V
El sábado a la mañana fue un total desperdicio. La cabeza le dolía demasiado por lo mucho que había bebido la noche anterior así que se pasó la mayor parte del día en cama. Cuando bajó al living su hermano la eludió durante el resto de la jornada para evitar el sermón que le daría por haber salido la noche anterior. Entonces, cuando divisaba a Hannah se colocaba los auriculares y ponía Slipknot al máximo volumen para evitar escuchar su voz chillona decir: “Frankie, quiero hablar contigo”
Hannah dejaría eso para el domingo a la noche cuando cenaran en la casa de los Way. Hasta ese momento, disfrutaría de la relajación que produce el fin de semana, de salir con Alex y comer hasta reventar. Pero todo lo bueno acaba y de pronto se encontró frente a la puerta de los Way con una tarta de ciruela que había hecho su madre. A su lado Frank se movía nervioso e ignoraba su presencia como si ella no existiera. La puerta fue abierta por una sonriente Donna que los invitó a pasar.
Hannah se adentró en la vivienda que ya conocía de memoria. Entró al comedor donde ya se encontraban sentados los hermanos Way y Donald, y dejó la torta encima de la mesa. Echó un vistazo a Gerard, quien tenía su mirada sobre ella. Todos tomaron su lugar en la mesa. Hubo una charla amena entre los adultos pero entre los menores era algo totalmente distinto. Frank escondía su cara en el plato al comer mientras que Gerard y Hannah se lanzaban miradas de odio. Mikey sólo reía por lo ridícula que le parecía la situación.
La cena terminó. Hannah se quitó la servilleta que tenía sobre sus piernas, se limpió los costados de la boca y con una voz extremadamente dulce habló:
—Frank, Gerard, ¿puedo hablar con ustedes a solas?
Los adultos observaron con extrañeza como Gerard asentía con una mirada de odio impregnada en sus ojos y como Frank observaba al cielo pidiendo salvación. Los tres se dirigieron al patio trasero en silencio. Hannah iba detrás de ellos y sólo esperó a cerrar la puerta para lanzar la primera maldición.
—¿Me puedes explicar que rayos estabas pensando cuando le diste alcohol a mi hermanito?
—¡Oye! – Gritó Frank. Su voz en pleno cambio a veces alcanzaba tonos demasiados agudos cuando gritaba. - ¡”Tu hermanito” tiene ya 15 años!
—Pero sigues siendo mi hermanito. – Dijo ella apretando su mejilla. – Y no dejaré que un idiota descarriado te lleve por mal camino.
Gerard sólo rodó los ojos cuando escuchó que lo había llamado “idiota descarriado” y Frank bufó por lo bajo. Sabía que su hermana lo amaba, pero a veces podía ser demasiado pesada.
—Hannah, estás exagerando. – Dijo Gerard en un tono monótono.
—¿Yo? ¿Exagerando? Perdóname Arthur, pero no fue muy agradable encontrar a Frankie en esas condiciones.
—¡Frank! ¡Mi nombre es Frank! – Gritó nuevamente con los brazos elevados. Estaba harto de que su hermana lo trate como un niño pequeño.
—Y a mi no me llames Arthur, Violet.
Gerard le mostró una sonrisa sarcástica, sabía que había pegado en su punto débil al llamarla por su tan odiado segundo nombre. Hannah se hizo hacia atrás e indignada maldijo.
—¿Cómo te atreves? Por lo menos mi primer nombre es mucho más actual que el tuyo, Gerard Arthur.
Frank suspiró de alivio por dentro, agradecido que la conversación se había desviado. Ahora ambos discutían fervientemente por cual de los dos tenía el nombre más pasado de moda.
—¡Basta! – exclamó su hermana. – Terminemos esto de una vez por toda antes de que te mate. Frank Anthony Thomas, le diré a mamá que Gerard te emborrachó.
—¿Qué? – Gritaron ambos observándola pasmados.
—Si le acusas a mamá yo le diré a papá que su hijita preferida metió a su novio en la alcoba anoche.
Gerard y Hannah observaron sorprendidos al pequeño Frank, que había enterrado el miedo que sentía y que ahora se enfrentaba a su hermana mayor. Si ella le decía eso a su madre, no lo dejaría ni comprar goma de mascar a la esquina.
—¿Qué? ¿Cómo sabes eso?
—Tu habitación está junto a la mía y es traumatizante escuchar a tu hermana hacer… cosas. – Frank hizo una mueca de asco y Hannah se sonrojó notablemente.
—¡Así se hace Frank! - Gerard animó al pequeño Iero por el chantaje que le estaba haciendo a su hermana.
—Está bien. – Aceptó Hannah. – Ninguno de los dos dice nada pero la próxima vez que te encuentre bebiendo con este bastardo le digo a mamá.
Hannah salió por la puerta con la barbilla en alto, sin dejar ver que había sido derrotada por su hermanito pero sin antes gritar:
—¡Y no me olvidé de lo de Ashley, Arthur!
***
El maldito insomnio no la dejó dormir en casi toda la noche otra vez, así que al otro día sería una zombie con vida. Como pudo arregló su cabello y cubrió sus ojeras con maquillaje, aunque las grandes bolsas debajo de sus ojos fueron imposibles de tapar. A grandes zancadas entró al colegio y lo primero que divisó fue al equipo de porristas.
—¿Qué le sucedió a tu cara Hannah? - Exclamó Chloe cuando Hannah se reunió con ellas. Ese día no había entrenamiento por lo que podía largarse a su casa temprano, pero era algo crucial que todas ellas fueran vistas juntas. Eso representaba la “unión” de un equipo en el que en realidad reinaba la envidia y la vanidad.
—No dormí bien anoche. – Contestó simplemente sin ánimos de lanzarle un comentario sarcástico.
En el grupo de porristas abundaban la falsedad, todas eran “mejores amigas” pero a la hora de demostrar quien era la mejor todas harían lo imposible para destruir a la otra. Ashley Canson era el ejemplo perfecto de lo que significaba la falsedad. En esos momentos se estaba riendo disimuladamente de la mala apariencia de Hannah. Quiso golpearle la cara, pero recordó que debía descubrir que sucedía entre ella y Gerard así que sólo sonrió.
—Oh Ashley, antes de que lo olvide. Tienes una espinaca en el diente. Sería genial si te los lavaras antes de dormir.
Ashley dirigió su dedo hacia su incisivo derecho donde efectivamente, tenía una espinaca. Hannah le regaló una última sonrisa y tomó a Brittany de la mano para que la siguiera.
—¿Me puedes explicar que fue eso? - Demandó mientras dejaban al grupo de porristas detrás.
—¿Qué cosa? - El sueño la hacía pensar lentamente.
—Eso. Lo de Ashley.
—Ah, eso. Ashley me cae mal, es hipócrita.
—¿Segura que es por eso? - Preguntó Brittany alzando una ceja.
—Claro, ¿por qué otra razón debería caerme mal?
—No lo sé, tal vez porque estás celosa. – Brittany rió intentando hacer una broma pero su amiga se mantuvo seria.
—¿Celosa? B, son las 8 de la mañana, anoche no dormí bien, así que háblame claro. Siento que me perdí de algo.
—Dicen que Ashley y Gerard están juntos secretamente.
Hannah pegó un saltito y aplaudió exageradamente. Estaba feliz porque eso probaba que tenía razón, pero se sintió estúpida al no haberle preguntado a Brittany antes. Ella era la reina de los cotilleos, estaba presente en el momento y tiempo exacto y siempre se enteraba de todo antes que nadie.
—No entiendo porqué estás feliz. – Contestó ella extrañada. – Pensé que cuando te enteraras los insultarías y dirías que son unos idiotas.
—Son unos idiotas, de eso no hay dudas. Pero yo sospechaba de que había algo entre ellos. Ayer la demente de Ashley me persiguió para hablar conmigo de algo, pero Gerard no quería que hablara con ella. Ahora todo tiene sentido.
—¿Qué cosa tiene sentido? Me perdí Han. – Ashley frunció el ceño observando como su amiga divagaba en su mente.
—En realidad no, ¡nada tiene sentido! ¿Cómo puede engañar a Spencer con Gerard? ¡Es algo ilógico! - Exclamó Hannah pero Brittany se quedó callada. - ¿Tengo razón o no B?
—Si lo piensas bien... Gerard no está tan mal. Tal vez no es un orangután como los deportistas pero tiene buen cuerpo, lindos ojos, buen cutis. Envidio su nariz, es muy perfecta. Y no sé, tiene esa aura misteriosa de chico malo... - Brittany se calló cuando notó que Hannah no estaba más a su lado.
Había parado su marcha una vez más, y exclamó un inmenso ¿QUÉ? Que hizo dar la vuelta a varios alumnos que pasaban por su lado.
—¿Estás bien? Te caíste de la cama cuando naciste, ¿verdad? - Hannah tocó el rostro de su amiga con desesperación exagerada a lo que Brittany rodó los ojos. - ¿Estás demente? ¿Cómo puedes considerar atractivo a Gerard Way? Atractivo es Colin Firth, Chris Evans o Christian Bale, ¡NO GERARD WAY!
—Tú lo ves de esa manera porque lo conoces desde que era un gordito molesto, pero, los chicos crecen, los gorditos adelgazan y ahora tiene ese extraño sex appeal.
—Tus palabras parecen no venir de ti, ¿no estarás pasando mucho tiempo con Chloe, verdad?
—Sólo soy sincera Han, Gerard Way es hot. Pero siento que nos estamos perdiendo algo. - Brittany frunció el ceño como pensando las palabras que diría a continuación.
—No entiendo. ¿Sabes que odio cuando hablas en código? Esta mañana sólo me funciona una neurona y tú hablas crípticamente. - Suspiró Hannah frustrada.
—Cuando en el equipo de porristas se corrió el rumor, esperaba otra reacción...
—¿Y...?
—Osea, pensé que iban a tratar a Ashley como una escoria social pero, sentí que casi le tenían ¿envidia?
—¿Envidia porque estaba saliendo con Gerard Way? - Brittany asintió. - Esto debe ser una broma. O nosotras vivimos en una burbuja y no nos enteramos que Way ahora es el sex symbol del instituto o tenemos el síndrome de Donnie Darko. Espero que no empecemos a ver conejos gigantes que nos digan que faltan 30 días para el fin del mundo.
—Voto por la primera. Hasta Chloe lanzó un comentario de “quien sabe por cuanto tiempo lo tendrá” y todas las demás asintieron. Me siento perdida. - Dijo Brittany frunciendo el ceño.
—Hoy voy a su casa a estudiar, le preguntaré allí. – Contestó Hannah frunciendo el ceño.
¿Desde cuando Gerard se había convertido en el sex symbol de la preparatoria?
***
Eran ya las cuatro de la tarde y habían pasado casi todo el día estudiando. La cama de Gerard de pronto comenzó a sentirse mullida y cómoda debajo del cuerpo de Hannah, su figura se amoldaba perfectamente al colchón y se fue recostando un poco más. De repente la voz de Gerard que hablaba de potencias de números imaginarios comenzó a sentirse cada vez más lejana.
—¡HANNAH! - Un grito en su oído la hizo sobresaltar y miró de mala manera a Gerard quien reía a su lado.
—Idiota, me dormí.
—Lo noté. - Gerard rodó los ojos. - ¿Escuchaste algo de lo que te dije?
—Si, hablaste sobre las potencias de números imaginarios.
—Exacto. ¿Escuchaste como se hacía la operación? - Hannah lo observó con una mirada desorientada y Gerard suspiró. - Lo supuse.
Se desperezó en la cama y se recostó en ella estirando sus piernas. Observó como Gerard se levantaba a guardar los libros en su escritorio. Era ahora o nunca.
—¿Qué tal si tomamos un descanso y hablamos de nuestra vida? – Él se dio mediavuelta y la contempló con el ceño fruncido.
—¿Tú? ¿Saber de mi vida?
—Si, nos conocemos hace catorce años y hay cosas que aún no sé de ti. - Ella sonrió angelicalmente. - ¿Cuál es tu color favorito?
—Rojo. - contestó sentándose en la cama junto a ella, quien estaba acostada, con la misma mueca de confusión. - Realmente aprecio tu intento de conocerme pero, ¿qué es lo que realmente quieres saber?
—¿Te acostaste con Ashley Canson? - Preguntó Hannah sin rodeos.
—No.
—Mientes.
—¿De donde salió el rumor?
—Está rondando en el equipo de porristas.
—Spencer no sabe, ¿verdad?
—No, porque sino estarías a tres metros bajo tierra. Entonces ¿es verdad? - Gerard no contestó. - El que calla otorga. ¿Por qué nunca me entero de nada?
—Porque estás tan metida observándote el ombligo que probablemente caiga un avión a tu lado y tu ni te enteres.
—Gracias por el cumplido, gusano. - Contestó Hannah y luego aplaudió con una mueca infantil. - Esto es oro, ¡quiero detalles!
—¿Quieres saber como me hizo sexo oral? - Contestó Gerard con el ceño fruncido. A veces le asustaban los cambios de actitud de ella.
—No idiota, ese tipo de detalles guárdatelo para tu sucia mente. Detalles en el lenguaje de las mujeres significa cómo se conocieron, como llegaron a eso. Detalles. - Explicó moviendo sus manos eufóricamente.
—Intentamos salir hace un año pero la dejé porque es un dolor en el trasero, casi como tú, pero por lo menos ella lo compensa con el sexo. El viernes pasado nos acostamos nuevamente y acá estoy, siendo acosado por una porrista.
—Wow, profundo. - Se burló Hannah con los ojos entrecerrados. - Gerard Way, el antisocial del colegio, siendo acosado por la insoportable de Ashley Canson. Harían buena pareja, los dos son igual de idiotas.
—No es la primera vez que me pasa. - Contestó encogiendo los hombros.
—¿Te acostaste con otras porristas?
—Si. ¿Quieres la lista? - La quijada de Hannah casi toca el piso.
—¿Alexis Jones?
—Si.
—¿Sam Wells?
—Si.
—¿Jessica Halford?
—Si.
—¿Angelica Tedder?
—No, sólo sexo oral.
—Ugh, no quiero saber que hicieron. Sólo di que si o no. ¿Kate Higgins?
—Sólo nos besamos, aunque besa horrible.
—¿Brittany?
—No. - Contestó Gerard con seguridad y por dentro Hannah suspiró del alivio.
—¿Chloe?
—Tampoco.
—¿Osea que yo, Brittany y Chloe fuimos las únicas con las que nunca sucedió nada?
—Buena conclusión Sherlock. - Se burló Gerard.
—Wow. - Hannah aún estaba en shock, Brittany tenía razón, había algo que se estaban perdiendo.
—¿En serio nunca supiste? Soy como la “puta” del equipo de porristas, pensé que entre ustedes hablaban de mí.
—No. Por lo menos nunca la frente de Brittany y de mí. - Hannah frunció el entrecejo y observó a Gerard de arriba a abajo. - ¿Cómo es que se acuestan contigo? ¡Eres un mediocre intento de metalero frustrado!
—Tengo mis encantos. - Gerard alzó sus cejas repetidamente y luego dirigió su mirada hacia su entrepierna.
—Ugh, ¡eres un cerdo! - Hannah lo empujó y casi lo tiró de la cama.
—Tú preguntaste, yo te di respuestas cariño. Ahora quiero saber de tu vida sexual, ¿con cuantos tipos estuviste? ¿Con 15?
Por alguna razón esa pregunta le molestó, no quería que nadie la tuviera como una cualquiera. Aunque ya a esta altura, debía aprender a no tomarse los chistes de Gerard en serio.
—No te interesa. - Contestó de mal humor. El sueño que tenía no ayudaba mucho en su carácter.
—Vamos, ¿fueron más? Cuéntame, quiero detalles. - Gerard se burló de ella poniendo voz chillona.
—Con el único que me acosté fue con Alex. ¿Contento?
Hannah comenzó a recoger su mochila y sus útiles, y no le volvió a dirigir la palabra. ¿Gerard estaba contento? Para nada. Le sorprendió demasiado que Hannah sólo se haya acostado con un solo hombre. Parecía de las típicas zorras de la secundaria, pensaba que muchas habían estado en su cama. Pero la verdad es que nunca terminamos de conocer a las personas.
—Tengo sueño y no tengo ganas de pelear contigo. - Anunció Hannah saliendo por la puerta. - Te veo mañana.
Mientras se dirigía a su casa comenzó a pensar en todas las cosas que se enteró hoy. ¿Por qué lo buscaban todas las porristas? ¿Qué tenía de especial Gerard Way? Sea quien sea que lo viera, sólo sería un molesto adolescente. No tiene el gran cuerpo como Spencer, ni tiene un rostro de modelo como Alex, tampoco tiene el encanto de los deportistas. Y estaba completamente segura que no lo buscaban por el tamaño de... eso, porque no creía que se basara sólo en... eso. Así que ¿qué era lo que a las mujeres le atraía de Gerard Way? Lo que estaba segura era que a partir de ahora en más, lo vería con otros ojos.
***
El día siguiente fue distinto, por lo menos para ella. Quería comprobar su teoría antes de contarle a Brittany lo que le dijo Gerard el día anterior. Entre los recreos, sin hacerse ver caminó detrás de él en los pasillos y lo pudo comprobar con sus propios ojos.
Angelica Tedder le guiñó un ojo.
Sam Wells lo miró de arriba a abajo y luego le sonrió.
Kate Higgins se sonrojó.
Y así sucesivamente, con las 20 integrantes del equipo de porristas.
—Sé que me estás siguiendo. - Le dijo Gerard aminorando su marcha para así caminar junto a su vecina.
—Baja tu ego galán, no te estoy siguiendo a ti. Estaba haciendo un experimento.
—¿Se puede saber de que se trata? - Gerard arqueó una ceja.
—Estaba comprobando si lo que me dijiste era cierto o no, según de como reaccionaran las porristas cuando pasaran a tu lado.
—¿No confías en mí? Ouch. - Gerard fingió dolor, tomándose el pecho.
—Claro que no confío en ti. Creo que después de 14 años sabes que nunca confiaría en ti. Sólo me quería asegurar de que era verdad antes de esparcir el rumor. - Contestó Hannah sonriendo.
Gerard paró su marcha y su mueca juguetona que había portado anteriormente se convirtió en una gesto duro. Su boca formó una línea y su ceño se frunció.
—Oh no, eso no lo harás.
—¿Por qué? Dame una buena razón para que no lo haga. - Ella sólo sonreía con la típica sonrisa perfecta que sólo Hannah Iero podía mostrar.
—Mi trasero parecerá un cráter lunar de la cantidad de veces que los deportistas me lo patearán.
—Todavía no escucho la buena razón.
Gerard la observó y luego sonrió con esa sonrisa que Hannah odiaba tanto. Sus ojos se achicaban y su boca se inclinaba hacia la derecha y c
—Tengo algo que si sale a la luz podría arruinar tu vida académica.
—¿Qué?
Era costumbre para Hannah gritar un ¿QUÉ? En el medio de la escuela, pero esta vez se excedió. Todos los alumnos que estaban cerca de la fuente se dieron vuelta para observarlos con extrañeza. Era muy raro ver a Gerard y a Hannah sosteniendo una conversación. Gerard buscó en su celular y le mostró la imagen de Hannah en la que ella gemía y tenía la cabeza echada hacia atrás. Las demás las había borrado de su celular y esa era la única que había dejado por la simple razón de que ella se veía sexy. Hannah siseó y lo observó con los ojos bien abiertos.
—¿Sabes como le caería esta noticia al director Kane? ¿Dos de sus alumnos ejemplares teniendo sexo en el campus escolar? Podría incluir la expulsión de ambos y créeme, este – Gerard acercó la pantalla de su celular a la cara de Hannah. - no es el perfil de estudiante que Princeton busca.
Hannah lo miró con odio, le hubiera gustado borrarle esa estúpida sonrisa de la cara con un golpe, pero seguro que la detendría antes de que ni siquiera hubiera levantado el brazo. Observó el celular y luego a él; observó detrás de su hombro y encontró la fuente de la entrada al campus. Tomó el celular de Gerard y lo tiró allí.
—¿Qué haces? ¿¡Estás demente!? - Fue a buscar desesperado su celular, pero no había caso. Ya no funcionaba.
—Puedes decirle adiós a tus fotos. - Ella sonrió y se dio mediavuelta, pero se paró cuando sintió la voz de Gerard.
—Sabía que harías eso, así que hice unas copias de seguridad. Cuidado princesa, esas fotos pueden perjudicarte más que una F.
Gerard se alejó cuando el timbre de entrada a clases sonó y Hanah se quedó allí parada. El frío de febrero le colaba los huesos. ¿Y qué mejor manera de iniciarlo que con una guerra fría?

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