начало
V
Primera Parte.
25 de Diciembre del 2007. 01:35 hs. New York.
Navidad, la época del año donde todos los hombres se estresan por no saber que regalo comprarle a su novia, donde las abuelas cocinan kilos y kilos de comida para poder satisfacer los enormes estómagos de sus nietos y donde todas las familias aparentan tener una relación perfecta tratando de dejar de lado sus problemas por unas horas.
Bob le había insistido en pasar navidad los cinco juntos porque no quería que él lo pasara solo, pero Gerard cortésmente desistió. Sus amigos lo comprendieron, se podían imaginar como se sentía en estos momentos.
Estaba devastado, no solo por la soledad en la que vivía si no también porque la justicia había tomado la decisión de archivar el caso de Lindsey como un 'cold case'*. ¿En tan sólo dos meses? Si, la investigación estaba estancada. No se encontró ninguna otra pista además de la foto, donde no hallaron ni ADN, ni huellas dactilares, ni cualquier otro elemento que pudiera dar un indicio de quién fue el asesino. Ni siquiera alguna mancha en los antecedentes de todos sus allegados como para indicar que fue una venganza.
Durante ese tiempo Gerard se refugió en sus cuadernos y las botellas de Whisky, ya que a esta altura, ni el dibujo podrían sacarlo de la soledad en la que se encontraba. Sentía como si le estuviera fallando a Lindsey. Ella había sido la principal razón por la que dejó el alcohol y las drogas, llegó cuando su mundo estaba al revés. Todo este tiempo se había mantenido sobrio hasta que ella falleció.
- ¿Qué rayos haces? - Gritó entrando a los camerinos.
Gerard se encontraba apoyado encima de una mesa donde estaba a punto de aspirar una línea de cocaína. Lindsey sopló el fino polvo que quedó flotando en el aire, él se levantó furioso y la tomó por ambos hombros. Ella no demostró una pizca de miedo en su mirada, solo decepción. Parecía sacado, sus pupilas estaban dilatadas y su respiración estaba acelerada, seguro que no era la primera línea que consumía.
- ¿Estás loca? ¡No tienes idea de lo que me ha costado ese poco!
- Te daré el dinero si quieres, pero no me voy a quedar sentada viendo como te destruyes Gerard.
Ahora se encontraba recostado en el sillón con un vaso de licor en su mano y el control remoto en otra. El único sonido que se escuchaba eran las voces de una publicidad de una licuadora que funcionaba a luz solar.
- ¡Feliz navidad! - Gritó al aire y se dirigió a su habitación. Necesitaba un baño antes de dormir.
Abrió su armario en busca de su pijama y se topó con un vestido corto de color negro. “El vestido favorito de Lindsey”. Lo tomó entre sus manos y ese perfume tan característico de ella viajó por sus vías respiratorias para al final alojarse en sus pulmones como pequeñas dagas. Dolía, sí que dolía. Dolía porque su perfume le hacía transportarse a meses atrás, cuando la luz de la mañana golpeaba sus ojos y se despertaba con el cabello de ella rozando su nariz y su espalda desnuda contra su pecho.
Dicen que nos aferramos al pasado porque nuestro presente no es lo suficientemente bueno. Aferrarse al pasado nos impide vivir nuestro presente. ¿Y qué pasa cuando no queremos vivir nuestro presente? Arruina nuestro futuro, pero para él, ya no había futuro que le puedan ofrecer.
Siguió rebuscando entre su ropa hasta que encontró una caja de madera. Dentro de ella había muchas fotos, entradas de conciertos, cartas, flores disecadas. Se entretuvo en las fotografías, parecían recién reveladas. En la mayoría de ellas se encontraba él en poses desprevenidas o sonriendo para la cámara. Había muy pocas de ellos dos juntos, pero hubo una que le agradó de sobremanera.
¿Te quedarás?¿
¿Te quedarás para siempre?
Se encontraban ambos, recostados en su cama abrazándose tiernamente. Ella estaba más hermosa que de costumbre, él sonreía dejando ver una sonrisa que había dejado de esbozar hacía ya dos meses.
Sonrió melancólicamente y dejó la fotografía encima de su cama. Comenzó a temblar, el nudo en la garganta comenzó a crecer y de sus ojos comenzaron a caer lágrimas. Se había sentido de esta manera durante dos meses, perdido, sin salida. La única persona que lo hacía feliz se había ido para nunca más volver. Deseaba cuanto antes que todo este sentimiento se acabara o por lo menos, encontrar la manera de escaparse de esto por un rato.
¿Cómo puedo vivir sin lo que amo?
El tiempo sigue pasando, las hojas del libro se queman.
Lugar y fecha siempre en mi mente
Tengo tanto que decir, pero estás tan lejos.
Bajó su mirada hacia la caja nuevamente, y pudo divisar una pequeña bolsita de plástico. La tomó entre sus manos y un escalofrío lo sacudió inmediatamente. A su mente volvieron viejos recuerdos de hace algunos años cuando había dejado la droga hacía poco, y caía constantemente en la tentación de drogarse nuevamente. En esos momentos de su rehabilitación Lindsey había estado allí para ayudarlo a levantarse, pero... ¿quién va a estar con él ahora? Nadie.
Planes de lo que en nuestro futuro celebra.
Tontamente mentiras de envejecer.
Parece que somos tan invencibles...
La verdad es tan fría.
Intentó recordar de cuando era esa bolsita de cocaína, pero no pudo, seguramente Lindsey la trató de guardar cuando tuvo una de sus recaídas. Pero, ¿por qué tuvo que encontrarla justo hoy? ¿Qué acaso es alguna señal del destino? Nunca creyó en las casualidades pero tal vez esta decisión era por algo. Sus manos comenzaron a sudar y lamentablemente a su mente también recurrieron los recuerdos de lo bien que se sentía estar drogado. De como te olvidabas de los problemas, de como te sentías en el Nirvana. Un orgasmo extendido por varios minutos, mucho mejor que el sexo.
Una canción final, una última petición.
Un capítulo perfecto enterrado.
De vez en cuando trato de encontrar un lugar en mi mente.
Abrió la pequeña bolsita y vació su contenido sobre su mesa de luz. Lágrimas comenzaron a trazar huellas por sus mejillas mientras que sus recuerdo seguían apoderándose de él, pero esta vez eran sobre Lindsey, sobre su vida con ella y los hermosos momentos que habían compartido.
Y que nunca volverían.
Te amo.
Estabas lista.
El dolor es lo suficientemente fuerte.
Pero te veré,
Cuando él me deje.
Tu dolor se ha ido, tus manos estan atadas.
Quería quitarse este dolor aunque sea por unos instantes, saber que era volver a sentirse bien. Con un pedazo de papel ordenó una hilera y comenzó a aspirar sintiendo como ese polvo le hacía picar la nariz. Se irguió inspirando profundamente y se recostó en su cama. Sentía como una inmovilidad y un frío recorría su cara. Euforia y un sentimiento de alegría inexplicable lo embargaron. No recordaba a Lindsey, no recordaba el dolor ni la soledad. Simplemente, se sentía flotando.
Tan lejos.
Y necesito que sepas.
Tan lejos y te necesito para que sepas...

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