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Capítulo XVI.

Samantha Waldorf viernes, 20 de enero de 2012
возрождение
XVI


15 de Julio de 2008. 22:34 hs. Moscú, Rúsia.

Fuego recorría todo su cuerpo, como si por sus venas corriera alquitrán. Quería salir corriendo, quitarse ese dolor o hacer algo, pero su cuerpo estaba inmovilizado. La insoportable tortura lo desesperaba, necesitaba encontrar una manera de pararlo, pero cualquier intento sería en vano porque sentía que agarres imaginarios cubrían todo su cuerpo, imposibilitándolo a hacer cualquier mínimo movimiento.

Estaba consciente de todo a su alrededor. Podía percibir cada paso, respiración y latido del corazón de los vampiros que se encontraban en la habitación. De vez en cuando escuchaba la voz de Frank, Cheech, Anastasia o Nathaniel a su lado.

También podía ver sólo la parte interna de sus párpados y esto lo ayudaba a darle un mínimo sentido del tiempo. La luz se colaba por ellos, convirtiendo todo su campo de visión en un tono intermedio entre el naranja y el marrón que indicaba que el sol estaba en lo más alto. Durante la noche, todo se volvía negro. Este patrón de naranja/marrón – negro se repitió, por lo que pudo contar, cinco veces, así que ya llevaba unos cinco días encerrado en su cuerpo.

Hubo una sola vez donde una anormalidad sucedió y fue cuando, en medio de la oscuridad, su vista se volvió de un rojo intenso. Sus globos oculares comenzaron a arder como si le echaran jugo de limón en ellos. Gerard comenzó a contar en su mente para alejar sus pensamientos del dolor insistente y cuando llegó a 5764 el ardor paró. Agradeció que por lo menos fuera la única parte del cuerpo que no le quemaba.

Así que para mantenerse ocupado en otra cosa y no en el calvario que estaba viviendo, se concentró en las conversaciones de los demás. Escuchó a Anastasia hablarle explicando de que ese fuego que sentía correr por su cuerpo era sangre de vampiro que había reemplazado a la humana para hacerlo inmortal y casi indestructible. También le dijo que había estado inconsciente dos días mientras las células de su cerebro se regeneraban y que ahora sentía ese dolor porque los nervios receptaban cada sensación de manera mucho más vivida.

En conclusión: ya llevaba una semana sintiendo como llamas recorrían todo su cuerpo. Al final del séptimo día escuchó como Nathaniel y Frank hablaban a su lado.

—Me preocupa que tarde tanto. - En la voz de Frank podía escuchar inquietud. - Mi transición duró menos de 6 horas.
—Pero ten en cuenta que Gerard es un dvoryanstvo. - Explicó Nathaniel con voz calma. - Están destinados a ser vampiros perfectos genéticamente. La transición de Anastasia duró tres días. - Frank suspiró y luego rió débilmente.
—Tienes razón. Además, Gerard tenía mucha grasa para quemar.

Ambos hombres rieron y él no pudo evitar unírseles en su mente. Sus risas pararon abruptamente y sintió sus dos miradas clavadas en él.

—¿Gerard sonrió? - Preguntó Frank.
—Si. Debe estar llegando al fin de su transición. - Contestó Nathaniel. - Mira, ha cambiado mucho físicamente.

Como si su cuerpo siguiera sus comandos, el calor comenzó a desaparecer lentamente, empezando por sus dedos, extremidades y cabeza. Pudo mover los dedos a medida que el fuego era absorbido por su pecho. Finalmente, dio un respiro de alivio y se sintió débil cuando el suplicio terminó.

De repente, lo único que escuchaba era el incesante y rápido latido de su nuevo corazón. Se concentró en el exterior, donde varios corazones latían con la misma intensidad que la de él. No pudo precisar cuantos era pero estaba seguro de que ahora no eran sólo Nathaniel y Frank.

—¿Gerard? - La voz dulce de Anastasia interrumpió el silencio. - ¿Puedes abrir los ojos?

La definición y claridad con la que escuchó su voz le sorprendió. Repentinamente, sintió como si hubiera vivido toda su vida en los años 30, escuchando música en un tocadiscos. Su calidad era mala, casi rasposa, pero se podía entender perfectamente. Entonces, como si hubiera viajado en el tiempo, ahora escuchaba perfectamente una grabación digital. La voz de Anastasia parecía remasterizada.

También pudo escuchar pájaros que cantaban fuera del palacio, algunos pasos en la planta baja y la conversación de dos personas que hablaban sobre limpiar el baño principal. Lo gracioso de todo esto es que, todas esas conclusiones, las sacó en menos de un segundo.

Abrió los ojos y se maravilló con el nuevo mundo que se presentaba frente a él. Todo era tan perfecto. Las texturas bien definidas, los colores demasiados brillantes y los bordes bien claros. Se sentía como un ciego que volvía a ver.

De un salto se incorporó y pensó que, luego de haber estado postrado por casi una semana, su cuerpo le dolería o se marearía al pararse tan rápidamente. Pero nada de eso sucedió. Sus pies se pararon sobre el suelo con demasiada precisión. Dirigió su mirada al frente, donde Anastasia, Frank, Nathaniel, Cheech, Erminie y Edmond lo observaban con atención.

—Wow. - Fue lo único que pudo pronunciar antes de reír.

Se sentía lleno de vida y extasiado. Podría correr sin parar durante horas, e incluso nadar todo el río Mississipi – si aún se encontraran en América – Pero al mismo tiempo, observaba con asombro como su campo de visión era mucho más nítido y parpadeaba sin descanso tratando de capturar en su mente cada detalle. Se le hizo algo incómodo respirar sin la necesidad de oxígeno, así que dejó de hacerlo. Volvió a observar al frente y vio que Frank ahogaba una risita, mientras que los demás lo contemplaban absortos.

—Creo que lo mejor va a ser comenzar a entrenar a este joven. - Dijo Edmond luego de unos segundos. - Parece un ciervo cegado por los focos.

Y luego todos estallaron en risas.



***



Gerard caminaba detrás de Frank, quien lo guiaba por los pasillos hasta su habitación. El palacio era tan enorme que se había olvidado como era el camino hasta su cuarto. Había pasado el resto de la noche siguiendo consejos de Edmond y Erminie para volver a re-insertarse en la sociedad humana. Uno de ellos era que no debía realizar acciones corporales (como respirar o parpadear) demasiado rápido ya que la velociodad con la que trabaja la mente de un vampiro no se compara a la lentitud de la de un humano.

Además, debía aprender a controlar su nuevo cuerpo. Le costaba manejar sus propias extremidades, no tenía control sobre ellas. Así que en esos momentos se encontraba tratando de ralentizar sus pasos y caminar como un humano normal lo haría. No había ninguno cerca, pero no le vendría mal practicar.

—No trates de forzar los movimientos Gee, date tiempo. - Le dijo Frank abriendo una de las puertas y entrando a la habitación. - A mi también me costó acostumbrarme a volver a comportarme como un humano común. Creo que estuve cerca de una semana tratando de controlar mis parpadeos.
—Es extraño. - Contestó Gerard siguiendo a Frank. - Siento que no puedo manejar mi propio cuerpo, es como si alguien lo moviera por mí.
—Repito, es normal. Cuando te veas al espejo te sentirás aún más extraño.

Gerard lo examinó con el ceño fruncido. Luego, las palabras anteriores de Nathaniel volvieron a su mente: “Mira, ha cambiado mucho físicamente.” ¿Cómo luciría ahora? ¿Sería una masa de músculos o seguiría teniendo ese aspecto de debilucho? ¿Su rostro habría cambiado mucho? Frank observó la expresión de desconcierto y confusión pintada en su rostro. Le hizo señas para que lo siguiera hasta el baño, donde había un espejo de cuerpo completo.

Mierda.

Su contextura física había cambiado ligeramente. Observó con detenimiento sus brazos que ahora, estaban delineados por sus fuertes músculos. Se levantó un poco la camiseta para notar como se notaba el hueso de su cadera y como unos fornidos abdominales se asomaban. No debió quitársela completamente para advertir que sus pectorales habían sacado provecho de la transición. Sonrió levemente, admirando lo que un poco de sangre de vampiro podía hacer por su físico. Pero ¡vamos! Toda su vida había deseado tener una apariencia digna de un actor de hollywood y ahora que su deseo se hacía realidad... debía estar contento.

Pero toda satisfacción que sintió fue abolida en el instante en el que su mirada se dirigió a su rostro. Su fisonomía no tuvo una reacción placentera en él. Su rostro mantenía una mueca dura y facciones mucho más cuadradas. Tocó su quijada que ahora lucía más prominente. Su cuello se advertía demasiado fuerte y con cuidado tocó unas pequeñas marcas en su cuello.

—Allí tuve que morderte. - Contestó Frank a su pregunta no hecha. - Perdiste demasiada sangre y era la única manera que mi mordida fuera más efectiva.

Gerard no contestó y se ocupó de inspeccionar al hombre en el reflejo. Sus ojos rojos lo observaban con una mirada distante. Luego de unos segundos, una ola de agobio lo golpeó cuando vio cada una de sus premoniciones hacerse realidad.

El hombre que lo observaba con atención era el mismo que había visto en su reflejo en el arrollo, cuando perdió la conciencia luego del accidente con Lindsey.

El mismo hombre que se había burlado de él en el baño, el mismo día de su intento de suicidio. ¿Quién se hubiera imaginado que se convertiría en él? Observó por última vez a ese perfecto y aterrador ser que lo observaba del otro lado del vidrio antes de alejarse para sentarse en la cama, colocando sus codos sobre sus muslos.

Le daba miedo su rostro, terror por lo espeluznante e irreal que lucía. Frank lo siguió y se sentó en una silla que estaba frente a la cama.

Conocía de sobremanera la mirada vacía que ahora se presentaba en los ojos de Gerard: su odio por si mismo hacía que sus orbes verdes se oscurecieran. Gerard, antes de la muerte de Lindsey, fue un tipo que reía por cualquier idiotez y era el alma de la fiesta en cualquier reunión. Parecía que la felicidad irradiaba por cada poro de su cuerpo, pero Frank conocía a Gerard mucho más de lo que él mismo se conocía.

Lindsey le hacía bien, podía ver como su felicidad era verdadera. Pero había momentos, unos pocos segundos, donde su rostro mostraba que estaba peleando contra algunos demonios internos que él no sería capaz de entender. Lo aterraban, lo tentaban para sumirse en la oscuridad y no le ofrecían escapatoria. La muerte de Lindsey... fue una señal que Gerard tomó para dejar de luchar contra esos demonios y les tomó la mano para encerrarse en las tinieblas y no poder escapar.

Sólo deseaba, que teniendo una misión tan importante como era esa, Gerard pueda luchar contra sus propios fantasmas y así poder enfrentarse al peligro que el mundo de las tinieblas tenía preparado para él.

—¿Qué sucedió con la mujer a la que maté Frank? - Pronunció luego de unos minutos en silencio.
—Le dimos el velatorio que se merece.

Gerard asintió y dirigió su mirada al suelo. Frank suspiró y se sentó a su lado, pensando cuidadosamente las palabras que diría a continuación.

—Esto es lo que somos Gerard. Somos asesinos por naturaleza, predadores. Somos la pesadilla de muchos niños y la adoración de muchos adolescentes. No podemos evitarlo, necesitamos la sangre, necesitamos matar. Sé que lo que voy a decir no suena muy esperanzador pero... te acostumbrarás. Luego de unos años ya no importarán la cantidad de vidas que quedaron en tus manos. La culpa deja de existir y terminamos moviéndonos por nuestros impulsos.
—¿No era que proteger la vida humana era su principal objetivo? - Lo desafió Gerard.
—Si, pero no podemos escapar de quien somos. Llevamos una maldición encima nuestro Gerard, y creo que un par de vidas inservibles no afectarán nuestro plan de salvar los miles de millones. No estamos jugando a ser Dios, o el Destino. - Pronunció Frank antes de levantarse y dirigirse a la puerta. - Y por si te sirve de consuelo, la mujer que mataste, había asesinado a su hijo.

Frank observó el rostro de Gerard nuevamente antes de salir por la puerta. Su semblante mostraba cierto alivio, pero otra vez, algo lo estaba martirizando por dentro. Se alejó de la puerta y se sentó en la silla donde había estado antes. Haría esa pregunta que había salido de su boca miles de veces, una vez más, pero esta vez no se daría por vencido con un simple “Si” - ya que sabía que esa sería su contestación -. Esta vez, no dejaría a su amigo en ese estado.

—¿Estás bien?
—Si. - Frank rodó los ojos.
—No te creo.

Levantó su vista y se encontró con los orbes avellana de su amigo estudiándolo cuidadosamente. Gerard suspiró, como si tuviera un debate interno sobre si hablar o no. Frank decidió empujarlo un poco más.

—Quieres hablar... ya sabes... de esa noche? - Murmuró. Gerard miró hacia otro lado incapaz de enfrentar a su amigo
—Esa noche aspiré “polvo de ángel”. - Frank se quedó observándolo incapaz de decir algo.
—Gerard, sabes que el “polvo de ángel” es una droga peligrosa. ¿Por qué lo hiciste?
—Supongo que estuve juntando muchas cosas. Demasiadas... que tú no sabes. - Suspiró nuevamente, como si cada palabra que salía de su boca fuera un peso que se quitaba de encima - Hace casi dos meses conocí a... alguien. Bailaba en un pub que me habían recomendado, y no lo sé, no sé como explicarlo Frankie. La deseé desde el primer momento que la vi, era la perfección en persona. Sabía que había perdido la cabeza pero debía conocerla a cualquier coste. Le pagué $20.000 para que se acueste conmigo durante un mes.

Observó la mirada de Frank, sólo para saber si lo estaba juzgando o no. En sus sinceros ojos vio atención y agradeció tener un amigo como él.

—Al principio era sólo sexo, el deseo y la lujuria que me hacía sentir ella era impresionante. Pero luego... las cosas cambiaron. Me hacía olvidar de Lindsey, de mis problemas con las drogas, de mi depresión y comencé a hacerme adicto a ella. No sé si me enamoré o no, pero no podía estar un día sin besarla y tenerla conmigo. Pero ella sólo quería mi dinero Frank, y no podía arriesgarme a sufrir nuevamente. El día que “terminamos” tuve un ataque de rabia y casi la golpeo ¡casi la golpeo! No podía soportarlo más, odiaba todo, me odiaba a mí, odiaba a la vida, entonces aspiré “Polvo de Ángel”.
—Y eso te llevó a tratar de suicidarte... ¿no?

Gerard asintió incapaz de decir una palabra, Frank tampoco lo hizo. No se hubiera imaginado que su amigo llegaría a un punto en el que su vida pendiera de un hilo. Se levantó y antes de cruzar la puerta dijo:

—Las casualidades no existen Gerard, por algo eres un Romanov, por algo te salvé esa noche en el baño. Tienes miles de años por delante. Tal vez el destino te está dando una nueva oportunidad.

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