начало
I
17 de Julio de 1918. Ekaterimburgo, Rusia. 20:30 p.m.
El lugar donde me encontraba se movía y me di cuenta que iba en un ¿carruaje? Lo último que recordaba era estar en mi cama descansando. Miré por la ventanilla y vi el Palacio de Invierno de Moscú envuelto en llamas, algo muy extraño ya que no nos encontrábamos allí en estos momentos. Habíamos sido trasladados a Ekaterimburgo, una pequeña ciudad en el centro de la Rusia Europea. Lo único que sentí en ese momento fue miedo e incertidumbre. ¿Mi familia? ¡¿Donde está mi familia?! El corazón comenzó a latirme a mil por hora y respiraba fuertemente, el aire no parecía entrar por mis pulmones. Dirigí la vista hacia el frente y distinguí a mi hermano Alexei sentado, mirando hacia la nada. Me acerqué a él, tomándolo fuertemente de los brazos, moviéndolo histéricamente.
- ¡Alex! ¿y papá? ¿y mamá? ¿Dónde están todos? ¡Contéstame por favor!
Sus mejillas comenzaron a mojarse con lágrimas, y sus profundos ojos azules me miraron.
- Todos están muertos Nastia, todos. – Susurró abrazándome.
***
Me hubiera reconfortado el hecho de que tan solo fue un sueño, pero cuando sueñas lo mismo durante dos semanas seguidas, es preocupante.
Quería pensar que todo se iba a solucionar pronto y que íbamos a volver a ser la familia feliz y unida que siempre habíamos sido.
Pero lamentablemente no todo lo que deseamos se hace realidad.
Esa noche lo único que quería era llorar en los brazos de mi madre, que me dijera que todo iba a estar bien, que no nos íbamos a separar….
- Anastasia, ¿estás bien? – Preguntó mi hermana María, mirándome extrañada.
Sin darme cuenta me había quedado mirando a la nada y una lágrima corría por mi mejilla. La sequé rápidamente e intenté componer una sonrisa, pero fallé en el intento.
- Estoy perfecta.
- ¿Te despiertas a mitad de la noche gritando ‘¡Alexei! ¡Alexei!’ a punto de tener un ataque y me dices que estás bien? Hace días que estás rara, dime que te sucede.
- Estoy preocupada por el reino María, tengo miedo de que no lo recuperemos. – Mentí, me trataría de loca si le digo el porqué estaba llorando.
- Tonta. – Sonrió ella. – Papá sabe manejar todo esto. Siempre hemos podido salir adelante ¿por qué ahora no?
Sonreí, tratando de convencerla pero estaba segura que esta vez no íbamos a poder salir. Desde que era niña había tenido este tipo de visiones y nunca me fallaban, pero no quería advertirles a mis padres de lo que había visto por el hecho de que me trataran de loca.
Nuestro reino en estos momentos estaba pasando por una guerra civil. Los bolcheviques contra el gobierno de mi padre, pidiendo que se instaurara una república liberal. Tengo que aceptar que mi padre, Zar de Rusia tuvo algunos problemas con el país. Todos decían que su gobierno es muy frágil, pero ha sido la dura etapa que le tocó dirigir. El pueblo odiaba la dictadura zarista, además de las bajas que sufrimos durante la Primera Guerra Mundial y la crisis económica por la que cruzaba el imperio en estos momentos tampoco ayudaba mucho a que cambien ese concepto que tenían de él.
Nuestra nana Alejandra irrumpió de repente en la habitación. Su cara reflejaba el miedo y la desesperación, y mi corazón se paró por unos segundos.
- Majestades, deben cambiarse. Vamos a trasladarlas a otro lugar más seguro.
María y yo intercambiamos nuestras miradas por última vez. Esta era la despedida. Un soldado vestido de rojo la tomó del brazo y la llevó. Alejandra le dijo algo y ambos me observaron. Ella me tomó de la mano y me llevó a través del amplio pasillo.
La imagen que va a quedar grabada por el resto de mi vida en mis pupilas va a ser mi familia, todos abrazados a un costado, con mi madre mirándome y diciéndome ‘te amo’. Quería ir con ellos, no me importaba si moría ahí mismo o no, si vivía, sería horrible hacerlo sin mi familia.
Alejandra me dirigió hacia el patio trasero, donde un soldado bolchevique y un carruaje esperaban. Antes de subir ella me dijo:
- Escucha muy bien esto. Este soldado, es alguien de confianza. No los va a lastimar ni nada, por eso tienen que hacer todo lo que él les diga. Tienen que ir a esta dirección, ellos les dirán que hacer. – Me entregó un papel con una dirección en Moscú. – Cuídense, y los veré pronto.
Se comenzaron a escuchar ruidos extraños en el palacio, y el carruaje comenzó a andar. Comencé a llorar, sin más mientras un gran nudo en la garganta se formaba y no me dejaba respirar. Mi hermano Alexei también estaba allí, y me abrazó fuertemente mientras trataba de tranquilizarse.
- Todos están muertos Nastia, todos.
Mis visiones nunca fallan.
Alejandra me dirigió hacia el patio trasero, donde un soldado bolchevique y un carruaje esperaban. Antes de subir ella me dijo:
- Escucha muy bien esto. Este soldado, es alguien de confianza. No los va a lastimar ni nada, por eso tienen que hacer todo lo que él les diga. Tienen que ir a esta dirección, ellos les dirán que hacer. – Me entregó un papel con una dirección en Moscú. – Cuídense, y los veré pronto.
Se comenzaron a escuchar ruidos extraños en el palacio, y el carruaje comenzó a andar. Comencé a llorar, sin más mientras un gran nudo en la garganta se formaba y no me dejaba respirar. Mi hermano Alexei también estaba allí, y me abrazó fuertemente mientras trataba de tranquilizarse.
- Todos están muertos Nastia, todos.
Mis visiones nunca fallan.

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