” junto a Bob y Ray quienes fumaban tranquilamente. Antes de que la pelea entre Hannah y Chloe empezara, Gerard se había alejado lo más que podía de ambas; sería suicidio meterse entre ellas dos. Sus ojos verdes observaron el cielo por unos segundos, tratando de calmar la rabia que había sentido hacía unos minutos cuando Ashley lo atacó en la clase de matemáticas.
- ¿Qué sucedió ahora hermano? – Preguntó Ray, imitando a Gerard. – Tu vida parece de telenovela.
- Me está acosando porque cree que yo estoy enamorado de ella. Quiere que tengamos algo formal. ¡Está loca! ¿Sabes lo que sería salir con Ashley Canson? Es mucho mejor cuando tiene la boca cerrada y está gimiendo. - Rió Gerard. - Hoy mataré a alguien.
Gerard cerró los ojos por unos segundos y recordó la charla que tuvo luego con Hannah. Le causaba gracia como podía enojarse tan rápidamente, más cuando él sabía pegarle en su punto más débil; como fue en el caso de hoy, cuando la humilló luego de que ella le pidiera ayuda.
Para ser sinceros, toda esta situación le parecía muy cómica. Molestarla era uno de sus pasatiempos favoritos porque la chica se enojaba fácilmente, así que podría llegar a pasarlo bien. No le diría nada a sus amigos por ahora, porque como típicos adolescentes hormonales no esperarían a molestarlo y cantar “Hannah y Gerard, sentados en un árbol B-E-S-A-N-D-O-S-E”
Su relación con Ray y Bob era envidiable. A esa edad la mayoría de los grupos de amigos se la pasaban tomando, fumando marihuana y hablando de cual chica es mejor en la cama. No es que ellos no lo hicieran, sino que además de eso entre ellos podían actuar como estúpidos pre-adolescentes de trece años, edad que habían dejado atrás hacía mucho.
Un ejemplo de eso es cuando Ray terminó en el hospital de urgencias con quemaduras de tercer grado luego de que fallara al intentar prender fuego con un gas estomacal. Gerard y Bob se burlaron de él por el resto del año.
- Sh, no hagas ruido. Alguien puede escucharnos. - Una voz de mujer se escuchó entre los árboles.
Los tres adolescentes salieron de su ensoñación y se observaron con el ceño fruncido. Nadie iba a esa zona del campus, porque estaba bastante alejada del edificio principal; es por eso que los amigos habían elegido esa zona para juntarse. Ellos se pararon y comenzaron a caminar entre los arbustos para encontrar una escena bastante comprometedora.
Alex Edwards y Hannah Iero se estaban besando desaforadamente contra la pared del gimnasio; ella encerrada entre los fuertes brazos de él. Su pollera estaba en su cintura y dejaba a la vista su ropa interior. Gerard rió cuando se le ocurrió una idea.
- Cuando la vida te da limones, haz limonada. - Susurró Gerard tomando su teléfono celular y sacando varias fotos.
- ¿Gerard? ¿Qué haces? - Siseó Bob. - No me digas que las piensas subir a Internet...
- Oh no, claro que no. Publicar esas fotos ahora sería iniciar la Tercera Guerra Mundial, las voy a guardar para algún aprovechamiento futuro. Vamos, dejemos a los tortolitos. - Contestó Gerard guardando su celular y alejándose de la pareja.
Parece que Hannah debe cuidarse las espaldas, no sólo de Chloe, sino también de Gerard.
- Wow, eso fue... GENIAL. - Exclamó Alex arreglándose la ropa.
- Estoy de acuerdo, pero llego tarde a mis clases. Te amo. - Hannah lo besó rápidamente en los labios mientras colocaba su pollera en su lugar.
Comenzó a correr por el campus para llegar al edificio principal; tenía clases de francés con el profesor Jordan. Se tropezó en el camino varias veces pero logró llegar sana y salva al aula.
- Señorita Iero, que sorpresa verla llegar tarde.
El señor Jordan era uno de sus profesores preferidos, no por el hecho de que a pesar de tener ya cuarenta años y ser extremadamente guapo, sino porque también era un excelente profesor.
- Lo siento, estuve hablando con el director sobre el baile de disfraces.
En el fondo del aula alguien ahogó una risita y con el ceño fruncido se dio cuenta que era Gerard. Algo que odiaba de ir a ese colegio era que compartía la mayoría de las clases con Way; menos historia moderna, que milagrosamente eran los viernes en la última hora.
El profesor Jordan la observó con duda pero luego la dejó entrar alegando que esa sería la primera y última vez que se lo perdonaría. Mientras se dirigía a su pupitre notaba la sonrisa socarrona de Way, esa que tanto odiaba. ¿Qué le sucedía al idiota? ¿La habrá visto con Alex? No, eso era algo imposible, nadie iba a esa zona del campus.
Pero si ese era el caso... le diría a alguien. Se dio media vuelta para observar que estaba haciendo y lo encontró dibujando muy tranquilamente.
Algo que tampoco se había dado cuenta era que Gerard iría con el chisme de su nota de matemáticas a sus padres. Ellos no podían enterarse de esa F, la mantendría en secreto por el mayor tiempo que pudiera, por lo menos hasta que pudiera aprobar.
Tomó su blackberry y rápidamente le mandó un mensaje de texto.
- Lo siento, estuve hablando con el director sobre el baile de disfraces.
En el fondo del aula alguien ahogó una risita y con el ceño fruncido se dio cuenta que era Gerard. Algo que odiaba de ir a ese colegio era que compartía la mayoría de las clases con Way; menos historia moderna, que milagrosamente eran los viernes en la última hora.
El profesor Jordan la observó con duda pero luego la dejó entrar alegando que esa sería la primera y última vez que se lo perdonaría. Mientras se dirigía a su pupitre notaba la sonrisa socarrona de Way, esa que tanto odiaba. ¿Qué le sucedía al idiota? ¿La habrá visto con Alex? No, eso era algo imposible, nadie iba a esa zona del campus.
Pero si ese era el caso... le diría a alguien. Se dio media vuelta para observar que estaba haciendo y lo encontró dibujando muy tranquilamente.
Algo que tampoco se había dado cuenta era que Gerard iría con el chisme de su nota de matemáticas a sus padres. Ellos no podían enterarse de esa F, la mantendría en secreto por el mayor tiempo que pudiera, por lo menos hasta que pudiera aprobar.
Tomó su blackberry y rápidamente le mandó un mensaje de texto.
“Ni mis padres ni los tuyos deben saber que eres mi tutor. Ni siquiera de la F”
A los pocos segundos su teléfono vibró en su bolsillo.
“$20”
“¿Qué quieres decir con $20?”
“Te dije que esperaba que tuvieras muchos ahorros. $20 te costará mantenerme callado”
“Maldito bastardo”
A los pocos segundos su teléfono vibró en su bolsillo.
“$20”
“¿Qué quieres decir con $20?”
“Te dije que esperaba que tuvieras muchos ahorros. $20 te costará mantenerme callado”
“Maldito bastardo”
“¿Hacemos trato o no? Tic tac, tic tac.”
“Trato, pero no me pidas más”
“Por ahora”
Hannah suspiró, dándose media vuelta y sacándole el dedo del medio a Gerard a lo que contestó con su sonrisa burlona tan característica.
“Trato, pero no me pidas más”
“Por ahora”
Hannah suspiró, dándose media vuelta y sacándole el dedo del medio a Gerard a lo que contestó con su sonrisa burlona tan característica.
***
El día pasó volando, y el reloj ya marcaba las 10 de la noche. Luego de que Gerard cenara con su familia anunció de qué iría a la cama. Sentía el peso de su celular en el bolsillo y recordó que debía descargar las fotos a un pen drive porque si Hannah se enteraba de la existencia de ellas, probablemente haría de su vida un infierno.
No, ese era el trabajo de él, no podían invertir los papeles.
Subió las escaleras hacia su habitación, prendió el ordenador que estaba encima de su escritorio. Mientras que esperaba hasta que este se prendía, observó que la ventana de su habitación estaba abierta y podía escuchar la voz desafinada de Hannah cantando. Un pequeño detalle era que las habitaciones de ambos colindaban, y sus ventanas estabas muy cerca la una de la otra. Algo muy gracioso era que si se observaban ambos cuartos eran demasiado diferentes. En el de Hannah abundaba el rosa y el blanco, junto con algunos posters de Adam Levine y Chace Crawford. El cuarto de Gerard era totalmente lo opuesto, porque sus paredes pintadas de bordó oscuro le daban un toque tétrico a su habitación.
No se consideraba un mirón, pero a veces era divertido ver las estupideces que hacía su vecina. A Hannah le sucedía lo mismo, a veces cuando Gerard tocaba la guitarra se sentaba junto a la ventana a escucharlo. Nunca lo aceptaría, pero él tenía una voz muy melodiosa.
Con la “dulce” voz de Hannah de fondo, Gerard comenzó a ver las fotos de ella y Alex. En una de ellas, Hannah tenía la cabeza tirada hacia atrás con la boca ligeramente abierta. Debía aceptar que eran bastante sexys y que por un momento, deseó ser el idiota de Edwards. Ella le atraía, tal vez demasiado para su propio bien pero tal como pasaba con Ashley Canson, eran mucho mejor calladas y gimiendo.
El narcisismo de Hannah no podía ser aplacado, así que prefería quedarse con las ganas. Si se enteraba de su debilidad, se lo refregaría por la cara durante toda su vida.
Pasó las fotos a un Pen Drive y se acercó a la ventana apoyando sus brazos en ella. Hannah corría y saltaba por toda su habitación con sus auriculares al máximo y con un cepillo como micrófono. Gerard le gritó varias veces pero ella no lo escuchó, así que le tiró con una piedrita que le pegó en la espalda.
- ¿Qué quieres Way? - Preguntó Hannah con frustración.
- Sabes... no suenas como Christina Aguilera. Más bien lo haces como Amy Winehouse luego de su rehabilitación de crack.
- Amo como siempre me levantas la autoestima. - Contestó ella rodando los ojos.
- Si yo no lo hiciera tu ego sería enorme, mucho más de lo que ya lo es.
- Oh claro, habló el señor humildad. – Gerard la ignoró.
- Sólo pasaba para decirte que el jueves quiero mi paga y que si quieres podemos empezar con las clases. - Cerró la ventana, pero luego la volvió a abrir. - Ah, antes de que me olvide. Deja de maullar, los Johnson llamarán a la policía pensando que eres una banda de gatos en celo.
No escuchó la cantidad de improperios que le lanzó Hannah y se acostó en su cama. Mañana sería un día muy largo.
No se consideraba un mirón, pero a veces era divertido ver las estupideces que hacía su vecina. A Hannah le sucedía lo mismo, a veces cuando Gerard tocaba la guitarra se sentaba junto a la ventana a escucharlo. Nunca lo aceptaría, pero él tenía una voz muy melodiosa.
Con la “dulce” voz de Hannah de fondo, Gerard comenzó a ver las fotos de ella y Alex. En una de ellas, Hannah tenía la cabeza tirada hacia atrás con la boca ligeramente abierta. Debía aceptar que eran bastante sexys y que por un momento, deseó ser el idiota de Edwards. Ella le atraía, tal vez demasiado para su propio bien pero tal como pasaba con Ashley Canson, eran mucho mejor calladas y gimiendo.
El narcisismo de Hannah no podía ser aplacado, así que prefería quedarse con las ganas. Si se enteraba de su debilidad, se lo refregaría por la cara durante toda su vida.
Pasó las fotos a un Pen Drive y se acercó a la ventana apoyando sus brazos en ella. Hannah corría y saltaba por toda su habitación con sus auriculares al máximo y con un cepillo como micrófono. Gerard le gritó varias veces pero ella no lo escuchó, así que le tiró con una piedrita que le pegó en la espalda.
- ¿Qué quieres Way? - Preguntó Hannah con frustración.
- Sabes... no suenas como Christina Aguilera. Más bien lo haces como Amy Winehouse luego de su rehabilitación de crack.
- Amo como siempre me levantas la autoestima. - Contestó ella rodando los ojos.
- Si yo no lo hiciera tu ego sería enorme, mucho más de lo que ya lo es.
- Oh claro, habló el señor humildad. – Gerard la ignoró.
- Sólo pasaba para decirte que el jueves quiero mi paga y que si quieres podemos empezar con las clases. - Cerró la ventana, pero luego la volvió a abrir. - Ah, antes de que me olvide. Deja de maullar, los Johnson llamarán a la policía pensando que eres una banda de gatos en celo.
No escuchó la cantidad de improperios que le lanzó Hannah y se acostó en su cama. Mañana sería un día muy largo.

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