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V. Tecera Parte: So let's go somewhere no-one else can see, you and me.

Samantha Waldorf miércoles, 23 de noviembre de 2011
V

Tercera Parte

- ¿No me dirás a donde me llevas? Esto podría considerarse un secuestro. 

Los Hamptons habían quedado bastante detrás, mientras avanzaban por la carretera. Sam observaba de reojo el velocímetro del auto, iban a más de 140 km/hora pero el nuevo modelo de Audi que poseía Gerard hacía parecer que fueran levitando. 

- No te voy a amarrar, no voy a pedir plata por tu rescate, tu padre sabe que estás conmigo y no me voy a aprovechar de ti… a menos que tú quieras. Así que técnicamente no es un secuestro. – Sam lo golpeó juguetonamente en el brazo. – Oye, es broma. No te puedo decir donde vamos, es sorpresa. 
- Odio las sorpresas, ¿sabes? Me recuerda a la fiesta “sorpresa” que organizó mi padre cuando cumplí 8 años. Terminé en el lago de la estancia ahogándome. - Gerard quitó la mirada de la carretera y la observó extrañada. – Mejor ni preguntes, son ese tipo de momentos bochornosos de mi vida que quisiera borrar. Por lo menos dime que no voy a terminar en un lago. 
- No terminas en un lago… a menos que tú quieras. – Sonrió Gerard volviendo su mirada la carretera. 
- ¿Puedes dejar de hacer ese chiste? Ya no es gracioso.
- Ok, lo siento. Veo que tienes un carácter… fuerte. 
- Lo siento. – Sam rió. – Es que a veces digo las cosas y suenan como si estuviera enojada, pero no lo estoy. 
- Por eso te invité, me gustaría conocerte más. Me pareces alguien muy interesante. 

Sam sonrió. Si se refería a conocerla más físicamente, estaba abierta a toda oportunidad. Pero en cuanto a lo otro, dudaba en dejar entrar a su mente a cualquier desconocido. 

- Pienso lo mismo Gerard. 
- ¿Qué tal si jugamos a las 20 preguntas?
- ¿20 preguntas? – Preguntó Sam enarcando una ceja. - ¿No crees que estás un poco grande para eso?
- No hay que perder a nuestro niño interior. – Gerard le dedicó una sonrisa. Los faroles de los autos que pasaban a su lado iluminaban su perfil perfectamente enmarcando, dándole un aspecto más atractivo. Si eso era posible. – Empiezo. ¿Color favorito?
- Turquesa. ¿El tuyo?
- Rojo. ¿Banda favorita?
- The Smiths. – Gerard la observó extrañado. - ¿Qué? Tal vez parezca una Barbie plástica pero no lo soy. 
- La mía es Iron Maiden. – Contestó riendo. - ¿Película favorita?
- Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. A veces me gustaría que me lavaran el cerebro igual que como hicieron con Clementine. 
- Wow, profundo. 
- Ya lo dije, el hecho de que parezca una Barbie plástica no quiere decir que lo sea. Las apariencias engañan. 
- Estoy completamente de acuerdo. En este mundo debemos protegernos con las apariencias. – Contestó Gerard. - ¿Por cual pregunta vamos? 
- Por la tres. 
- Ok. ¿Tienes novio? – Sam lo observó arqueando una ceja. 
- ¿Soy yo o tengo la sensación de que estás flirteando conmigo?
- Eres tú, seguramente. Jamás flirtearía con una niña de 17 años, tengo valores que mantener. – Gerard le dedicó una sonrisa de costado que la dejó sin aire. 
- Puedo notar cierto sarcasmo en tu voz pero voy a ignorarlo y contestar tu pregunta. Si, tengo novio, se llama Frank Iero y es el cantante de Leathermouth. 
- ¿El cantante de Leathermouth canta? – Preguntó él frunciendo el ceño. – Lo siento, no quiero ofender pero el año pasado fui a uno de sus conciertos y el tipo se sacó la garganta… gritando. 
- No dudes de los talentos de mi novio Gerard. – Contestó Sam riendo, pero debía aceptar que tenía razón. - ¿Qué hay de ti? 
- No, estoy soltero. No he encontrado a alguien que me vuele la cabeza, pero cuando la encuentre, te aseguro que no la dejaré escapar. 
- Ok, me toca hacer preguntas a mí. ¿Cumpleaños?

Finalmente llegaron a Nueva York, el viaje fue ameno y agradable, en el que luego de la ronda de 20 preguntas, Gerard le contó miles de anécdotas de su adolescencia. 

- Entonces me desperté y estaba en medio del Central Park… ¡VESTIDO DE OSO! – Sam se doblaba de la risa en su asiento. – Oye, no es gracioso. Todavía no recuerdo nada de lo que sucedió esa noche. 
- Es tan trágico que parece gracioso. – Espetó ella secándose lágrimas provocadas por la risa. Gerard se quedó observándola con una sonrisa. - ¿Qué?
- Nada, me recuerdas mucho a mí cuando era adolescente. 
- ¿Por la parte lo alcohólica?
- No, porque eres fresca, despreocupada y divertida. – Sam se sonrojó pero la ausencia de luz lo ocultó. Odiaba lo pequeña que la hacía sentir. 
- Gerard, nos llevamos sólo 5 años, no eres tan viejo. 
- Lo sé, pero cambié tanto en estos años que ya ni me reconozco. – Él volvió su vista a la carretera suspirando y su boca formó una línea recta. 
- Supongo que a todos nos llega el momento de madurar. – Acotó Sam. – Pero oye, prométeme algo. 
- Claro. ¿Qué cosa?
- Esta noche los dos seremos dos adolescentes de 17 años. No sé a donde me llevas pero quiero conocer al fresco, despreocupado y divertido Gerard Way. No quiero decir que éste no lo sea. – Sam le tendió su mano a Gerard y él lo tomó con una sonrisa. - ¿Prometido?
- Prometido. Pero tú prométeme una cosa. 
- ¿Qué? – Preguntó Sam. 
- Nunca cambies. 
- Prometido. – Sam sonrió y se dedicó a observar por la ventana. 

Las calles sin nombre iban pasando a su lado a la vez que se adentraban en Brooklyn. Cuando Gerard estacionó el auto se encontraban en un barrio bastante peligroso, donde la mayoría de los locales estaban cerrados y sus ventanas tapadas con tablas de madera. 

- Gerard, no creo que deberías dejar el auto aquí. – Sugirió Sam con preocupación. Un Audi último modelo estacionado fuera de ese lugar era como dejar una bolsa de chocolates en una habitación llena de personas a dieta.
- No te preocupes, no sucederá nada. – Contestó Gerard bajando del auto. 

Frente a ellos se encontraba un bar que a simple vista parecía un antro de mala muerte y que en letras de neón decía “Gloria’s”. Gerard tomó la mano de Sam, sorprendiéndola con el gesto y ambos entraron por la puerta. 

El ambiente del interior no era menos oscuro que su exterior. Apenas se podía ver por el humo de cigarrillo que flotaba en el aire. Varios hombres tomaban cerveza jugando al pool mientras que algunas mujeres de cuarenta años hacían el ridículo con el karaoke que estaba al final de la sala. Se dirigieron a la barra, donde una mujer delgada, de tez oscura y aproximadamente de unos cuarenta años estaba secando unos vasos. 

- Hey Gloria. – La saludó Gerard sentándose en uno de los taburetes. 
- Hola guapo. – Sonrió y luego dirigió su vista a Sam. – Veo que has traído compañía esta vez. 
- Sam, ella es Gloria. Gloria, ella es Samantha, una amiga. – Sam sonrió amigablemente a Gloria, quien le devolvió el gesto. 
- Me alegro que estés con chicas tan lindas, deben estar a tu altura. – Comentó ella con una sonrisa. - ¿Lo mismo de siempre Gerard?
- Lo mismo de siempre. 
- ¿Y la señorita que va a tomar? – Preguntó Gloria observando a Sam. 
- Agua, gracias. – Contestó antes de que Gerard pidiera por ella. Gloria se alejó para buscar las bebidas y él se dirigió a ella. 
- ¿Te secuestro de tu padre por un rato así nos divertimos y pides agua?
- Primero, acabas de aceptar que esto es un secuestro, no estaba tan errada; segundo, aún tengo las fiestas del Country Club y los martes por la noche mientras juego a los Sims para emborracharme y tercero, quiero estar cuerda para ver al Gerard de 17 años. – Gerard sonrió al mismo tiempo que Gloria traía sus pedidos. Tomó un trago de su vaso antes de volver a hablar. 
- Tengo curiosidad por saber que haces con tus Sims borracha. 
- Digamos que tengo un instinto asesino que dejo salir a flote en esos momentos. 
- Está bien, no preguntaré más. Tengo miedo de que apliques conmigo lo que haces con tus Sims. 

Sam rió y observó a su alrededor. Todas las miradas masculinas estaban volcadas en su dirección. 

- ¿Sabes? La próxima vez que salga contigo tendré que ponerme la ropa de 50 Cent. Siento que me están violando con la mirada.
- Es que no suelen tener a alguien tan linda como tú rondando por estos lados. – Sonrió tomando un poco más de su trago. – Las primeras veces que vine aquí me observaban de la misma forma, y es mucho más terrorífico dado que yo soy hombre. 
- ¿Osea que nuestro encanto de Los Hamptons no encaja con la barbarie de Brooklyn? – Preguntó Sam ignorando el cumplido de Gerard. 
- En realidad si encajan, y mucho más de lo que te imaginas. ¿Sabes por qué me gusta venir aquí? Porque nadie sabe quienes somos. Tú no eres Samantha Waldorf, yo no soy Gerard Way. Sólo somos dos extraños tratando de divertirse. Es por eso que te traje aquí, supuse que te gustaría escapar de los paparazzis por una noche. 
- No tienes idea de cuanto te lo agradezco. – Sonrió Sam. Como si fuera en una caricatura un foco se encendió encima de su cabeza. - ¿Nadie sabe quienes somos, verdad?
- Nadie.
- ¿Seguro?
- Absolutamente. 
- Entonces toma mi cartera Gerard, quiero patearle el trasero a esa imitación de Courtney Love que se cree Britney. 

Sin decir más, Sam se dirigió a una mujer de unos 30 años que estaba cantando en el karaoke. Gerard moría de la risa viendo como ella peleaba con la mujer por el micrófono. 

- La chica tiene agallas ¿verdad? – Le preguntó Gloria mientras secaba unos vasos. 
- Ni que lo digas. 

Sam cantó canciones como “Living on a Prayer” o “I Love Rock&Roll”. Se soltaba en el escenario, ganándose miradas de tanto hombres como mujeres que se habían acercado para escuchar el mini concierto. 

- Prometo que este será mi último tema, pero quiero que para esta canción me acompañe un amigo. – Dijo Sam a través del micrófono y la gente comenzó a gritar. – Gerard, ¡ven aquí!

Gerard sintió como todas las miradas del bar se dirigieron a él. Definitivamente ella se había tomado muy en serio el tema de “nadie sabe quienes somos”. Se levantó tímidamente del asiento matándola con la mirada. 


- ¿Qué vamos a cantar? – Le preguntó Gerard. – Sabes que pagarás muy caro esto ¿no?
- No me sé la letra. – Alegó Gerard cruzando sus brazos. Ella no pudo evitar observarlos y notar que las venas se notaban debajo de su piel blanca. 
- Mentiroso, lo tienes como ringtone. – Espetó Sam. – Vamos Way, no seas gallina. 

Gerard la observó por unos segundos antes de acercarse a su oído y susurrar.

- No debiste decir “gallina” y “Way” en la misma oración.

El riff del comienzo de la canción comenzó a sonar y Gerard tomó el micrófono. Samantha se asombró por su voz, cantaba muy bien. 

Gerard


Not gonna be the one to stay inside alone
Not gonna be the one to sit there by the phone
We've got a reputation, we'll shake it off someday
Not gonna be the ones to turn and walk away


Ambos


No reservations
No hesitations
No bad reactions
Just celebrations

We don't need money to have a good time
C'mon c'mon c'mon c'mon
Forget our worries and do what we like
C'mon c'mon c'mon c'mon

Not gonna be the ones just talking to ourselves
Not gonna be the ones just sitting on the shelf
We got no education but we find a way
Not gonna be the ones to try and walk today

No reservations
No hesitations
No bad reactions
Just celebrations

We don't need money to have a good time
C'mon c'mon c'mon c'mon
Forget our worries and do what we like
C'mon c'mon c'mon c'mon



Sam lo empujó con su cadera y se adelantó para estar justo al frente del escenario.


Sam


Not gonna be the fools who don't know who they are
Not gonna be the fools who just say blah blah blah
We got a reputation, I ain't gonna play
Or will you be the ones to turn and walk away

No reservations
No hesitations
No bad reactions
Just celebrations


La gente lo estaba pasando muy bien, observaron como todos estaban bailando. Gloria desde la barra gritó “¡Vamos Sam, mueve ese trasero!” Sam sonrió observando como Gerard cantaba sin timidez, como si desde el primer momento él hubiera sido el dueño del escenario. Cantaron, bailaron y gritaron hasta que la canción llegó a su fin. 

Ambos


We don't need money to have a good time
C'mon c'mon c'mon c'mon
Forget our worries and do what we like
C'mon c'mon c'mon c'mon
When we were younger we had our hunger
C'mon c'mon c'mon c'mon
We don't need money to have a good time
C'mon c'mon c'mon c'mon




- Eso. Fue. ¡GRANDIOSO! – Sam se abanicó con su mano mientras bajaban del escenario. Ambos recibieron varias felicitaciones de algunas personas. 
- Ni que lo digas, ahora ya sabes que no soy una gallina. 
- ¿Te molestaría si te digo gallina una vez más? Quiero jugar a los dardos. Claro que si te atreves… gallina. – Sam sonrió dirigiéndose hacia uno de los blancos. 
- Lamentarás haber dicho eso. – Gritó Gerard. 


***


- En tu cara Way, ¿qué se siente haber sido aplastado por una chica? – Sam festejaba bailando alrededor de Gerard. Habían estado cerca de una hora jugando y Gerard perdió por varios puntos. 
- Me gustaría pedirte la revancha pero temo que ya deberíamos irnos. – Contestó Gerard observando su reloj. – Nos queda un largo viaje por delante. 

Sam salió del bar con desilusión, había pasado una muy buena noche y no quería que se acabara. Se abrochó el cinturón cuando subió al auto y poco a poco, el sueño la fue venciendo sin que ella pudiera oponerse. 

- Sam, despierta. – Susurró Gerard moviéndola un poco. 

Observó por la ventana sobresaltada y notó que ya estaban en su casa. 

- ¡Que buena noche! – Exclamó frotándose los ojos. 
- Estoy de acuerdo. – Asintió Gerard. – Deberíamos repetirlo más seguido. 
- Cuando la rutina te abrume y quieras escapar, llámame. Siempre tendremos Gloria’s. 
- Puede ser como nuestro pequeño escondite. 
- Me parece una muy buena idea. – Sonrió Sam. – Gracias por esta noche, Gerard, de verdad. Ni saliendo con mis amigos me divertí tanto como anoche. 
- De nada, y ya sabes… siempre tendremos a Gloria’s. – Sam sonrió y besó la mejilla de Gerard antes de bajar del auto. Gerard bajó la ventanilla y gritó por ella. – ¡No olvides que el jueves tenemos clases de polo!
- ¿Cómo olvidarlo? Te veré el jueves entonces. 

Gerard le dedicó una sonrisa perfecta antes de arrancar su auto. Ella rápidamente entró a su casa y subió las escaleras. Necesitaba una cama y pensar sobre la noche que había pasado con el mayor de los Way. Podía decir con seguridad que había sido una de las mejores de su vida. 



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