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XI
Segunda Parte
5 de Julio del 2008. 15:30 hs. New York, USA.
El frío invierno había llegado. Copos de nieve caían sobre su piel, pero no sentía frío; en esos momentos la adrenalina menajaba su cuerpo. No podía ver casi nada, por las espesas nubes que reinaban en cielo y no dejaban pasar la luz de la luna; pero fácilmente se podía distinguir cuerpos que se movían frenéticos a su alrededor. Parecía que estaban luchando porque se escuchaban gritos por doquier.
Se colocó en posición de ataque, atento a cualquier otro movimiento extraño a su alrededor. No controlaba los movimientos de su cuerpo, sentía una extraña sensación de que algo lo controlaba, o simplemente al sentirse amenazado los realizaba por inercia. Estaba en medio de una batalla, lo había notado, pero aún no sabía contra quién o qué luchar. Supo que no estaba a salvo.
Cuando sus ojos pudieron acostumbrarse a la oscuridad, intentó distinguir que eran esas sombras que se movían a su alrededor. Parecían personas y... ¿animales? ¿Animales que estaban parados en sus dos patas traseras? Ok, eso no le parecía posible.
Otra vez esa sensación de estar en peligro lo embargó. Se concentró en cualquier anormalidad a su alrededor. Un escalofrío le recorrió la espalda y rápidamente se dio vuelta, tomando del cuello a quien quiera que sea que lo fuera a atacar, elevándolo varios centímetros por encima del suelo. Lo que le extrañó fue que era un hombre de unos veinte años, con algunos rasgos de su cara muy parecidos a los de él, y con los ojos rojos, un aspecto similar al que había visto luego del accidente aún estando en coma, cuando se asomó y vio su reflejo en el arrollo.
- ¿Qué rayos? - Dijo asombrado y lo saltó, haciendolo caer al suelo.
- Debo reconocer que tus reflejos han mejorado Way, Nathaniel hizo un buen trabajo. - dijo el hombre mientras se incorporaba. - Pero eso no te va a servir de nada.
Un fuego subió por su tráquea y su respiración se agitó. Sensaciones desconocidas volvieron a abordarlo y la adrenalina le nublaba los sentidos. Extrañamente, le gustaba estar al límite, tenía ansias de sangre. Se preparó para atacar. Sus pies se movían con total agilidad sobre la nieve evitando cada ataque de su adversario y golpeándolo cada vez que podía. Estaba ganando, no tenía dudas.
A su alrededor observó que la lucha estaba terminando, y cada cuerpo que luchaba en la encarnizada batalla; ahora se convertía en columnas de fuego; aumentando su visión. Sólo quedaban él y su contrincante.
De un momento a otro la escena cambió. Gerard, quien durante toda la batalla había llevado la delantera, ahora se encontraba en el suelo, tumbado por el hombre de ojos rojos.
- Fue lindo mientras duró, ¿verdad Way?
Pero su mirada no estaba dirigida a él en esos momentos sino hacia un costado. Gerard siguió su mirada y vio a Cassie, parada allí con una mirada vacía. Portaba un vestido parecido al que usaba Lindsey la última vez que la vio, pero el de Cassie lucía sucio y desgastado en sus puntas; su cabello rubio estaba enmarañado. Tenía una belleza extraña y aterradora. Parecía ida, como si su mente estuviera en otro lado.
Gerard entendió que el hombre no se refería a la pequeña ventaja que había llevado durante toda la pelea, sino a su relación con Cassie.
No notó cuando el joven se levantó de su lado y se dirigió a ella, susurrándole algunas palabras en el oído. Cassie transformó su rostro, ahora lucía una sonrisa demente que le heló los huesos. Intentó levantarse, pero su cuerpo no le respondía y ella seguía avanzando hacia él. Cuando llegó a su lado sonrió ampliamente, mostrando dos largos colmillos que sobresalían de sus labios.
***
Se despertó luego de eso, respirando agitadamente y mirando a su alrededor. No se encontraba en un bosque nevado lleno de fuego, ni peleando contra un tipo con los ojos rojos. Estaba en su cama, en su habitación. Pensó que tener sueños raros habían terminado pero no, habían regresado y estaban a punto de hacer que su cerebro tengo un ACV.
Este tipo de sueños lo estaba aterrando. No eran sueños comunes sin significado. Muy profundo de su mente sabía la respuesta a ellos, pero aún no podía encontrarla.
Suspiró y se tapó su cabeza con las sábanas. Ya era muy tarde casi las tres de la tarde, pero no tenía ganas de salir de la cama; aunque tuviera que hacer algo muy importante ese día.
Esa noche, luego de que Cassie marchara de su casa había tomado una decisión. Demasiados problemas tenían, lidiando con las drogas – que aunque las había dejado temporalmente, aún tenía la necesidad de consumirlas – y el alcohol, como para tener que lidiar con una puta que lo confunde.
Desde luego, ahora pensaba en ella así. ¿Cómo podía pensar de alguien que durante los veintiocho días que habían estado juntos, le repetía constantemente que lo hacía por el dinero? Sí, le tenía rencor, debía aceptarlo. Rencor porque ella no había tomado su 'relación' – si se lo podía llamar así – en serio como él. Pero debió verlo desde un principio, era sólo una prostituta.
Dejó el celular en su mesita de luz luego de mandar el mensaje de texto, pero inmediatamente después de eso sonó.
“Termina mi clase de historia Antigua y voy. ¿Qué sucede?”
No le contestó, si le decía el verdadero motivo de porqué la citaba probablemente ella no iría. Se quedó en la cama durante unas horas más, dándole vueltas y vueltas a ese sueño que lo tenía loco. Quería atribuirle la culpa a las drogas, igual que lo venía haciendo durante los últimos meses. Pero tenía la sensación de que algo le querían decir. ¿Quién era el hombre de los ojos rojos? ¿Qué tenía que ver Cassie? ¿Por qué estaba luchando? ¿Quién era la niña con la que había soñado los últimos meses?
De algo estaba seguro, eso no podía ser nada bueno.
El timbre de su casa lo sacó de sus pensamientos. Vio la hora: las seis de la tarde. Se sorprendió de lo mucho que había estado perdido en sus pensamientos y lo rápido que había pasado el tiempo.
Cassie estaba parada en la puerta de su apartamento, mirando al suelo y jugando con sus pies nerviosamente. Recordó el primer día que ella llegó a su casa, se encontraba igual de temerosa que ahora. Quiso abrazarla, pero luego recordó los constantes rechazos de parte suya y su expresión cambió. La atendió con la misma frialdad que el primer día, y ella pudo notarlo. No era todo como antes.
- Aquí estoy. - Sonrió Cassie algo incómoda.
Gerard la dejó pasar sin decir una palabra. Lo vio desaparecer por el pasillo que daba hacia su habitación y volver con un papel en sus manos que le entregó sin darle una mirada.
- Ya terminó el mes, tal como lo habíamos pactado. Asi que allí tienes tus veinte mil. - Cassie lo observó casi sin creerlo.
- ¿Así termina todo? - Preguntó ella, observando el cheque en sus manos.
- ¿A qué te refieres? - Le preguntó Gerard, confundido.
- ¿Así termina todo? ¿Después de todo lo que sucedió pretendes que yo tome el dinero y me vaya así como si nada? No tienes ni la menor idea Gerard.
Las palabras se le acumulaban en la boca y no salían, tuvo rabia. Rabia porque para él no había significado nada de nada. Rabia porque para ella había significado demasiado.
Pero tal vez su percepción de todo no era la correcta. Gerard la observaba con una mueca inmutable en su rostro, pero también sentía rabia. ¿Cómo rayos podía reclamarle algo si ella se había encargado siempre de dejar las cosas en claro?
- Será mejor que te vayas. - Dijo con frialdad.
- ¿Irme? Está bien, pero ¿sabes una cosa? No quiero tu maldito dinero, no lo hice por eso. - Cassie dejó el cheque sobre la mesa y se dispuso a irse. Tenía ganas de llorar, siempre le sucedía eso cuando estaba enfadada.
- ¿Osea que lo hiciste por nada? Ni siquiera llegas a ser una puta, eres mucho menos que eso. - Gritó con Gerard antes de que cruzara la puerta.
Ella se devolvió, y estrelló su mano contra la mejilla de él, haciendo que Gerard la tomara fuertemente del brazo. Otra vez la adrenalina y ansias de sangre que había sentido en su sueño, volvieron mientras observaba como ella lloraba y le pedía que la soltara. Sus oídos se ensordecieron, y lo veía todo rojo, pero sabía que tenía su mirada clavada en Cassie.
- Gerard, ¡suéltame! – Cassie soltó otro grito ensordecedor, presa de la desesperación, que por fin lo sacó del trance en el que estaba.
- Vete. – Pudo finalmente susurrar agarrándose la cabeza y sentándose en el sillón. Respiraba entrecortado, y la cabeza le estaba doliendo a horrores.
- ¿Gerard? ¿Qué rayos fue…?
- ¡VETE! ¡Déjame sólo! - Gritó Gerard.
Cassie tuvo miedo y salió del departamento dejando la puerta abierta tras ella. ¿Qué rayos le había sucedido? Se arremangó su camiseta y notó unos cardenales morados, justo con la forma de los dedos de Gerard en su mano. Recordó la mirada que él le había dado, no era él. Sus ojos verdes se habían oscurecido y su cara se había enrojecido. Tenía la mandíbula apretada y las venas de su cuello resaltaban por la fuerza que estaba realizando.
Secó rápidamente sus lágrimas, aún no entendía muy bien lo que había sucedido. Se dio cuenta de que en su mano aún tenía el cheque pero tuvo miedo de volver al departamento. Mañana se lo dejaría con el portero, por hoy había sido demasiado.

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