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I. Hey, little rich girl where did you go wrong?

Samantha Waldorf miércoles, 23 de noviembre de 2011
I





Dicen que los ojos son la ventana del alma, que mirando fijamente en ellos podemos conocer los más ocultos sentimientos, los más prohibidos pensamientos y lo que el inconciente de cada persona pide a gritos que sea escuchado. Nuestro cuerpo y rostro son una simple fachada, algo que podemos manipular fácilmente. Lamentablemente muchas personas se dejan llevar por la máscara que utilizamos a diario y muy pocos buscan lo que hay en lo profundo de nuestros ojos. 

- Oh mierda. - Se levantó sobresaltada de la cama al ver la hora en su celular.

Mala idea, una presión se desplazó desde su sien hasta su nuca, lo que la obligó a volverse a recostar. Se prometió a si misma miles de veces que iba a dejar el alcohol, pero tenía como novio a un rockstar, ¿eso iba a ser posible? Observó al hombre que descansaba tranquilamente a su lado. Era hermoso, simplemente perfecto... ¿Cuántas desearían estar en su lugar? Miles, o tal vez millones. 

- Frank, Frank. Despierta, debo irme. - Susurró ella contra su oído.
- Sam... Unos minutos más. - Se revolvió en la cama y ocultó su cabeza debajo de la almohada. 
- Vamos amor, debo irme. - Suspiró, casi perdiendo la paciencia.
- No tengo la culpa de que tu padre sea un jodido.
- Pero si la tienes de salir con una menor de edad. Tendría que haber llegado a las 3 A.m., y son las 13. Vamos, levántate.

Sam comenzó a recoger su ropa que había quedado esparcida en toda la habitación, al mismo tiempo que su novio se dirigía, prácticamente arrastrando sus pies, al baño. 

- ¿Y qué excusa le pondrás a tu padre esta vez? Sabes que no le gusta que te quedes a dormir conmigo. - Le preguntó Frank desde el baño. Ella rió cómplicemente mientras terminaba de colocarse el vestido. 
- Si le podemos llamar “dormir” a lo que sucedió anoche. - Frank largó una carcajada. - No lo sé, le diré que Amanda se emborrachó y me quedé a cuidarla en su casa.
- Espera, ¿quién es Amanda?
- No existe tal Amanda, Frank. Es sólo para poner un pretexto, no quiero tragarme su sermón otra vez.
- Tu padre me odia, ¿verdad?

La voz de Frank en su oído la hizo sobresaltar, no se percató de que estaba tan cerca. Sus brazos rodearon la cintura de ella, al mismo tiempo que los labios de Frank se deslizaban delicadamente por el cuello de Sam. Ella dio media vuelta y lo besó sutilmente en los labios.

Había algo de Frank que le atraía demasiado. Tal vez era su apariencia chico malo o por su sonrisa de niño travieso, pero lo cierto era que no se podía resistir a él. 

- Tal vez. 

Sus ropas comenzaron a abandonar sus cuerpos y el calor comenzó a apoderarse de ellos. El sonido chirriante de su celular le hizo separarse de él. Ella pronunció un insulto en voz baja y tomó su celular. Sintió ganas de vomitar, y no, no era el dolor de estómago y las naueas que sentía por la borrachera del día anterior. Era porque su padre la estaba llamando. 

- Eh, malas noticias. - Su tez blanca se palideció más de lo normal y miró a Frank, como si le pidiera con sus ojos que la tierra allí mismo la tragara.
- ¿Qué sucede? - Preguntó él con un tono cansino. 
- Mi padre me está llamando. 

Tal vez la expresión de Sam fue mucho más leve que la de Frank, quién parecía que sus ojos iban a salir de su cara. Tragó saliva, realmente le temía a su suegro.

- ¿Atiendo o no? - Sam seguía pidiendo a gritos en su mente que la tierra se abriera en dos.
- Atiéndelo, si no lo haces creo que sería peor.

Su actitud era rebelde. No tenía miedo de nada, no pensaba antes de actuar, no reparaba en las consecuencias. Pero nada le aterraba más que su padre enojado. Recordó años atrás, cuando sólo tenía catorce años. La 'mala junta' con Georgia Jagger – hija menor de Mick Jagger. - la llevó a falsificar su cédula de identidad para entrar a antros para mayores de edad. La policía la encontró fumando marihuana, por lo tanto su padre se enteró, al igual que los medios. 


¿Conclusión? Su padre la envió a un internado de niñas en el lugar más recognito de Connecticut donde las monjas - de un horrible cutis, debía aclarar. - la obligaban a usar uniforme de polleras hasta la rodilla y comer algo que según las hermanas era 'caldo de pollo'. Más bien parecía vómito recalentado.

¿Qué sucedió luego? Se escapó a los tres días de haber llegado, seduciendo al guardia para que la dejara salir y viviendo durante dos días en una plaza hasta que la policía la encontró. Desde ese día estudiaba en casa.

- Sam, ¿vas a atender?

Notó que se había quedado perdida en sus pensamientos, tembló por última vez recordando el 'caldo de pollo, y atendió. 

- John. - Alejó el auricular de su oído, sabía lo que se avecinaba.
- Samantha Ann Waldorf, ¿¡DÓNDE RAYOS ESTÁS!? - Habló la boca para contestar, pero la voz de su padre la aturdió. - Deja, no me contestes, sé que estás con el vago de Iero...

La voz de John – se negaba a llamarlo padre, por lo menos no al frente de alguien. - seguía gritando un monólogo que ya sabía de memoria sobre mantener el status del otro lado del teléfono mientras escuchaba a su novio maldecir por lo bajo palabras como “tengo que dar conciertos todas las noches si quiero sobrevivir, no como usted que se sienta en un escritorio y le llueve plata”.

- Si, ya lo sé. ¿Algo nuevo? - Preguntó mostrando desinterés.
- Te fotografiaron fumando marihuana... otra vez. Sales en primera plana de la People. 
- Genial. - Murmuró ella, odiando interiormente a los malditos paparazzis que la seguían día y noche. 
- En quince minutos te quiero en casa, ¿ok? No puedo hablar contigo de esto por teléfono. 
- Está... - Pero su padre cortó sin esperar respuestas. Frank la observó pidiendo alguna explicación, pero ella sólo atinó a volver a colocarse la ropa.

***

- ¿En serio debes irte? - Preguntó el joven, en la puerta de su casa.
- Si, mi padre está muy enfadado. ¿Te veo mañana? - Preguntó dándole un beso rápido y subiéndose a su auto. 
- Claro. Mañana a la noche paso por ti. - Ella encendió un cigarro y se dirigió con su automóvil, saliendo de la residencia. 

En la radio se escuchaba 'Hey, Little Rich Girl' de Amy Winehouse. La melodía era alegre, y la hacía sentir que estaba recorriendo las calles de Londres durante la década del '50. 

Pero se encontraba en los Hamptons, su maquillaje estaba corrido y con su pelo algo enmarañado; y claramente se encontraban en el siglo XXI. Su regalo de los dieciséis no fue un abrigo de piel de parte de su madre, sino una tableta de pastillas anticonceptivas que le había dado su doctora de cabecera – lo más cercano a una madre que tuvo -. Aún no había viajado a Londres a los 19, ¡sólo tenía 17! Sin embargo, sentía que esa canción estaba escrita para ella. 

- Hey, little rich girl where did you go wrong? - Murmuró con amargura.

Se colocó las gafas antes de que el portón de la residencia de Frank se abriera, para enfrentar al mundo exterior. La revista OK la había catalogado como la heredera de Paris Hilton. JÁ. Paris Hilton no le llegaba a los talones. 

El portón se abrió y una horda de flashes la abordaron. 

- Malditos paparazzis. - Gritó bajando la ventanilla de su auto y mostrando su dedo corazón. 

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